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Todoroki Shoto iba de un lado a otro mientras tenía su mano en su mentón, tenía el ceño fruncido y sus pisadas resonaban en todo el salón

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Todoroki Shoto iba de un lado a otro mientras tenía su mano en su mentón, tenía el ceño fruncido y sus pisadas resonaban en todo el salón. Su mascota -Una cruza entre loro y cuervo, que extraño, ¿No?- reposaba tranquilamente en lo alto de un pilar que se encontraba ahí. Sus ojos bicolores analizaban todo su alrededor. La información que había obtenido hacia poco le serviría de mucho.

-¿En qué tanto piensas? Has estado con una cara larga todo el día.- Le dijo su mascota descendiendo hasta posarse en el hombro del humano.

Este Chasqueó la lengua y frunció más el ceño.

-La cueva de las maravillas existe, mi querido amigo, Sero.- Dijo. Su voz, grave, firme e imponente hizo eco. Camino agraciado hacia la ventana más cercana, observando la bella noche que había.

-¿Eso es bueno, no? ¿De qué tanto te preocupas, entonces?- Cuestionó el animal agitando un poco sus alas.

-Oh, mi querido pajarraco inútil, a veces me pregunto por qué es que te tengo junto a mí todavía.- Dijo con sequedad. Sero emitió un chillido y se apartó de su dueño.- Creo que le servirías más de juguete a esa tigresa que a mí.

-Oh, vamos gran Todoroki.- Dijo.- ¿Qué es lo que quiere de ese lugar?

-En ese lugar hay un artefacto.- Explicó.- De gran poder, algo que ni todo el oro del mundo puede comprar. - Sus ojos viajaron del gran jardín que se dislumbraba desde su posición, hasta el balcón que se miraba a lo lejos y que era iluminado por la luz que se emitía desde el interior de la habitación.- Pero yo no puedo entrar.

-¿Por qué?

-Solo alguien que no cae ante las tentaciones puede hacerlo, alguien fuerte de corazón.- Espetó. Recargó su peso en sus manos.- Y créeme, que ante la lujuria y el deseo yo ya caí.- Sus ojos profundos miraron el balcón con más interés y con ganas de que el dueño de aquella gran habitación saliera junto a su tigresa a contemplar la noche. - Es imposible que entre y que algo no me suceda.- Sabía que no saldría nadie esa noche, por lo que se apartó de la ventana y se adentró en aquel lugar.- Por eso alguien debe hacerlo por mí.

-¿Y quién podría hacerlo, mi señor?

-Eso me gustaría saber.

Suspiró con desdén. ¿Cómo encontraría a alguien fuerte de corazón pero que sea ingenuo para hacerle caso? Ciertamente en el palacio jamás lo haría, por lo que tendría que ser alguien del pueblo. Pero, ¿Cuándo? Maldita sea, anhelaba el poder, lo quería.

-Tengo entendido que ese artefacto cumple tres deseos.- Dijo. El animal le miró con curiosidad.

-¿Y cuáles son sus tres deseos?

-Gobernar Agrabah.- Respondió rápidamente.- Pero seamos honestos, eso puedo lograrlo sin la necesidad de desearlo.

-¿Ah, sí?

·H A B I B I· [Bakushima]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora