Prólogo

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*Toc, toc, toc*

Escucho el sonido proveniente de mi puerta trasera, me levanto y me dirijo hacia ella.

Al abrirla un muchacho de tez oscura me saluda.

-Tenga unos muy buenos días...-

Deja de hablar, me examina de pies a cabeza y su expresión cambia a una de desconcierto y duda.

-¿Usted es...?-

Él hace su pregunta de forma torpe, no quiere creer lo que ve.

Busca en sus memorias y recuerda su primer encuentro conmigo. Él caminaba en una de las calles aledañas a la plaza central, agotado por el exceso de calor y la fatiga de su largo recorrido. Se dirigía a la siguiente casa en la que intentaría entablar una conversación con los residentes sobre aspectos de Dios e indirectamente convencerlos de sumarse a su iglesia, en la cual él es un miembro activo. Estaba cabizbajo, había transcurrido ya el mediodía y nadie se detuvo a hablar con él, todos se excusaban y cerraban sus puertas antes de que él, Thomas, pueda responder. Pero fue gracias a eso que me vio sentado contra una pared, su fe hizo que se apiadara de mi deplorable aspecto y andrajosos ropajes, buscó en sus bolsillos y me dio una moneda mientras expresaba una sonrisa.

Lo miré a los ojos, él entendió y siguió su camino. Eso pasó hace algunas horas.

Thomas recuerda esa mirada, porque es la misma que ahora le dirijo.

Solo que el contexto es diferente. En ese momento estaba sentado en una acera bajo el sol abrazador del verano; en este momento estoy de pie en el balcón trasero de un modesto departamento de clase media, contando con todos los bienes necesarios para el mantenimiento de una persona, aunque mi aspecto es el mismo.

Thomas eleva un poco el volumen de su voz y me habla.

-¡Usted es el mendigo que encontré cerca de la plaza!-

-Lo soy- respondo.

Sintiéndose frustrado al no haber sido recibido en ninguna casa por ya una semana, con los últimos rayos de sol, Thomas decidió arriesgarse e insistirle hasta el cansancio al vigilante del condominio para que le deje "llevar la palabra" a los inquilinos. Al final aceptó, pero solo lo dejó ingresar a la parte trasera para no causar tantas molestias.

Thomas tuvo la intención de comenzar desde arriba, desde el cuarto y último piso.

Por supuesto, jamás imaginó encontrarme aquí.

-¿Tiene algún... familiar que lo mantenga? ¿Alguien?-

-Vivo solo muchacho, pago por mi cuenta el alquiler de esta vivienda- volteo a mis espaldas y vuelvo a dirigirme hacia Thomas -Aunque ahora tengo un invitado-

Thomas mira sobre mi hombro, justo cuando su boca y ojos se empiezan a abrir, vuelve a mirar hacia mí y deja de lado el otro asunto.

Aún se mantiene en desconcierto.

-Pero... usted tiene... ¿Algún trabajo?-

-No lo tengo, la única actividad lucrativa que realizo es la que viste pasado el mediodía-

-¡¿Qué?!-

La incredulidad de Thomas se transforma en un sentimiento de furia que se expande desde su cabeza.

-Pero... ¡¿Usted paga el alquiler solo pidiendo limosna?! ¡Está engañando a la gente! ¿Se da cuenta de lo que hace?-

-Sé muy bien lo que hago, tranquilízate o terminaremos esto-

El rostro de Thomas está enrojecido, inhala con fuerza, lo que solo agravia el asunto.

-Yo... usted no puede seguir así-

¿Dios?Where stories live. Discover now