En El Exilio

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Otro día más en el exilio, otro día más en el que, la que alguna vez fue una guerrera de renombre dentro de las paredes de Noxus, se encontraba vagando sin destino fijo por los hermosos bosques de Jonia.

Día y noche se las arreglaba para sobrevivir, ya no le quedaba nada más que su espada rota, lo había perdido todo pero para ella eso no era importante, lo único que lamentaba era no poder volver a ver aquellos ojos verdes y roja cabellera, no poder volver a trazar delicadamente con sus dedos la cicatriz que recorría el rostro de su amada.

El sol estaba por ocultarse y la guerrera debía de encontrar un lugar para pasar la noche, a lo lejos alcanzó a divisar lo que parecían ser los restos de lo que alguna vez fue un pueblo.

Al llegar lo único que podía verse eran escombros y algunas armas y armaduras de soldados caídos en batalla, Riven reconocía el lugar y la razón por la que el lugar estaba en tal deplorable estado... Noxus.

Se dirigió a una de las cabañas que todavía contaba con un techo y no había sido consumida por completo, entró con cuidado y observó el interior, sería suficiente para pasar la noche.

Antes de que anocheciera por completo Riven se las arregló para encender una pequeña fogata dentro de los restos de la cabaña, eso le ayudaría a mantenerse caliente durante la noche. Con cuidado dejó su espada en el suelo y comenzó a sacarse algunas piezas de armadura quedanose unicamente en ropa interior. Miró su cuerpo por unos segundos, las cicatrices le hacian recordar aquel día, aquel maldito día donde lo perdió todo, donde lo que alguna vez fue su nación había intentado asesinarla.

Recorrió la cabaña y de una de las habitaciones logró encontrar un par de cobijas, regresó a la fogata y ubicó las mantas en el piso para sentarse.

- ¿Cuánto tiempo ha pasado ya? - susurró mirando las llamas del fuego.

De pronto escuchó pasos fuera de la cabaña, inmeditamente se puso de pie y tomo su espada o lo que quedaba de ella. Se aproximó a la entrada con paso sigiloso y miró hacia afuera, nada. Entonces escuchó sonidos dentro de la cabaña y volteó rapidamente empuñando la espada y observando minuciosamente el lugar.

- Si eres otro de los asesinos de Noxus, no quiero pelear - caminó lentamente hasta la fogata ya que la oscuridad de la noche le dificultaba ver con claridad el lugar - Diles que lo conseguiste, que me mataste, deja de lado tu orgullo como guerrero y simplemente vete de aquí, no quiero hacerte daño - sentenció mirando un punto fijo donde había visto movimiento.

El lugar quedó en completo silencio, solo se alcanzaba oír el silvar del viento al colarse por las grietas de la cabaña, el fuego de la fogata se tambaleaba intraquilo y la guerrera cada vez se ponía mas inquieta. De pronto, veloz como un rayo una daga voló en su dirección rozandole la mejilla y dejando un pequeño rastro de sangre antes de clavarse en una de las paredes.

La guerrera voteó rápidamente y observó la daga por unos instantes, conocía el diseño pero no podía ser ella, era imposible. El silvar del viento la puso en alerta y volteando rapidamente logró esquivar otra daga que volaba directo a su cabeza.

- ¡Da la cara! - gritó al vacío pero no obtuvo respuesta. Otra daga voló y con su espada la rechazó haciendo que esta callera al piso.

Fue entonces cuando la guerrera entre el silencio absoluto alcanzó a oír el leve rechinar del suelo de madera de la cabaña y en un ágil movimiento arrojó su espada en esa dirección pero lo unico que alcanzó a esuchar fue como ésta chocaba contra la pared. Demasiado tarde pensó al sentir movimiento a su espalda.

La guerrera alcanzó a sentir el peso de un cuerpo sobre su espalda, como una mano se deslizaba hacia su pecho y el frío filo de una daga al ser depositada sobre su garganta. Despues de tanto tiempo vagando por el mundo, finalmente había llegado la hora, Riven cerró los ojos esperando el final pero este nunca llegó, la daga simplemente se mantuvo en su lugar, sin moverse ni un solo milímetro.

En El Exilio - Katarina x RivenDes histoires addictives. Découvrez maintenant