Cuánto tiempo sin verte, Romeo.

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La misión era sencilla, adentrarse en la casa de Romeo, conseguir dinero, movilidad y salir de ahí sin armar ningún tipo de escándalo ni alertar a la policía. Sencillo.

Continuaría siendo sencillo sí alguien no se opusiera al hecho de que Jolyne debía entrar sola a la mansión de su ex.

- Está bien – había aprobado Jolyne. – Podrás acompañarme, pero debes cumplir dos condiciones. La primera, nadie debe verte, esperarás paciente alguna señal en caso de necesitar ayuda. Y segunda, no sé qué clase de cosas dirá Romeo; así que debes controlarte. ¿Entendido?

- De acuerdo, no ser visto y controlar mi ira. Perfecto – enumeró Anasui.

No es que a Jolyne le molestara que vieran a Anasui, todo lo contrario; lo que realmente le preocupaba era la reacción de éste ante cualquier provocación de Romeo, y no permitiría que Anasui se ensuciara las manos por alguien tan bajo.

- ¿Qué tipo de coche estás conduciendo ahora? ¿Esto es un Ferrari? ¿No es este el mismo coche que conducías en ese entonces, verdad Romeo? – señalando uno de los cuadros de la pared.

- ¡Jolyne! Eres... Eres tú... - comentó un asustado Romeo. - ¿Cómo saliste?

- Déjame decirte esto Romeo, no te acerques a ese teléfono; de hecho a cualquier teléfono... ¿Está bien?

- Jolyne, ¡nunca haría algo como eso! – replicó tembloroso – No me preocupa el cómo has salido de Green Dolphin. ¡Cada día desde entonces, he estado lamentando mis acciones! ¡No puedo olvidar los pecados que he cometido contra ti! Me di cuenta de esto después de perderte. He estado reflexionando sobre cómo podría arrepentirme de mis pecados...

- Shhh, no tienes porque decir nada Romeo... - lo calló, colocando cuidadosamente dos dedos sobre sus labios.

- ¡Eres única para mí en el mundo entero! Finalmente me di cuenta de cuánto te amé, de que no podría hacer nada sin ti.

Jolyne podía escuchar las pisadas energéticas de Anasui detrás de la pared, al parecer no soportaría mucho tiempo más.

- Romeo. Pobre, pobre Romeo... - dijo con tranquilidad – Sabes, ya no me importa lo que hiciste. Y con respecto a la huida de la escena del crimen, no te odio. Ese chico que atropellaste fue arrojado delante de tu coche en un complot contra mí. – agregó.

- Seré breve. – anunció – La razón por la que he venido aquí, es para pedirte un favor. Necesito dinero y un coche. Hay un lugar al que necesito llegar urgente, pero la policía y el FBI están en mi camino.

- De acuerdo, te los daré. – accedió Romeo – Pero ahora mismo sólo tengo mil dólares conmigo, y estas llaves...

- Es suficiente, gracias Romeo, - dijo tomando el dinero y las llaves – Pero si viene la policía, debes prometerme que no dirás nada.

Estaba retirándose del cuarto cuando algo la detuvo por detrás.

Espera Jolyne. – exclamó – Tengo la intención de confesarme culpable por todo lo que he hecho, y demostrar que tú eres inocente... Así que, por favor vuelve conmigo. ¡Para poder estar juntos como antes!

Cuando Jolyne giró para dar una respuesta a tan terrible y desesperada propuesta, algo tiró de ella hacia la dirección opuesta de Romeo; y eso sólo podía significar una cosa.

- CON QUÉ DERECHO LE PIDES QUE VUELVA A TI, DESPUÉS DE HABERLA TRAICIONADO – gritó Anasui, completamente fuera sí, y acercándose peligrosamente a Romeo – TÚ FUISTE EL ÚNICO RESPONSABLE DE TODO ESTO DESDE EL PRINCIPIO – dijo alzando su puño.

- ¡Anasui, PARA! – grito desesperada Jolyne – Prometiste que te controlarías y quedarías fuera de esto.

Romeo no tenía idea de dónde había salido este tipo, pero era consciente de que él tenía un punto y realmente merecía ese golpe. Así que sólo entrecerró sus ojos esperando su destino, y un golpe que nunca llegó. Cuando volvió a abrirlos unos segundos después, vio la mano suspendida de Anasui a unos centímetros de su cara, alguien o algo estaba deteniéndolo.

Jolyne estaba junto a Anasui, retirando la mano que intentaba golpear a Romeo.

- Basta Anasui – pidió - ¿Crees que quiero que te ensucies por alguien que realmente no vale la pena? – preguntó – Déjalo, ya conseguimos lo que necesitábamos. Nos vamos.

Anasui temblando de rabia en su lugar cuestionó - ¿Cómo puedes perdonarlo así sin más?

Jolyne se volvió hacia él, dedicándole una de esas miradas que tanto agitaban y derretían el corazón de Anasui. – Tengo cosas más importantes que proteger ahora – admitió, ubicando su mano a altura del corazón de Anasui.

Toda ira o rastro de ella, pareció de repente evaporarse del cuerpo de Anasui.

Ya no tenían nada que hacer allí.

Una vez fuera de la mansión y en compañía de los demás, fueron capaces de escuchar gracias a la lengua duplicada por las pegatinas de Ermes, cómo Romeo llamaba a la policía ofreciéndoles información falsa sobre el paradero de Jolyne, demostrando que él cumplió con su promesa y haciéndoles ganar un poco de tiempo en el proceso.

- No te traicionó, después de todo. No lo esperaba, pero podría ser un buen tipo. – opinó Ermes inocente, sin saber que sus palabras generarían un gran malestar en Anasui.

- ¡Por aquí chicos, miren! – exclamó Emporio emocionado - ¡Es fantástico! No solo nos dio las llaves de un coche, sino también las de un helicóptero.

Todos fueron a inspeccionar su nuevo medio de transporte. Excepto una persona que nunca se movió de su lugar. Jolyne se percató de ello.

- ¿Qué te sucede, Anasui? – preguntó

- Ahora que sabes, que él no es realmente una mala persona. ¿Considerarías aceptar su oferta cuando todo esto termine? – preguntó un Anasui totalmente indefenso ante los ojos curiosos de Jolyne.

La pregunta tomó a Jolyne completamente desprevenida, por lo que su única reacción fue reír considerablemente ante la demostración de celos más pura e inocente que había escuchado en su vida.

- ¿Por qué te ríes? – preguntó un confuso Anasui.

- Ya te lo había antes – dijo acercándose a él – Tengo algo más importante que proteger ahora. – repitió, esta vez tomando y delineando entre sus manos el rostro de Anasui.

Lentamente y sin dejar de observar sus ojos, depositó un dulce y cálido beso en sus labios. Con el único objetivo de eliminar las inseguridades injustamente colocadas en el corazón de Anasui.

Jolyne se alejó un poco y con una sonrisa lo invitó a seguirla, para unirse a los demás.

Anasui lo comprendió entonces, y se prometió a sí mismo que sin importar lo que pasara en el futuro, seguiría a Jolyne donde quiera que fuera. No se rendiría hasta que ella fuera su esposa.

FIN

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