Mis primos viven en una localidad del sur llamada "San Carlos" y estamos de visita en su casa, mis padres y yo, desde que llegamos hemos quedado boquiabiertos con el paisaje y los animales del campo.
Mis primos son medio raros, ya sabes, te miran de reojo, murmuran entre ellos, son muy callados y con desconfianza. Ellos son 4: José y Felipe son gemelos y visten de manera similar, sus ropas son viejas y sucias pero me imagino que es por el trabajo duro y el entorno.
Luis es el más pequeño y es como un campesino en miniatura pues camina e imita a sus hermanos en todo.
Pedro es el mayor, ahora no se encuentra en casa. Luis dice que salió a buscar al "Lión". La verdad nosotros reímos y bromeamos con ello pero durante el almuerzo, el Luis, entró gritando: ¡el Pedro!, ¡el Pedro!.
Al rato, por la puerta abierta vimos pasar al Pedro arrastrando por la cola un puma enorme y muerto. Ante el asombro nos paramos y corrimos para ver aquello.
El animal medía como 2 metros en total, era de un suave color café-amarillento, traía aún unos girónes de ropa entre sus garras, tenía la cabeza abierta de un corte que le atrabezaba de arriba abajo en diagonal. El arma que hizo ese daño la llevaba Pedro sobre el hombro, es un pesado machete de 1 metro de largo.
Pedro era enorme, vestía un pantalón con tirantes de vaquero que le cubría hasta el pecho, al igual que sus hermanos y unos zapatos enormes. Al llamarle se volvió para echarnos un vistazo mientras mi tío,( que también se llama Pedro), le decía que somos sus tíos y su primo Andrés (YO) de la capital.
Un "hola" ronco y suave a la vez nos confundió porque esperábamos un saludo algo más indiferente como sus hermanos.
Nos sentamos a la mesa denuevo y la epidemia de silencio por parte de mis primos continuaba. Yo me incliné y de mi bolzo saqué un pack de cervezas y las miradas de estos tipos se iluminó y de pronto ya estaban sonriendo y compartiendo sus vivencias cuando se nos unió Pedro. Nos explica que andaba hace 3 días tras ese puma, que por las noches bajaba de las montañas y atacaba los animales, rompiendo cercos e incluso una noche no los había dejado dormir por los rugidos.
Todos empezamos a bromear y reir. Los más contentos eran mis tíos, Pedro y Ana, que nos dejaron un rato mientras salieron al patio a sentarse bajo un enorme parrón, (una vid de uvas de color verde).
Les pregunte a los chicos a que lugar podíamos ir a ver chicas o algo bueno para pasar el rato, pero dijeron que el pueblo quedaba no tan lejos y que no había lugares como los que yo les relataba. Pero el Luis, que estaba encaramado en una rodilla de Pedro gritó ¡la cueva embrujada!. Los demás se echaron a reir y dijeron que no había ninguna cueva ni menos embrujada, sólo era el nombre que Luis le daba a una casa abandonada en medio del bosque. ¡¡Vamos pues, les contesté!!. Es muy lejos?
El lugar quedaba siguiendo un sendero que se internaba en el bosque, me dijeron, y después que el camino desaparecía devorado por la vegetación, había que fijarse en puntos del paisaje para no perderse.
Me costó un poco convenserles, ellos no querían ir a ese lugar, dijeron que hace tiempo fueron a explorar el lugar pero al llegar, el papá les había dado una tunda por ir allí. Esa vez no encontraron mucho que ver a no ser por unas cosas raras.
Razón mas que suficiente para mí, una vez mas fuí a mi bolzo y saque lo que para ellos era lo mas extraño que habían visto. Mi ouija de Dross, nuevita y hasta con su aroma rico de empaque. Ellos la quedaron mirando y preguntaban quien era el tipo del sombrero y porqué esto y porqué esto otro, etc...al final aceptaron y vista la hora que era, partimos en dirección al bosque.
Al fín despues de 1 hora de camino, llegamos a la cabaña. El viaje fué impresionante, pues, hubo que subir laderas, bajar entre pastizales y Pedro al frente del grupo, ( José, Felipe y yo más atras), iba dando zancadas sobre todo e incluso un zorro a medio devorar que estaba en medio del camino. Su cuello estaba rasgado al igual que su abdomen que al voltearlo con el pié dejó entrever un mar de gusanos que se movian frenéticamente, un asco repugnante que me hizo dar arcadas y los chicos comenzaron a reír a carcajadas. Les pregunte si era una victima del puma, pero dijeron que no, que el puma mata y come, que a ese zorro lo había matado otra cosa. Eso me dejó inquieto.
La cabaña estaba rodeada de pastizales y maleza. Era de madera y estaba inclinada como si el lado que recibe las lluvias en invierno ya estaba podrido.
Al entrar recorrí el lugar con cuidado por las tablas del piso que estaban quebradas y se podía ver el terreno debajo. Había una mesa de madera, unas sillas tiradas, un mueble con unos platos de arcilla recocida. Muchas telarañas daban un aspecto peor del lugar. En la siguiente habitación, encendí la linterna del teléfono para ver que había.
Un lecho sucio, que se nota por el aroma fétido, que sirve de cama para uno que otro animál. Hay un cajón vacío y un mueble apolillado sin puertas, que por la pinta, debió servir de ropero. Acá hay un agujero y se puede ver un entretecho y por la luz que se filtra, es seguro suponer que el techo está roto en más de un sitio.
Me llamó la atención un enorme agujero en el piso junto a la cama.
Los chicos han acomodado las sillas y un cajón improvisando un asiento extra y se han sentado a compartir algunas cervezas. Al preguntarles por el baño me dicen que hay uno pero está atrás de la casa.
Entonces salgo y le doy el rodeo al lugar y puedo ver una caseta como a veinte metros. Ese es el baño y ya a 5 metros despide un olor nauseabundo que me hace sentir ganas de vomitar. Entro en ese sitio donde sólo cabía un cajón con un agujero al medio y una persona de pié o sentada en el cajón. Supongo que la peste que emana del cajón es del centenar de veces que se han cagado en él.
Pero, un momento, si ésto lleva mucho tiempo abandonado, ¿cómo es que persiste el olor a descomposición?
Cuando vuelvo a la cabaña, las sombras de los árboles rápidamente van trepando por todos lados, dando lugar a un tétrico atardecer en medio del bosque.
Entro y los chicos al verme callan y me observan como perplejos. Yo me siento en el cajón y les comento lo del baño apestozo. Entonces se miran entre ellos y rien a carcajadas. Yo también mientras saco la Ouija de Dross y la despliego al centro de la mesa. Todos la miran pero intrigados del objeto.
Cuidadosamente pongo el oráculo sobre el tablero, enciendo 4 velas y les digo de que se trata el juego, que vamos a contactar a algún espiritu para ver que pasa.
Al principio todos se niegan y se paran de las sillas, Pedro sale al exterior y comienza a armar un pitillo para fumar.
Les explico que es sólo un juego y no es para niñas sino para hombres. Al oir eso Felipe se sienta y lo sigue José, quien le grita a Pedro que entre que es un juego nomás.
La noche ha caído, cuando todos tocamos con dos dedos, algún lugar en el oráculo y yo hago la primera pregunta a la ouija si hay alguien más en aquel lugar. Casi de inmediato el oráculo se mueve.
-"Normalmente", la respuesta es "si" y luego se le pregunta si es hombre o mujer, pero esta vez inmediatamente comienza la cosa a moverse de letra en letra-.
De una carrera se deletréa: "É-L...M-E...A-P-U-Ñ-A-L-Ó".
