¡Por fin había llegado el verano! La época favorita para los niños. No más tareas ni estudios, no más exámenes ni profesores, todos tendrían sus merecidos descansos y diversión, excepto para una niña: Alegría.
-¡Madre, no me puedes forzar a hacer eso! -exclamó Alegría.
-Ale, tú me obligaste a llegar a este punto, ya no sé qué hacer contigo... -dijo la madre entre sollozos.
-Entiende que esos animales muertos me los conseguí en un matadero, yo no los maté. Además era la única forma de hacer el ritual de invocación -replicó Alegría seria.
La madre de Alegría, Cecilia, había llegado tarde a la casa por su trabajo, era de noche y como era habitual ella colgaba sus llaves en la entrada. Luego pasaba por la cocina para servirse una taza de té. Había tenido un día pesado en la oficina, esa noche llegó con mucha hambre. Así que fue directo al refrigerador a prepararse algo para comer.
El terror recorrió todo su cuerpo cuando vio unas partes de animales junto a los quesos.
-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! -gritó de espanto.
Sabía que era Alegría. Subió enfurecida hasta su habitación. La situación se volvió peor al ver un símbolo dibujado en el suelo con animales muertos alrededor y su hija disfrazada con una túnica negra.
-Madre, no puedes interrumpir mis rituales -dijo Alegría muy seria.
Tras esa terrible escena, que no era la primera en que Alegría hacía cosas horrorosas, la mamá decidió inscribirla a una escuela de señoritas.
-¡Definitivamente yo no iré a esa escuela, no puedes obligarme! -gritó Alegría.
-Lo siento hija, ya hablé con tu padre, está decidido.
Alegría apretó los puños de la rabia.
Subió las escaleras, se encerró en su habitación y puso heavy metal a todo volumen para expresar su rabia. Se podía escuchar entremedio la voz de Alegría gritando maldiciones satánicas en otro idioma.
Cecilia suspiró y agarró su cabeza con las dos manos, no sabía por qué Alegría no era como las demás niñas. Siempre quiso ver a su hija más femenina y preocupada un poco más de su apariencia. Soñaba con que salieron juntas de compras, eligiera lindos vestidos y se hicieran la manicure.
Cecilia era una mujer muy detallista, siempre combinaba sus zapatos con las carteras al momento de salir. Le encantaba usar vestidos con collares de perlas y cuando podía, siempre se daba el lujo de ir a la peluquería para arreglar su cabello.
El timbre de la casa sonó en ese momento. Se levantó agotada a abrir la puerta.
-¡Hola tía! ¿Cómo está? -dijo una voz dulce y llena de energía.
El corazón de Cecilia se enterneció al ver a la pequeña y la saludó con un abrazo.
- ¡Oh, Sofía! ¡Qué bueno que eres tú! -exclamó aliviada.
Sofía era la mejor amiga de Alegría. Cecilia la adoraba porque era un muy buen ejemplo para su hija.
Sofía era una niña delicada, preocupada por los demás, muy atenta y femenina.
Cuando eran muy pequeñas se conocieron en un parque, ambas vivían relativamente cerca. Sofía estaba jugando en el pasto con sus muñecas, mientras comía un sandwich de jamón y queso. Las palomas poco a poco comenzaron a llegar a su alrededor, hasta que se vio rodeada por ellas y salió corriendo del parque. La bandada fue tras la pequeña porque querían comer de su pan, y la pobre Sofía no paraba de llorar. De pronto unas pelotas de colores derrumbaron algunas palomas y salieron volando del lugar. Alegría había disparado con su pistola de plástico unos balines para asustar a las aves.
Gracias a ese tragicómico accidente comenzaron a ser amigas.
-No pudiste haber llegado en mejor momento -dijo Cecilia.
-¿Está todo bien? -preguntó Sofía preocupada.
-Sofi, cariño, ya no sé qué más hacer con la Ale ¡¿Ya sabes qué fue lo último que hizo?! -vociferó angustiada.
-No lo sé ¿Qué fue lo que hizo ahora? -preguntó mintiendo.
Claro que ella lo sabía, si fue la misma Sofía quien acompañó a Alegría a ese horrible matadero para conseguir partes de animales muertos.
Sofía, al ser su mejor amiga, la acompañaba en todo y también encubría sus locuras.
La verdad es que ya estaba muy acostumbrada a las manías excéntricas de Alegría, pero a Sofía le gustaba así, ella pensaba que a los amigos se tienen que querer tal cual son, con sus virtudes y defectos. En este caso ella aprendió a querer a Alegría con sus gustos extraños y sádicos.
-...así que la inscribí en una escuela de señoritas -continuó la madre- lamentablemente no está en Santiago, así que tendrá que ir al sur.
-Pero tía, Alegría odia esas cosas de niñas.
-Lo sé Sofi, lo sé, pero ya está decidido.
Sofía quedó pensativa. Estaba más preocupada por las niñas de esa escuela, que por Alegría.
-Sofi, la verdad es que quería conversar contigo para pedirte un favor...
-¿Qué sucede tía? -preguntó Sofía intrigada.
-Me gustaría que acompañaras a Alegría a esa escuela, ella a veces te hace caso. Si está contigo será más soportable todo esto. Además para ti esto será fácil ya que tú eres toda una señorita -añadió.
-Tía, la verdad yo no sé...
-Sí, Sofi, ven conmigo -dijo Alegría desde las escaleras.
-¡Ale! llegué hace poco -saludó Sofía haciendo un gesto con la mano.
-Bueno, yo las dejo conversar tranquilas -dijo la madre mientras se levantó para ir a su cuarto.
-Sofi, ven a mi habitación.
Las niñas subieron las escaleras rápidamente para conversar del asunto.
-¡Pero Ale! ¿Cómo se te ocurre guardar esas partes de animales muertos en el refrigerador? -gruñó Sofía.
-Era eso o guardarlas en mi closet. Ya sabes lo que pasó la última vez que hice eso -respondió Alegría.
-Ay, amiga... -suspiró Sofía resignada.
-Sofi, por favor acompáñame a esa escuela del terror, no podré ir sola -reconoció Alegría.
-La verdad es que tenía ya unos planes para estas vacaciones, incluso estoy hablando con un chico muy lindo -replicó Sofía.
-Los chicos van y vienen, en cambio las amigas son para siempre ¿Acaso no conoces ese dicho? Además, si no vas conmigo voy a morir -exageró Alegría.
-¡Deja el drama! Está bien, hablaré con mis papás -respondió Sofía.
-Gracias Sofi, realmente no me la puedo sola -dijo Alegría triunfante.
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Alegría y Sofía
Teen FictionAlegría y Sofía son las mejores amigas del mundo mundial, pero también son muy diferentes. Esta historia de aventuras y magia comienza cuando la paciencia de Cecilia (la mamá de Alegría) explota porque su hija definitivamente no sabe comportarse y d...
