(Narrador omicente)
Tal vez ustedes lo recuerden, porque el caso fue famoso. En aquellos días la televisión no hacia mas que repetir una y otra vez la imagen de los chicos: dos figuras minúsculas paradas en la cornisa de un enorme edificio. Un diario tituló en su tapa "Romeo y Julieta viven en Seongbuk" y por aquí todos guardamos esa hoja como trofeo. Es que no sucede todos los días que el barrio de uno salga en primera plana. Después, como ocurre en todos, los medios se desentendieron del caso. Otros temas corrieron a Romeo y Julieta de los titulares y la gente terminó por olvidarlos.
Nosotros no, les aseguro. Aquí seguimos hablando de ellos durante muchísimo tiempo. Les digo más:aún hoy, si alguien viene con suficiente paciencia, puede conocer hasta los más pequeños detalles de ese romance increíble, que tuvo en vilo al país entero una noche de noviembre.
Para escuchar la historia bien contada conviene acercarse al almacén de Sehun y Suho a las tres o cuatro de la tarde, cuando todavía hay pocos clientes. No tengo duda de que Sehun es el mejor: no hay otra persona en el barrio que lo cuente con tanta pasión. Y ni siquiera es necesario insistirle. Alcanza con mencionar el tema para que el se acode en el mostrador, en ese espacio libre entre las latas de duraznos en oferta y el queso parmesano, y empieze. Primero siempre se aclara la garganta. Luego eleva los ojos, como mirando al techo o tal vez al cielo, y suelta un pesado suspiro.
-Esa -dice-,esa si es una historia. Y yo la conozco como nadie.
El relato lleva un buen tiempo: le han oído hablar del tema hasta tres horas seguidas, en una tarde de sábado lluviosa. Pero no sé si ustedes están interesados en la versión completa. Si aceptan perderse de los fabulosos detalles que atesora la memoria de Sehun, entonces puedo darles una síntesis de lo que ella cuenta.
Son jóvenes, apenas catorce o quince años. Dos muchachos encantadores: uno con pelo castaño un poco ondulado, los ojos de un azul grisáceo, la nariz fina, los labios carnosos. El otro tiene aún rasgos algo ,el pelo un poco largo, la mirada desafiante. Están enamorados. Pero no es uno de esos amores típicos de la adolescencia, que un día sí y otro no. Este es un amor apasionado, profundo. Sin embargo, un mundo los separa. Para empezar, la posición económica: uno de ellos (el de pelo ondulado) pertenece a una familia rica, que habita una de las mejores casas de la zona, una mansión de tres pisos y jardín. El otro en cambio, es pobre y vive junto a sus padres y sus tres hermanos en un pequeño departamento. Además, una antigua disputa divide a sus familias. Durante un tiempo, mantienen su amor en secreto. Pero entonces uno de los padres se entera. Ese día arde Troya: gritos, llantos, portazos. El padre no está dispuesto a que el niño de sus ojos siga adelante con esa relación. Se lo prohíbe. El discute, pero no consigue nada. Desolado, le comunica a su amado la notícia. Arde Troya otra vez: él no está dispuesto a aceptarlo. Le anuncia que va a enfrentar a su padre. El no tolera pensar en la pelea entre las dos personas que mas quiere y toma una decisión tremenda: esa misma noche va a subir a la terraza más alta de la zona y se va a lanzar al vacío. Le escribe a su amado una carta de despedida que empieza diciendo "cuando leas esto ya no voy a estar en este mundo" y la deja en el buzón de su casa, pensando que no la vería hasta el día siguiente. Pero el la recibe antes de lo pensado, esa misma noche. Desespera y, creyendo que su amado ya murió, decide quitarse la vida también. Va en busca del edificio más alto para tirarse. Y claro, el edificio resulta ser el mismo. Total que los dos se encuentran ahí arriba. Cuando el llega, su amado está parado en la cornisa. El camina lentamente por el mismo borde hasta que sus dedos se tocan. Y ahí están: las manos tomadas, la remera de uno (según Sehun hacia juego con sus ojos) se movia un poco con el viento, cuando alguien desde abajo los ve. Y ese alguien llama a la policía, que llama a los bomberos y pronto hay una multitud mirándolos y gritándoles que no lo hagan, que lo piensen mejor, que no vale la pena. Por supuesto llegan las cámaras de televisión,que transmiten en directo, y al rato todo el país está pendiente de esos chicos, de que no den un mal paso que convierta la escena es una verdadera tragedia. Entonces entre la multitud aparece uno de los padres, desesperado, y con un megáfono de esos que usan los bomberos le ruega a su hijo que desista. Le promete que va a aceptar a su novio, porque con tal de no perderla está dispuesto a todo. Entonces ellos permiten que los ayuden y, con pasos vacilantes y temblorosos, desandan el camino recorrido por la cornisa, mientras allá abajo todos contienen el aliento. El final es felíz: llegan sanos y salvos, se abrazan, todo el mundo festeja, y la familia llora de puro alivio.
Ahí termina el relato.
-Pero cómo? Y después que pasa?
Eso es lo que todos preguntan. Si ahora están de novios, si se van a casar. Están también los que quieren saber los nombres verdaderos de Romeo y Julieta. Y los que preguntan sus direcciones: estos son casi siempre los periodistas, que tras esa noche invadieron el barrio en busca de los detalles desconocidos de la historia. Y no solo los de Corea: hasta llegaron reportaron de China e incluso un equipo de la televisión japonesa... Pero Sehun no suelta prenda.
-Eso- suele decir - ya es privado. No voy a ser yo quien me entrometa en la vida de los chicos.
Y eso que le rogaron. Le propusieron, entre otras cosas, ser el invitado estrella de un programa de televisión a cambio de que revelara algún dato crucial. Y nada.
Hasta hubo uno que se atrevió a ofrecerle dinero: Según ni siquiera le respondió, se limitó a cerrarle la puerta del almacén en la cara. Pero lo que verdaderamente la perturba no es eso: es que alguien tenga la osadía de poner en duda su versión de los hechos. Como aquel periodista, el narigón, que una vez terminado el relato preguntó:
-Y los gatos?
-En esta historia no hay ningún gato- respondió Sehun seco, pero todavía amable.
-Como que no - se atrevió soberbio el narigón- , varias personas confiables me aseguraron que hubo dos gatos en la terraza que tuvieron un rol clave en el caso. Pero tal vez usted no sepa todo lo que pasó.
La cara de Sehun se enrojeció y sus ojos parecieron a punto de largar llamas. Golpeó en el mostrador con tal fuerza que las facturas y recibos que su marido Suho acababa de ordenar prolijamente volaron por todo el lugar. Era claro que no había más que hablar: segundos después el periodista narigón estaba fuera del almacén con la clara advertencia de no volver nunca jamás.
Yo creo que se lo buscó. A quien se le ocurre decir una cosa así? Si, es cierto que algunos detalles del relato no concuerdan y que nadie más que Sehun parece saber que el padre del muchacho grito por el megáfono que aceptaba a su novio. Si, también es cierto que en realidad ella no vio nada de lo que sucedió: fue reconstruyéndolo poco a poco a partir de lo que contaron, sumando un dato de acá y otro de allá. Y qué. Uno a lo de Sehun no va en busca de la VERDAD, así con mayúsculas: allí uno va a escuchar una historia bien contada.
La verdad, si realmente a alguien le interesa, puede buscarse en otro lado. A mí me interesaba.
ŞİMDİ OKUDUĞUN
Café solo (ChenMin)
Genç KurguDos chicos enamorados encima de una cornisa? Nadie tiene la menor duda de que pretenden acabar con sus vidas, y el barrio en pleno entra en acción para impedirlo. Claro que no todo es siempre lo que parece...
