Las venas de mi cabeza van a estallar. Aprieto con todas mis fuerzas para que no me abran la boca y me hagan tragar ese tarro de veneno. La quijada me duele, los dientes me chillan. Me golpean la cara, me halan los brazos, me arañan las manos, pero yo no abro la boca. Los huesos no me dan más, ellos lo notan. Siguen golpeándome, el dolor es mucho... no aguanto. Me sujetan las manos, me las abren como a Cristo, a lado y lado de mi cuerpo; me cogen fuerte la cabeza, me abren la boca y me hacen tragar todo lo que había en el tarro. Me dan un golpe y pierdo la conciencia
Ahora recuerdo, anoche tenía mucha hambre, o creía que era así, no sé. El estómago me sonaba, eran gruñidos y sentía arrugones en las tripas, no estoy seguro si era por el hambre o porque estaba indigestado. No recordaba hace cuanto había comido, tenía una extraña sensación de que había sido hace poco y mi estómago estaba muy hinchado, pero mi cabeza me susurraba que estaba muriendo de hambre. Me sentía confundido, como todos los días.
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Caminé a hurtadillas hacia la cocina para buscar comida, cualquier cosa que pudiera calmarme la puñalada de hambre en el estómago. Lola le había puesto candado a la nevera. Era una miserable, reclamaba mi pensión y me negaba cualquier bocado. Busqué en la alacena, en el mesón, no dejó nada.
Tengo todas las piernas ylas manos untadas de mierda, me toco y me toco y sólo encuentro mierda. Sechorrea por mis piernas y ahora por mis manos. El olor es espantoso, huele acaño, a calle sucia. No veo quién me tiene amarrado, quién me hace esto. Mipoca ropa está mojada, no tengo ni siquiera una camiseta, mis pies estándescalzos y no para de llover. Hace mucho frío. Mi estómago me duele,creo que es culpa de los golpes; me arde, siento que se me desgarra, que algolo quema y lo rompe. No puedo gritar, la fuerza ya no me alcanza, sólo abro miboca y balbuceo un poco. Se me va todo... pero no voy a decir nada, no voy a serun sapo.
Esa noche estaba sucio, barbado, descalzo y tenía un montón de trapos encima, parecía Jesús en las peores fachas. Me sentí un desgraciado, un don nadie y menos que eso. Me puse una camiseta encima de todos los trapos que tenía, para tratar de tapar mi humillación, y caminé hasta la pieza de Lola, ella siempre dejaba la puerta abierta. Estaba dormida, profunda y yo sólo podía pensar en lo miserable que era por mi culpa. Por un momento recordaba todo lo que pasaba. Lola es mi hija y me ha cuidado durante todos los años en los que me he vuelto este animal que soy. Me obliga a bañarme, me trasquila el pelo, porque no tiene la menor idea de cómo hacer un corte de cabello; me rasura la cara, me cambia la ropa, me sirve café caliente todas las mañanas y me pasa la parte del periódico que tiene los crucigramas. Ella ha lidiado conmigo, ahora trabaja menos para poder cuidarme y sobrevive con mi pensión, porque yo no soy capaz de lidiar ni conmigo mismo. Soy un maldito esmirriado.
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Me fui para la pieza, caminé por el corredor: era largo y angosto. Recuerdo que, al salir de la sala, al lado derecho del comedor estaba la cocina y al lado izquierdo el primero patio, lleno de matas y algunas materas rotas que nadie había sacado a la basura. Después seguía el baño y después una pieza y otro patio. Caminé por el corredor, observando y recordando. Cuando pasé por la pieza, la que quedaba en frente del segundo patio, aún lúcido, recordé que esa era la pieza de Lola cuando aún estaba pequeña. La que era mi pieza estaba al lado, justo al frente de una pieza diminuta, tenía el techo roto, y por ahí bajaba la lluvia a chorros, justo al lado de donde siempre había estado mi cama. Mi pieza era como yo, un montón de ruinas. La pieza pequeña que estaba al frente, es mi pieza ahora y, además de la cama, tiene un plafoncito que se conecta al enchufe para prender el bombillo.
Me siento cansado, no me cabe un golpe más en el cuerpo. Estoy tirado y no hay nadie cerca. Me levanto con la poca fuerza que me queda y salgo de donde me tienen. Camino casi arrastrándome, con el estómago todo desgarrado. Llueve. Me tiro en el piso, justo debajo de la lluvia. Estoy tranquilo. Dejo que el agua corra por mi cara y me limpie el dolor y las penas. Estoy temblando, hace mucho frío, y a penas logro mantener el calor de mi cuerpo. Alguien viene. No logro correr y otra vez me agarran. Alguien me arrastra nuevamente a ese lugar donde me torturaron 1.
1. La noche del 14 de septiembre de 2012, Lola encontró a Vidal acostado sobre el tablado de una cama vieja sin colchón. Estaba en la pieza que tenía el techo roto, llovía y él estaba mojado y con hipotermia. Ella lo llevó nuevamente a su pieza, lo cambió y le puso sábanas para que recuperara el calor corporal. Vidal estuvo toda la noche y todo el día fuera de sí. La noche siguiente, siendo la 1:15 a.m. Lola encontró a Vidal muerto. En el piso de la habitación, debajo de la cama, había una botella vacía de un detergente para quitar la grasa (Mr. Músculo). El dictamen pos mortem indica que la muerte fue causada por una laceración severa del estómago y los intestinos, que produjo una hemorragia y posteriormente un paro cardíaco.