Capítulo 1: Alpha.

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Era casi medianoche en el Llu Café. La barra permanecía en la penumbra, mientras un señor cualquiera cantaba canciones de Raphael en la tarima del karaoke. Sentada en el tercer taburete de la barra estaba una mujer de pelo castaño. Su melena caía sobre sus hombros y descansaba en la barra junto a su vaso medio lleno. Llevaba una sudadera de hombre -si es que en el primer cuarto del siglo XXI seguía existiendo algo así- unos vaqueros claros y desgastados por las rodillas, pero sus tenis blanco nuclear eran los que definían su presencia en aquel local.
Ella ojeaba Twitter en su teléfono mientras el camarero curioseaba, observando lo que se reflejaba en sus gafas de pasta con estampado de leopardo.
- Así que videojuegos, ¿eh? No sabía que a las chicas les gustaran esas cosas.
Ella detuvo su búsqueda en la pantalla del teléfono y en silencio dirigió su mirada hacia el camarero, flechándolo por encima de sus gafas. No hizo falta pronunciar ni media palabra. El camarero entendió que allí sobraban sus comentarios y hasta su existencia. Le sirvió un pequeño bol de pistachos a modo de disculpa y se alejó para limpiar la cafetera.
Ella paseaba entre tuits, favoritos y menciones mientras se dejaba seducir por la sal de aquellos pistachos. Había unas cuatro personas consumiendo en aquel local, a cada cual más diferente. Ella apenas se percataba de sus presencias, simplemente se sentaba en el taburete de siempre a cumplir su ritual de medianoche.
Era invierno, no muy frío para ser enero. La puerta del Llu se abrió dejando pasar una brisa helada de madrugada. Un joven entró en el local. Ya había estado allí antes, pero nunca tan tarde. Husmeó por el bar intentando encontrar una cara conocida. Nada. Pero aquellos tenis blancos en la barra secuestraron su atención. Estaban impolutos. Además, estaban coronados por un lazo bañado en purpurina. Como las moscas a la miel. El chaval se acercó a ella y no dudó en sentarse a su lado.
-¡Hey! Un Avocado-on-the-beach -dijo mientras se quitaba su chaqueta de cuero y se remangaba su camisa cian por encima de los codos-- ¿quieres uno? Invito yo
Ella ni siquiera se inmutó ante aquella invitación y siguió con sus pistachos, pero él no se rindió.
-Mi nombre es Fede-dijo mientras daba un sorbo a su cóctel de aguacate-- ¿vienes mucho por aquí?
En silencio, ella escudriñó los detalles de la figura del chaval. Un muchacho de buena apariencia y con aparente estilo caro al vestir.
-¿Te debo una entrevista o algo?--contestó ella.
Fede sonrió. Se tomó aquel enfrentamiento como una táctica de acercamiento y un reto entre todas sus conquistas fáciles de los últimos meses.
-No, una entrevista no, pero puede que un café...
-Yo no bebo café-interrumpió ella llevándose otro pistacho a la boca.
Fede parecía venirse arriba con aquel coqueteo imaginario. Se remangó la camisa un poco más y desabrochó el primer botón.
-¡Vaya! Es un mal día para los aguacates, la cafeína y otras drogas...
Ella quería ignorarle, pero aquella enumeración incoherente no hacía más que alterar sus nervios.
-¿Otras drogas?-preguntó ella.
-Sí-respondió Fede sonriendo-dicen que yo soy muy adictivo.
Sin saber cuál era la intención de aquel comentario, ella solo pudo mirarle con pena y algo de vergüenza ajena, pero sin esperarlo ya era parte de aquella conversación.
-¿Esto te funciona con alguien? Digo lo de los aguacates y la droga. ¿Quién te crees? ¿El Pablo Escobar de Hacendado?
Fede extendió su brazo y cogió unos cuantos pistachos.
-No soy Pablo Escobar... Lo sería si Pablo Escobar traficara con aguacates... aunque bueno... los dos somos tipos con propiedades y que siempre conseguimos lo que queremos.
Ella empezaba a mirarle con interés.
-¿Propiedades? ¿Eres un personaje del Monopoly o algo así?
Fede se echó a reír.
-Puedo ser lo que quieras que sea-guiñó un ojo y empezó a buscar algo en su cartera-Esta es mi tarjeta. Puedes espiarme en Facebook o buscar mi nombre en Google, verás que no te miento.
Ella no mostró ningún interés en recoger aquel trozo de cartulina. Dio un último sorbo a su bebida y apartó las cáscaras de los pistachos con una servilleta.
-Lo siento, señor Escobar, pero es hora de irme. Mucha suerte buscando un ligue esta noche.
Ella se levantó, se colocó la capucha de la sudadera y comenzó a contar algunas monedas que llevaba en el bolsillo. Fede la detuvo.
-Tranquila. Esto ya está pago. De hecho, todo lo que pidas aquí a partir de ahora corre de mi cuenta.
Fede sacó un billete de 500 euros del bolsillo de su camisa y arrancó una hoja de un bloc de notas que llevaba en el pantalón con forma de aguacate. En ella escribió: "Para la chica de los tenis blancos con lazos de purpurina. Que no le falte de nada." Lo deslizó hasta dejarlo a la vista del camarero y volvió a guiñarle el ojo.
Ella se sonrojó al ver aquella escena. Parecía especialmente excitada ante el movimiento del dinero sobre la barra. No podía ocultarlo.
-Espero que así sea. Quedarías muy mal si mañana tengo que pagarme una Fanta en este taburete.
Ella se retiró sin ni siquiera agradecérselo y caminó hacia la puerta.
-Quizás sería más fácil dejar una cuenta a tu nombre, si me regalas ese honor-gritó Fede desde la barra.
Ella se detuvo al abrir la puerta y sonrió sin que Fede pudiera verla. Metió las manos en sus bolsillos. Con la izquierda comprobó que su móvil seguía allí, con la tarjeta de visita de Fede pegada a la carcasa. Con la derecha acarició la culata de su pistola plateada.

-Soy Driver.

Soy Driver.Where stories live. Discover now