∞ parte única. ∞

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JiMin caminaba a través de una calle que desconocía, no sabía cómo habia llegado hasta allí pero ahí estaba.

Caminando a través de la lluvia que lloraba a cántaros mientras sus audífonos reproducían una canción a la cual no estaba prestando atención pero la melodía empeoraba su estado emocional a tal punto de echarse a llorar como la misma lluvia que caía sobre su cabeza cubierta por su capucha.

Lo último que recordaba de ese día era haber recibido una extraña llamada que acabó rompiéndole el corazón y terminando por quebrar en miles de pedacitos lo último que quedaba de su alma. O tal vez ya estaba roto desde hacía tiempo. Pero nunca iba a reconocerlo.

Luego de aquella llamada simplemente tomó su teléfono y sus llaves. Azotó la puerta cuando salió de su desolado departamento y se dirigió hacia ninguna parte.

No quería estar ahí, de verdad deseaba desaparecer en ese momento. O al menos que el dolor en su pecho desapareciera sólo un momento para poder respirar. El sólo hecho de tomar aire le estaba reprimiendo el pecho. Su corazón se estrujaba por los sentimientos reprimidos que deseaban salir y gritarle al exterior cuánto dolía.

Dolía tanto que no supo en que momento se colocó los audífonos, la gorra de su chaqueta y se largó a un llanto tan desgarrador que sus tímpanos temblaron al igual que el cielo en aquél momento.

Después de todo, lo único que podía hacer era gritar su nombre pidiendo que regresara.

Lo necesitaba tanto a él. Estar con él.

¿Qué iba a hacer ahora?

Desde que él se había ido, ya no había otra persona que lograra hacerlo reír, ya no habían más abultadas mejillas o sonrisas brillantes. Ojeras adornaban su rostro pálido, ignorando el hecho de que no comía ni dormía bien desde hacía tanto tiempo que ya no recordaba lo que se sentía la felicidad por la comida o el simple dormir bien.

Apestaba, realmente apestaba.

Caminó hacia adelante de la calle desconocida, aún con las mejillas empapadas por sus lágrimas y la lluvia, con el cuerpo ligeramente encorvado tratando de protegerse del frío que azotaba su espalda.

Al menos había dejado de llover a cántaros.

A lo lejos resonó un trueno, se maldijo internamente. Pero aún así, nada lograba calmar su dolor.

Se rodeó con sus propios brazos, con la esperanza de volver a sentir el calorcito y lo reconfortante de unos brazos ajenos. Aquellos brazos que siempre estaban ahí para él, que lo consolaban cada vez que se sentía la peor escoria del mundo. Pero ya no existía ese sentimiento. Ese calor dejó de sentirlo hacía ya mucho tiempo, más de lo que puede reconocer, y dio paso a un estrecho dolor que retumbaba en su pecho.

Sus pulmones seguían tratando de respirar con normalidad, a la vez que su corazón trataba de devolver sus latidos normales.

Secó bruscamente sus mejillas, pasando ambas manos por ellas y golpeando accidentalmente sus ojos. Pero no le importó.

Todo eso ya no importaba cuando su dolor interior era más fuerte que cualquiera exterior.

Volvió su vista hacia arriba, notando donde sus pasos sin rumbo lo habían llevado sin querer. O tal vez no.

Tal vez quería estar ahí una última vez.

"Debes superarlo y dejarlo ir". Decían algunos de sus amigos y familiares. Él sólo sonreía con tristeza y se encogía de hombros, como tratando de decirles que ya no importaba. Ya no podía hacer nada.

Alone. |vmin| OSTahanan ng mga kuwento. Tumuklas ngayon