¿Qué demonios hago aquí? Me pregunto desde mi lugar sentada en el escritorio, mis ojos paseando de un lado a otro, cual simple espectador de una obra de teatro.
—Oye, Belinda, te voy a dar un regalo especial para ti—dice Braulio, recostado sobre la cama. Sus penetrantes ojos centrados en la chica frente a él con un brillo peculiar de emoción y orgullo por su anuncio.
Suspiro mentalmente, preguntándome de nuevo ¿qué demonios hago aquí?
—¿En serio? ¿Qué es? ¿Qué es?—Belinda, acostada al lado de Braulio y apoyando su cabeza sobre su hombro, no puede evitar una enorme sonrisa y centra sus grandes y expresivos ojos en él.
—¿Recuerdas ese libro de romance que te prometí? Te lo compraré para Navidad. El día de hoy me recordó a ese libro—acaricia de forma casi instintiva y natural el cabello de Belinda, mirando hacia la ventana—; tarde fría, lluviosa, perfecta para quedarse en casa y leer un buen libro al lado de la persona que amas.
Me mantengo sentada en mi lugar, sin moverse. Para entonces parece que se olvidaron de mi presencia. ¿Debería decir algo? ¿Sigo observando? ¿Aparto la mirada? Muerdo mis labios y aprieto mis puños para evitar cometer alguna estupidez y continúo observando.
—¿De verdad?—Belinda acaricia la barbilla de Braulio, sintiendo la discreta barba que tanto lo distingue—¡Yo también ya tengo tu regalo de Navidad!
—Pero eso no es todo lo que te regalaré, mereces muchas más cosas. Prometo sorprenderte.
Cerca. Estaban peligrosamente cerca ya. Centro mi atención en mi celular, jamás había sido tan interesante. Escucho risas y vuelvo a ver a Braulio, sonriendo. Si tuviera que utilizar una palabra para describirlo, esa sería inesperado. Valiente, soñador, ambicioso, seductor... todo un personaje difícil de catalogar y encasillar de una forma tan sencilla.
Y en cuanto a Belinda, parecía que se centró tanto en ignorarme para guardar ese momento en su memoria que realmente me hizo invisible para ella. Dentro de su mente, en su pequeña burbuja del pasado sólo eran él y ella, compartiendo los viejos tiempos.
—¿Mariana? ¿Escuchaste lo que dije?
Levanto mi mirada más rápido de lo que esperaba, apagando el celular en el proceso.
—Ah, ¿estás escribiendo? Lo siento, lo siento. Continúa—se excusó—. Yo seguiré aquí con Belinda.
Abrí la boca para decir algo, romper esa burbuja que al parecer era más fuerte de lo que esperaba, pero no pude articular palabra alguna. ¿Qué podía hacer en esos casos siendo yo tan cobarde?
—¿Y si mejor salimos? Vi un café el otro día en el centro que...
A pesar de que ambos escucharon que mi voz temblaba y que me miraba notoriamente incómoda, Belinda tomó la palabra.
—¡Excelente idea! Podemos ir los tres.
En el interior estaba gritando y pateando mesas. ¿Los tres? ¿Desde cuándo es buena idea que salga un chico con su novia y con su ex al mismo tiempo? ¿Acaso está loca?
—La verdad, Belinda, me gustaría un poco de espacio—miré de soslayo a Braulio, pidiéndole que me hiciera segunda, suplicándole que dejara de abrazarla así frente a mí.
Belinda parpadeó dos, tres veces sin dar respuesta alguna. Miró a Braulio fingiendo inocencia o estupidez, ¿es tonta o se hace? Las incógnitas nunca dejan de aparecer con ella.
—¿Qué hago?—le pregunta a Braulio. Él se encoge de hombros.
Y decidí que, oficialmente, esa era la hora más incómoda y estresante del día. Porque horas incómodas y estresantes las tengo diario cada que visito a Braulio; quien, si no se dieron cuenta, es mi novio de dos meses—los meses donde mi paciencia se vio más probada que la de la Madre Teresa—, los dos meses donde he tenido que enfrentar cara a cara a su ex, que al parecer olvidaba lo que significaba ser "ex" de alguien.
Me llamo Mariana, y esta es la forma en la que sobrevivo con una maniaca y no muero (ni la mato) en el intento.
Y ahora se preguntan, ¿qué demonios hago aquí? La respuesta ni siquiera la sé yo.
(Basada en hechos —desafortunadamente— reales)
