Luke se da cuenta y trabaja en ello.

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Luke miro al vampiro adolescente enfrente suyo. Estaba tan nervioso como la primera vez que fue en busca de consejo. Habían tenido la charla cuando él chico llegó años atrás buscándolo. Balbuceando algo sobre que quería hablar con él sus sentimientos hacia Clary. Cómo buen padre que era le aclaró que la pelirroja no parecía estar yendo al mismo rumbo. Aunque él de ojos marrones era consciente le explicó que solo quería decirle a Clary para poder cerrar el círculo, que realmente no estaba esperando que sus sentimientos fueran correspondidos. Solo quería quitarse el peso de encima y el nudo del corazón.
Lo había visto pasar con Maia e Isabelle Lightwood. Porque ninguna de ellas podía ver lo genial que era Simon. Debajo de esas gafas, esa actitud de nerd y esa boca que no se cerraba nunca. Lo miro aún después de convertirse. Todas le habían seguido porque era guapo, pero ninguna observaba lo que verdaderamente era.
Jace Lightwood había puesto su mirada sobre su pequeño hace un tiempo. Cuando Clary le había rechazado por completo argumentando que lo suyo no sería posible, no cuando Jace parecía orbitar sobre Simon desde que se conocieron. Ya sea molestando, con celos irracionales o por simple costumbre. Por eso lo había amenazado. Había usado a toda su manada para dejar en claro que sí él cazador de sombras hacia un solo movimiento podría despedazarlo sin compasión. Jace no se había alejado, y no parecía dispuesto. Aunque su actitud de mierda nunca logro llamar la atención del chico más que para hacerlos ami-enemigos.
Miró a Alec como competencia, eso fue solo hasta que Magnus apareció. Aunque por momentos juraba que él mayor de los Lightwood miraba a Simon.
Max Lightwood no le estaba preocupando, realmente era un chico que parecía tener un enamoramiento platónico con su hijo adoptivo. Porque Alaric había mencionado que había visto al chico de gafas gruesas y ojos bonitos, sonrojarse cuando Simon le daba un inocente beso en la mejilla. O le halagaba lo suficiente. Pero no se atrevería lastimar al chico. Aunque hubiera presenciado el robo del primer beso de Simon.
Con él que no encontró problema. Porque nunca parecía hacer sentir a Simon menos, fue con Raphael. Él vampiro mayor le sonreía con tal suavidad a su cachorro, le miraba aún cuando divagaba, sostenía su mano con calma frotando su palma. Le obligaba ha beber aunque tuviera que sentarse a su lado y tomar toda el día (la noche en su caso) para que Simon se alimentará.
Le daba su ropa, aún cuando juraba que si arruinaba otra chaqueta lo estaría abriendo como un pavo. Raphael se había ganado su respeto.

Simon había hecho muchas cosas, tanto buenas como malas. Las primeras semanas después de darse la vuelta es cuando peor se encontraban. Había escuchado que algunos novatos podían desgarrarse las cuerdas vocales en una sola noche gracias a los gritos de terror provocados por las pesadillas. Qué algunos eran los que pensaban en el suicidio, pero muy pocos eran lo suficientemente valientes. Por eso cuando Magnus Bane le llamo una mañana alegando que lo necesitaba, que Simon estaba mal y que probablemente no pasaría la noche. Es que se sintió desconsolado, cansado y enojado.
Cuando apareció en el desván pudo observar a Raphael sosteniendo la mano llena de piel carbonizada, dolorosamente sangrante y caída. Solo observo cuando Bane exclamó sobre cómo podría un hechizo de empaquete podría salvarlo. Solo tenían dos opciones, y el más seguro parecía ser la mencionada.
Había odiado la idea, ¿Por qué Simon? ¿Por qué no podían usar la primera opción? ¿Y por qué condenar a su hijo toda su inmortalidad a estar con alguien que no quería? Pero Raphael gruñendo con miedo de soltar su mano, usando más fuerza de la necesaria o por el simple hecho de que estaba muy lastimado y eso provocaría arrancarle los dedos al novato. Hablo como si no estuviera dispuesto a sacrificar nada de Simon para salvarlo. Tal vez podría sacrificarse a él, pero nunca al menor, como si fuera intocable.

—No haremos eso Bane—siseo con voz gutural—yo conseguiré la sangre de ángel. No puedo condenar al novato a estar con alguien que no está decidido ha amar.

Eso terminó por convencerle de que Raphael era él adecuado. Le daba su ropa, lo protegía y lo salvaría aunque tuviera que matarse por eso. Defendía a su cría (pensaba que era un pretexto para poder llamarlo bebé o algún otro apodó) como si no hubiera un mañana. Una vez le gruño a un vampiro llamado Stan por estar coqueteando con él menor.
Por eso, mirando a Simon saltar en un pie mientras sus manos apretaban su suéter con fuerza, retorciendo incesante. Pudo notar que Simon estaría sudando si no fuera un vampiro.

Todo es culpa de Magnus Bane¡Lee esta historia GRATIS!