Capítulo 1: Luz y oscuridad

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La lluvia caía torrencialmente sobre la torre del reloj y los techos de la ciudad de Newston. Las nubes solo podían notarse cuando la luna proyectaba su luz sobre ellas contrarrestando su gris con el negro oscuro de la noche. Las manecillas parecían avanzar mucho más lento de lo normal para los ojos que observaban distraídos el reloj, situado prácticamente en el centro de la metrópolis. Sin embargo, a pesar de la vasta cantidad de luces y el distante sonido de una sirena policíaca, la ciudad se encontraba en un aterrador silencio.

Una mujer, que caminaba bajo el vendaval de agua, se cubrió la cara con su abrigo y apresuró el paso al sentir un escalofrío causado por la sensación de soledad; una sensación engañosa, puesto que no se encontraba sola. Alguien podía verla.

Ese alguien, se encontraba meditando en la punta de la torre del reloj, completamente despreocupado por la incesante lluvia que arrojaban los cielos.

Su cabello era de un negro intenso como aquella noche; sus ojos eran marrones y penetrantes como si pudiera ver a través del ser; su cuerpo era delgado, ágil y letal como el de la máquina perfecta para acabar con una vida. Su nombre era Jagger Black. Pocas personas estaban enteradas de su existencia y muchas menos sabían de lo que era capaz.

Jagger poseía una mirada fuerte y severa, sus manos siempre estaban dentro de sus bolsillos para poder pasar inadvertido y sus labios llevaban tiempo sin sonreír.

El sujeto observaba a la chica que corría con dificultad, a causa de sus tacones, por la acera empapada. Tuvo un mal presentimiento y decidió que lo mejor sería seguirla.

De pronto, la chica desapareció de su campo visual, cruzando repentinamente hacia un callejón, situado entre las floristerías Mason&Mason y Trevor's, donde las luces tenían ya mucho tiempo que habían dejado de funcionar salvo por la leve iluminación de un farol que estaba justo en el medio.

Sin cambiar la expresión de su rostro, dio un paso al vacío y dejó su cuerpo descender treinta metros en caída libre hasta que sus pies golpearon con violencia el concreto mojado, que cedió y rompió por la fuerza del impacto. Sin darse cuenta de esto, Jagger empezó a caminar hacia el callejón donde la mujer había cruzado.

En el momento en que se situó al lado de Mason&Mason escuchó un jadeo irregular y una voz femenina. Se detuvo un momento para escuchar.

—¡Por favor, no me hagan daño! —exclamó la joven con desesperación y la voz quebrada a causa del esfuerzo por no estallar en llanto—. Por favor... —agregó sin fuerzas mientras unas risas sarcásticas y despiadadas la callaban.

—¿Qué vamos a hacer con ella? —preguntó una burlesca voz masculina.

—Hay que llevarla con nosotros —respondió otro asomando una tenebrosa sonrisa.

—Es bastante bonita —agregó una tercera voz con una emoción más peligrosa que la del anterior—. ¿Cuánto crees que nos paguen por ella?

La mujer cerró los ojos para rogar que todo fuera una pesadilla y, de repente, escuchó tres golpes fuertes. Abrió los ojos desmesuradamente y encontró a sus agresores clavados en la pared de enfrente dentro de un agujero que antes no estaba ahí, donde seguía flotando el polvo de los escombros que aún no habían sido borrados por la lluvia. Observó a sus costados buscando una explicación a lo que acababa de suceder, y alcanzó a ver la silueta de un hombre con las manos en los bolsillos dando vuelta al final del callejón. Volvió a observar el cuerpo de los tres hombres que habían sido usados como ariete y el miedo la dejó paralizada por unos segundos, hasta que pensó en el individuo que había visto y se preguntó si había tenido algo que ver.

La interrogante se mantuvo en su cabeza, pidiéndole levantarse, apresurar el paso hacia el final del callejón y dirigirse en la misma dirección que el hombre había tomado; sin embargo, se detuvo al contemplar la larga calle, completamente vacía.

Le pareció extraño que alguien caminara tan rápido, pero prefirió no indagar demasiado y regresar cuanto antes a su casa. Corrió durante dos cuadras más y no disminuyó la velocidad hasta que se encontró frente a una casa estrecha que tenía un jacarandá en el frente, y un cartel en la puerta de entrada que rezaba «Me alegra que vuelvas».

«Viva» agregó con ironía para sí misma al leer el cartel.

Abrió la puerta y la cerró rápidamente detrás de sí. Se quedó un momento recostada en el umbral y suspiró a causa del abatimiento producido por tantas emociones repentinas y variadas. Se quitó el abrigo, lo abalanzó sobre el sofá de color café y encendió todas las luces que pudo antes de subir al segundo piso donde solo se encontraba una puerta al final de las escaleras, que conducía a su habitación. Prendió la lámpara del cuarto y de la mesita de noche antes de cerrar la puerta con seguro y apresurarse a entrar al baño. Abrió la llave del agua caliente y, mientras terminaba de quitarse la blusa, se metió en la ducha permitiendo que la temperatura de su cuerpo aumentara mientras las gotas de agua se deslizaban por su piel. Cuando cerró la llave, las imágenes de lo sucedido esa noche asaltaron su cerebro haciendo que el cansancio y la confusión se apoderaran de ella.

Le costaba estructurar sus ideas y había algunas cosas en su cabeza que no tenían sentido. Había estado tan asustada que incluso pensó que los hombres que la atacaron tenían ojos rojos que brillaban en la oscuridad.

—¿En serio fue real? —se preguntó mientras oprimía su frente con la mano por el dolor de cabeza que la atacó y asumía que era la primera vez que escuchaba su propia voz desde que le había suplicado por su vida a aquellos criminales. Mientras más analizaba la situación, más fantástica le parecía, y no estaba segura si debía contársela a alguien.

Si ese hombre no hubiera aparecido... aunque no podía estar segura de que él la había salvado. Después de todo, era imposible que una persona poseyera esa fuerza. Quizás esa parte de la pared fuera mucho más débil que las otras y aquel individuo los hubiera estrellado por casualidad justo ahí. Sin embargo, eso no explicaba cómo desapareció tan rápido, sin tan siquiera asegurarse de que ella seguía bien...

Fugazmente, el sentimiento de gratitud se transformó en decepción. Tal vez, el hombre solo estaba saldando una deuda con esos vándalos; quizás, lo que sucedió no tenía nada que ver con ella.

Aun así, solo había mantenido los ojos cerrados por menos de diez segundos... ¿cómo es que pudo noquear a tres hombres de esa manera y caminar tan tranquilo una décima de segundo después?

Sin importar cómo lo viera, era muy extraño.

Salió del baño y se vistió distraídamente mientras pensaba en el misterioso salvador. Aunque no conocía los motivos por los que había sido rescatada, aquella persona la seguía intrigando por la forma en que caminaba, o en que flotaba sobre la acera, con las manos en los bolsillos y aquel paso despreocupado... recordaba a una persona que se encuentra en completa soledad y no le importa.

 recordaba a una persona que se encuentra en completa soledad y no le importa

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