Siempre había odiado los hospitales. Estancias alargadas y bien iluminadas que olían, aunque limpias, a algo antinatural. Estos lugares estaban siempre llenos de gente, pero de alguna manera se mantenían en silencio la mayor parte del tiempo. Pero no era un silencio harmonioso y relajante, era un silencio opresivo y lleno de tensión. Un silencio que te recordaba constantemente que en cualquier momento podría haber malas noticias.
No sé si exista alguna buena razón para estar en un hospital, aparte de necesitar sus servicios, pero el caso es que estaba en este lugar visitando a alguien. Una buena amiga estaba a punto de tener una cirugía. Había estado internada en el hospital un par de días, como preparación para el procedimiento, pero hoy finalmente sería el día de la intervención. Inicialmente no había planeado en venir a visitarla, no porque no quisiera, sino que ella misma me había asegurado que era un procedimiento sencillo y que no había de que preocuparse. Pero la noche anterior había recibido una llamada de ella, diciéndome que tenía algo urgente que hablar conmigo antes de la operación.
Cancelé algunos compromisos que tenía durante el día y llegué al hospital alrededor de las diez de la mañana, después de desayunar en un restaurante que estaba cruzando la calle. Ella no me había especificado una hora para llegar, y yo no sabía cuanto podía tardar el asunto para el que me había llamado, por lo que supuse que podría llegar a pasar todo el día en el hospital.
Entré y le di a la recepcionista el nombre de mi amiga, ella me indicó el piso y el número de habitación. Subí tres pisos en el ascensor y recorrí los pasillos hasta encontrar el lugar. Toqué la puerta y esperé una respuesta. Unos segundos después, un hombre me abrió la puerta y me miró detenidamente de pies a cabeza.
-¿Quién eres tú? -dijo mientras me juzgaba con la mirada.
Me sentí ligeramente intimidado por su presencia. La forma en que cubría la entrada de la habitación me hacía pensar en un oso protegiendo la entrada a la cueva donde estaban sus crías. Aunque el hombre que estaba frente a mi estaba lejos de parecer un oso. Era alto, con el cabello corto y grisáceo y era tan delgado que podría pensar que estaba desnutrido, pero quizá era solo el efecto que daba la ropa que traía puesta, que parecía ser unas cuantas tallas más grande de lo que debería.
-Está bien, papá, estoy esperando a alguien. -dijo una voz desde adentro de la habitación.
El hombre se hizo a un lado y yo entré lentamente, excusándome al pasar a su lado. Mi amiga estaba sentada en la camilla, con las piernas cubiertas por las sábanas blancas. Sonrió ligeramente cuando me acerqué a su lado. La habitación era espaciosa, algo normal en un hospital particular como este, la camilla estaba a una altura mayor de la de una cama convencional y tenía mesitas a cada lado. Había varios aparatos cuyos nombres no conozco y uno de ellos tenía un catéter conectado a la mano de mi amiga. En la habitación había también un sofá bastante largo, que supuse se podía convertir en cama, y una gran ventana detrás de este.
-Gracias por venir hoy, lamento haberte llamado tan repentinamente.
Se veía tan radiante como siempre, incluso cuando no estaba usando maquillaje y lo único que traía puesto era la bata de hospital azul claro.
-No hay problema, no tenía nada importante que hacer hoy.
Yo me había quedado parado a un lado de la camilla, del lado más cercano a la salida, mientras que el padre de mi amiga se había sentado en un sofá en el lado opuesto.
-Creo que ustedes dos solo se habían visto antes una vez. Papá, él es un amigo mío de la universidad, estudiamos en el mismo departamento. -su padre asintió con la cabeza en mi dirección, como dando una pequeña reverencia, y a continuación, mi amiga se dirigió a mí- Él es mi padre. Creo que una vez lo viste cuando fue a recogerme a una fiesta hace un par de meses.
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Arrepentimiento
Short StoryEl arrepentimiento existe de muchas formas en nuestra vida. Aquello que no se dijo, o no se llegó a comprender, se anida en nuestra mente y nos envuelve en sombras. Esta historia explora brevemente algunos tipos de arrepentimiento y la busqueda de r...
