Jack observa su reflejo en la superficie metálica de la gran bóveda del banco, estaba impecable, la túnica le sentaba bien, y el amarillo le daba brillo a su "outfit" de malvado genio. Llevaba por primera vez en mucho tiempo su pelo y sus ojos al natural, sin tintes ni lentillas para ocultar su exótico color, decidió que sería de este modo para que nadie relacionara su apariencia diaria con la de un criminal, acostumbrado a opacarlos para evitar miradas, se dio el lujo de disfrutar la vista.
—Lástima que no hay nadie aquí para presenciar mi etérea belleza, pero supongo que son gajes del oficio.
Soltó una risotada que solía describir como "risa malvada" y extrajo de su mochila el automatizador de puertas, lo conectó al tablero de comandos de la bóveda y dejó que su invento hiciera su trabajo, en poco tiempo debería descifrar y desbloquear cualquier cerradura, a penas había terminado de armarlo y se le ocurrió que la mejor forma de probarlo sería en una de las puertas más impenetrables de toda la ciudad. Las bóvedas del Banco Nacional.
—Esto es tan fácil que es aburrid...—Jack se vio interrumpido por una explosión que sucedía justo a sus espaldas, el corazón casi se le sale por la boca ante el estruendo.
Como si sus plegarias fueran escuchadas por un dios malévolo, de entre los escombros y el polvo, apareció una reconocida silueta femenina. Jack maldijo para su fuero interno, pensando cómo escaparse antes de que lo vieran, si se cruzaba con otros criminales estaría muerto.
Corrió dando la vuelta al primer pasillo a su alcance, rezando porque su automatizador acabe pronto. Escuchó pausados pasos de tacon alto caminar hacia la bóveda.
—¿Que demonios es esta cosa fea?—Katnappé estaba en el banco y había traído a alguien con ella.
—Parece que alguien más está aquí esta noche, eso no llegó ahí por su cuenta...
A Jack le pareció tan familiar la voz de aquella mujer que la acompañaba, que algo en su interior cosquilleó en alerta.
El *Beep beep* del automatizador de puertas hizo que Jack suspirara de alivio, y a juzgar por la sorpresa en el jadeo de las damicelas no invitadas, había funcionado.
—La puerta se abrió... ¡Sola! Este invento es una maravilla...
Jack se crispó por los nervios y decidió que ya había probado lo que quería, era un buen momento para escapar. Se dio la vuelta rápidamente dispuesto a dejar su invento atrás, podía autodestruirlo desde su computadora.
—Una cucaracha...
Jack se topó de frente con un pecho fornido y unos brazos llenos de escamas. No sabía si era buen momento para alegrarse o asustarse por su aparición, pero reconocería esas caracterisiticas en cualquier parte, su ídolo, el dragón de jade...miró arriba a su estoica figura, toda su piel estaba cubierta de escamas y sus dientes lucían tan feroces como su mirada, Jack se maldijo por la terrible suerte que estaba teniendo, muy típico de él.
—Supongo que es un mal momento para pedir tu número —susurró nervioso mientras retrocedía lentamente.
La mano de negras garras lo sostuvo por el cuello elevándolo a varios centímetros del suelo, Jack intentó no dejar ir de golpe el aire, esperando que no le rompiera ningún hueso.
—No lo preguntaré dos veces, ¿qué hace aquí una cucaracha como tú?
—Vine a buscar un hombre fornido y escamoso como tú para llevar al baile de otoño...
Los ojos dorados del dragón se entrecerraron en un gesto de desprecio silencioso.
Lo siguiente que sintió Jack fue la pared incrustada en su espalda, el maldito lagarto lo había lanzado por los aires.
Tosió repetidamente intentando recuperar el aliento, sintiendo como el polvo de los escombros ocasionados por Katnappé se metía en su nariz ¿por qué los villanos más aclamados hacían entradas tan dramáticas? Verdad, porque no tenían un ingenioso automatizador de puertas como él. Sonrió a pesar del dolor y el sabor a sangre en su boca.
—Ustedes los villanos de pacotilla no saben usar una simple puerta, y la cucaracha soy yo...
Advirtió con pesar que había ganado más atención de la que quería, Katnappé, con las manos llenas de bolsas de dinero y decenas de joyas adornando su cuerpo, asomó su cabeza por la puerta de la bóveda, descubriendo al golpeado Jack Spicer.
—Vaya vaya... Una cucaracha...
—Empiezo a pensar que todos envidian mi belleza infinita.
Le echó una mala mirada a Katnappé, pensando en como distraerlos a todos para sobrevivir.
—Parece más bien un gusano.
La voz del Dragón le recordó lo jodida que estaba la situación, apretó con disimulo un comando en su reloj. Necesitaba a su bot, ahora.
—Parece que no estamos solas...—Katnappé hizo una mueca, hablando en dirección a la bóveda.
Jack sintió que la escena sucedía en cámara lenta. Una pierna de tez olivacea a la vez, una mujer con una máscara exótica salió de la bóveda, llevaba una larga túnica purpura, y su cabello rojo cayendo como una cascada hacia atrás.
Jack frunció el ceño. La mujer dejó caer la bolsa de dinero que traía en su mano.
—Tú... ¿Que estás haciendo aquí?
La voz demandante de Wuya hizo reaccionar a Jack, quien extrajo un explosivo de uno de los bolsillos en su túnica negra, y rápidamente, antes de que cualquiera pudiera reaccionar lo activó frente a sus caras.
La granada era en realidad de humo, por lo que todos se sintieron desorientados al lanzarse a un lado para darse cuenta de que la bomba no explotaría.
Ahora con el humo nublando sus vistas, Jack se apresuró a salir por el agujero que Katnappé había hecho, y justo a tiempo, su bot se acercaba a toda velocidad tomando la forma de un helipack para ayudarlo a escapar.
Escuchó como el dragón se movía con agilidad detras de él, pero incluso un cambiaformas no podía hacer nada una vez que había despegado del suelo, lo escuchó rugir y en su estomago se hizo un nudo, definitivamente, la próxima vez que lo viera, el dragón le arrancaria la cara con sus afiladas garras...
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Tyrant × Chack
FanfictionJack Spicer no estaba hecho para la magia, pero él no la necesitaba, tenía a la ciencia y el dinero de su lado para cumplir sus objetivos. Ni el apuesto villano cambiaformas, el dragon de jade, ni el sexy chico malo en su universidad, Chase Young po...
