Instinto

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Hola, soy Aitor, tengo 32 años y vivo actualmente en el Sur de España, os voy a contar mi historia, todo lo que me ha pasado y como he llegado hasta donde estoy.
Todo empezó hace 32 años, cuando mi madre Dolores dio a luz y nací yo.
Mi madre, Dolores.
Una joven de 20 años, con el cabello rubio, ojos azules, piel bronceada y suave.
Se dirigía al mercado con sus padres para comprar pañales y los cuatro preparativos para que no le faltara de nada cuando diera a luz.
Estaba embarazada de ocho meses, pero justo ese día, en pleno mercado y acompañada de sus padres, se puso de parto.
Ese día, era el 24 de Diciembre, nací con un mes de antelación!
El parto fue normal y así pasaron los años y yo iva creciendo como cualquier niño normal, hasta que cumplí los 5 años y ya empezaba a ser consciente de las cosas y mi madre vio en mi cosas que hacía que no eran normal de un niño de 5 años.
Mi familia (que yo sepa) es una familia atea, no creen en nada más que no fueran en ellos mismos, por eso cuando hacia las cosas que hacia mi madre no entendía nada.
Una vez, cuando tenia 5 años, estábamos mi madre y yo paseando por mi pueblo y vi en la fachada de un edificio una típica virgen santiguando la calle y sentí Justo en ese momento en mi cuerpo como un escalofrío que recorría todo mi cuerpo, haciendo que las piernas se me doblaran y me arrodillara ante ella independientemente de la gente que estaba pasando por mi alrededor y soltando a mi madre de la mano.
En ese momento sentí que desconectaba del mundo y sentía una paz interior extraña que no entendía.
En ese momento mi madre se puso muy nerviosa y me estiro del brazo señalando que nos fuéramos de la vergüenza que estaba pasando al ver que toda la gente de la calle nos miraban.
También cada vez que salíamos a la calle y nos cruzábamos con monjas por las calles las saludaba y me santiguaba, pero lo más raro, es que nadie me había enseñado a santiguarme me salió de dentro y como si fuera un acto reflejo.
El mismo día que cumplí los 7 años, mi madre me dio la noticia que desgraciadamente mi abuela había muerto y su última voluntad fue que yo fuera a su casa y cogiera absolutamente todo lo que yo quisiera y/o me llamara la atención.
Así que mi madre después de darme la noticia, me llevo a casa de la abuela, nunca había estado porque a mi madre no le hacía gracia que fuera, pero no sabía muy bien el porque.
Entramos en la finca de mi abuela en dirección a la casa, era enorme o así la veía yo y mi madre abrió un portón de casi dos metros de alto.
- "venga hijo, como dijo tu abuela coge todo lo que tú quieras y tomate tu tiempo no pasa nada, yo estaré aquí en el salón esperándote"
Eso me dijo mi madre y yo miré a mi alrededor.
Era una casa elegante, pero se notaba que es antigua, y empecé a moverme por ella como si fuera mía.
Una sensación rara tuve en el cuerpo que izo que mis pies se activaran haciendo que me dirigiera a una puerta pequeña de madera muy desgastada, como si esa puerta se cerró algún día para no abrirla nunca.
Gire el pomo para abrir la puerta, encendí un interruptor de la luz y baje unas escaleras que me encontré.
Al final de ellas un trastero lleno de marcos con fotos antiguas, de color y blanco y negro, un montón de lámparas y una estantería llena de Santos, vírgenes....
y un baúl, ese baúl que me llamaba tantísimo la atención y no sabía el porqué porque estaba roñoso.
Me dirigí hacia él y lo abrí, me encontré tres libros, una figurita de Un hombre que parecía un santo y una tela enrollada en ella misma en forma de tuvo.
La tela tenía aspecto de muy antigua, como si fuera un pergamino y como si la tela se hubiera tejido en la prehistoria casi.
La tela estaba en el interior de un baúl del tamaño exacto de la largura de la tela y estaba cerrado con una cerradura dorada donde iva una llave.
Busque dentro la llave pero no la encontré.
Cogí los tres libros, la figurita y el baúl de cristal y me dirigí hacia donde estaba mi madre.
No entendía nada, no sabía que eran esos libros, no sabía que significado tenía esa tela y mucho menos no sabía quién era ese santo de la figura pero tuve la necesidad de cogerlo y llevármelo.
Era obvio que no entendía nada, tenía 7 años, lo que sí que sabía es que tenía que coger esas cosas y no soltarlas para nada.
Mi madre al verme tan cargando, me ayudó a llevarme a casa con las cosas que había cogido, pero me di cuenta que mi madre se puso muy nerviosa al ver esa tela tan antigua y buscó rápidamente una bolsa para mételo todo y que no se viera nada.
Cuando llegamos a casa mi madre me dijo que lo guardara todo y que no abriera y trasteara nada hasta que cumpliera los veinte años, es lo que quería mi abuela y solo cuando tuviera dieciséis años entendería lo poderoso que era la herencia que había escogido de mi abuela.
Así que mi madre me lo guardó todo en lo alto del armario, donde yo no pudiera llegar y caer en la tentación de cogerlo.
Muchas veces le lloraba a mi madre que me lo diera, que era mío y quería verlo pero ella se negaba.
Una vez cogí una silla para subirme en ella e intentar llegar, pero me caí y mi madre al verme me regañó por desobedecerla, aunque mientras me regañaba veía en mi madre una cara de preocupación.
Así que desistí en intentar conseguir esos objetos y con el tiempo me fui olvidando de ellos.

El Descendiente Where stories live. Discover now