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Era la chica perfecta, linda, inteligente, amable, responsable e inocente, aunque suena estúpido que yo lo diga. Así era para mi familia, quienes no dudaban en creer las palabras que salían de mi boca como ciertas. Una chica con un libro pegado a su mano, una nerd o cerebrito como decidan llamarme, con las mejores calificaciones aunque realmente no estudiaba todo el tiempo, solo cuando los exámenes se acercaban, específicamente uno o dos días antes, si, está mal, pero a mi siempre me funcionó. Tenía una vida llena de oportunidades, algunos dirían que lo tengo todo y que no tendría que preocuparme de nada, pero sabemos que la mayoría es inconciente de su propia felicidad y yo no era la excepción, o puede que en realidad tuviera una vida miserable. Para otros los cortos dieciocho años que había vivido eran un sueño, sin preocupaciones y con todo a disposición, pero que sabrán ellos de mí, de mis secretos y mi vida.

Todo era una mentira. La máscara que portaba mi sonrisa junto con mi falsa personalidad era arrancada por una sola persona. Él era quién sabía sobre mí, me conocía mejor que yo misma. Alguien similar a mí, con la pequeña diferencia de que no disfrazaba todos sus movimientos de la manera tan descarada en que yo lo hacía.

•••

- Puedes dejar de acosarme. Eres una molestia.

- Sabes lo que quiero, será rápido.

- Eso dices siempre y te estás dos y tres horas invadiendo mi espacio personal.

Maldijo algo que no llegué a escuchar, sabía que mi presencia le causaba malestar, constantemente lo decía, no querían que lo vieran con la "niña buena y mimada", que eso dañaría su reputación, además, me apasionaba molestarlo.

Sacó de uno de los bolsillo delanteros de su chaqueta de cuero las llaves de la casa, que se negaban a entrar fácilmente por la cerradura de la puerta. Levanté mi trasero del escalón más bajo de la entrada, «en el que me sentaba prácticamente a diario a esperarle» mientras sacudía la saya negra de mi uniforme.

Seguí sus pasos al interior de la casa, era como una cueva oscura y desordenada. Nuevamente volvía a ver ante mis ojos la pared descolorida colmada de pósters de todo tipo, las demás se veían normal, digo, no tenían tal cantidad de dibujos abstractos decorándolas. Era una casa ubicada a las afueras de la ciudad, en uno de los barrios menos concurridos y pobres, como en las películas de terroristas y traficantes de droga. Si la droga era cara y te salían con millones de dólares bajo el colchón, ¿por qué siempre vivían en lugares como este? Tratando que los pensamientos estúpidos no volvieran a entretenerme seguí caminando en su dirección.

Pateaba la basura del piso que se interponía en su camino, las cuales eran la evidencia de las alocadas fiestas que tenían lugar en esta pocilga. No me sorprendería encontrar a alguien durmiendo bajo un bulto de basura, mesa o incluso bajo el sofá. Luego de las escaleras, estaba su cuarto, igual de desordenado pero más acogedor, era diferente al resto de la casa, con un ambiente más calmado.

- Toma, y vete de una vez. No se como pagarás esto pero más te vale que sea pronto. - lanzó hacia mí las bolsitas transparentes que contenían en su interior el polvo blanco aspirado por mí ya en otras ocasiones, era mejor aspirarlo, las agujas me daban miedo.

- ¿Tengo que irme ya? ¿No podemos jugar un poquito?

Las sábanas desordenadas sobre la cama y el insoportable olor a perfume barato de mujer hablaban por si solos. No se si fueron mis celos y egoísmo o si solamente quería jugar un rato. Dejé caer las bolsitas en el suelo acercándome a él para tirar del cuello de su chaqueta, acercando su rostro al mío uniendo bruscamente nuestros labios en un beso desesperado que no tardó en ser correspondido. El movimiento de nuestras lenguas se aceleraba conforme el aire comenzaba a escasear. Ninguno de los dos quería separarse del otro por lo que el instante para tomar aire era casi inexistente. Sus manos recorrieron la parte trasera de mis muslos hasta colarse por debajo de la falda y manosear mi trasero.

Inconscientemente retrocedí siendo guiada por él, chocando con el escritorio en el que me recargó, terminando sentada sobre este con las piernas abiertas, entrelazadas sobre sus caderas. Hundió sus dedos en mis cabellos, jalando suavemente de estos y apartándolos de mi cuello donde dejó un camino de besos húmedos y lamidas que erizaron toda mi piel, causando escalofríos y provocando leves gemidos de mi parte cada que mordía la piel expuesta sobre mi clavícula.

Comenzaba a sofocarme más de la cuenta, las pequeñas gotas de sudor reciente indicaban el vapor que mi cuerpo desprendía. Me había concentrado tanto en sentir sus caricias que no noté el momento en que apartó la chaqueta que llevaba para mantener el calor en los días fríos de finales de noviembre. Tampoco me había percatado del momento en que desabotonó cada uno de los botones de la blusa escolar, teniendo a su merced mis pechos aún cubiertos por el sostén rosa pálido el cual estaba a punto de quitar cuando lo aparté de un empujón.

Su cara mostraba confusión y molestia, tal vez no fuera la chica demasiado dotada por todos lados que él soñaba con tirarse pero había logrado más de lo que pensé. Podía notar por encima de su pantalón la gran erección que le había provocado y con la que se quedaría porque no pensaba satisfacer sus ganas de follar.

Bajé del escritorio dando un pequeño salto hasta el suelo mientras abotonaba mi camisa. Recogí todas mis cosas y terminé de arreglar mis ropas bajo su atenta mirada.

- Nos vemos mañana, daddy.

- Eres una puta molestia. No quiero verte más en mi vida.

- Eso es imposible. ¿Te molestaste porque te dejé con las ganas? - dije con ironía y burla.

- No te preocupes, tengo mejores planes que tú para arreglar este tipo de problemas.









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