capítulo único

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Él lo ha conseguido. Es un dios de la fortuna. Lo ha conseguido, por fin, y yo me alegro. Por él, por Yukine.

Por eso, cuando me voy, no miro atrás.

Todos mis deseos han sido cumplidos.

———

Mi vida sigue. Sigue, y sigue, y sigue. Y yo nunca les olvido.

Las primaveras se suceden, y consigo construirle un templo con la ayuda de mi familia. Mi madre es perspicaz, y no pregunta.

Le rezo todos los días. Le pregunto cómo están todos, qué tal les va.

Y aunque nunca recibo una respuesta, sé que me oye. Sé que está conmigo.

Porque él lo prometió... que siempre estaríamos juntos.

Y no se admiten devoluciones.

———

Ya nunca me salgo de mi cuerpo. Y aunque fue extraño al principio y lo echo de menos, me conformo. Me acostumbro.

Al fin y al cabo, soy humana. No ayakashi.

La nieve vuelve a teñir de blanco la ciudad. Y recuerdo, recuerdo esa primera nevada de invierno. Y dónde estaba yo, y con quién.

Y recuerdo eso que parecía nieve.

Lo recuerdo.

Pero no lloro, sonrío. Mis lágrimas se secaron hace mucho tiempo.

———

El sol brilla detrás de la ventana. Mi hija, que me sostiene la mano, llora en silencio.

La llamé Kofuku, porque no pude evitar recordar lo mucho que ella y Daikoku deseaban un niño cuando la sostuve por primera vez en mis brazos.

Su hija mayor, Sakura, observa con melancolía un punto que queda por detrás de mi cabeza.

Mi marido no está, cruzó al otro lado hace algunos años. Lo quise, aunque no del mismo modo que a él. Nunca querré a nadie del mismo modo.

Ahora está aquí, lo noto. Su olor, mi olor favorito, llena mis fosas nasales. Mi hijo menor, Yukine, ha bajado a por un café.

Pensé en llamarle Yato, de veras, pero me pareció que sería extraño. Al fin y al cabo, ahora es una deidad muy reconocida.

¿He dicho ya lo bonito que es el brillo del sol? De pronto, es lo único que veo. Y es tan hermoso.

Kofuku ahoga un sollozo, y yo trato de sonreír. El monitor junto a mi cabeza deja de emitir sus regulares pitidos y pasa a llenar la habitación con un chillido estridente, que supera incluso al llanto de mi hija.

Por suerte, no es lo último que escucho antes de irme.

No, no es eso, sino su voz en mis oídos, rota pero cercana.

"Buen viaje" dice. Y esta vez, sí que sonrío.

Después, me voy.

goodbye↝❝YatoRi❞Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora