Los sonidos se escuchaban desde el pasillo. Antes de poner la llave en la cerradura, podía adivinar lo que estaba sucediendo dentro de su propio departamento.
La ira se arremolinaba en su interior como un torbellino de fuego que se extendía desde su estómago, pasaba por su pecho y se anidaba con un nudo en su garganta. Pero el calor abrasador que sentía por dentro no le impidió pensar con claridad.
Quería sorprenderla en el acto, sin posibilidad que le mintiera en la cara.
Nunca más.
Al entrar, cerró cuidadosamente la puerta para no hacer ruido y se quitó los zapatos lentamente. Dentro de las paredes de su hogar los sonidos se hacían más intensos, el roce de las sábanas, los gemidos, los nombres pronunciados con fervor.
Apretó los puños al costado de su cuerpo y avanzó con sus pies descalzos sobre el piso alfombrado hacia la habitación.
La puerta estaba entreabierta. Cerró los ojos reconociendo la voz de su novia exclamando un nombre que no era el suyo y al abrir...
...
Miró el reloj de su computadora y suspiró agotado. Siendo ya las 13hs podía darse el lujo de almorzar algo antes de seguir leyendo las interminables peticiones que le llegaban a su correo electrónico.
Descolgó su abrigo del respaldo del asiento, tomó su celular del escritorio y salió de la oficina sintiéndose abrumado.
Cada vez que le tocaba trabajar lejos de la arena de combates, Ash sentía que lo habían engañado toda su vida. Leer mails, responderlos, administrar el funcionamiento de los Gimnasios y los distintos torneos que organizaba la Liga no parecían ser el trabajo divertido que le habían prometido cuando era un niño.
Él no servía para esas cosas, estaba hecho para las batallas.
Como Maestro Pokémon que llevaba defendiendo el título por más de 8 años, Ash tenía más responsabilidades de las que estaba informado en sus tiempos de viajero. Todo lo que no tuviera que ver con los combates le resultaba tedioso.
Todo excepto rechazar cruelmente las peticiones que llegaban de cierto Gimnasio especializado en pokémon acuáticos. Ni siquiera se tomaba las molestias de leerlas, pensando que las hermanas debían saber cómo manejar sus asuntos sin su ayuda.
Tal vez darles la negativa era lo que realmente mejoraba su humor cada vez que debía trabajar con la PC en lugar de con sus amados pokémon.
Llegó a un restaurante modesto al que le gustaba ir todos los mediodías. Era un lugar acogedor, pequeño, tranquilo, donde se aseguraba de pasar la hora de almuerzo sin ser acosado o abordado por nadie. Saludó con un movimiento de cabeza al encargado que acomodaba las tazas en la barra y se dirigió a la mesa que elegía siempre, escondida a un costado del mostrador, lejos de la puerta, con la suficiente distancia de las ventanas para que entrara luz y no lo reconocieran fácilmente desde afuera. Era su mesa, su lugar...
Pero ese día, estaba ocupado por otra persona.
Gruñó por lo bajo, frustrado, hasta que sus ojos volvieron a la persona allí sentada y una oleada de vértigo lo atacó de pronto.
Comenzó a caminar hacia ella lentamente, oyendo sus aceleradas palpitaciones retumbar dentro de sus oídos. Sus ojos se fijaron en el manto de cabello anaranjado que caía sobre los hombros expuestos de la mujer que todavía le daba la espalda. Tragó saliva nervioso mientras pasaba a su lado. Las manos cerradas en puños firmes al costado de su cuerpo que comenzaron a sudar.
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Casual
FanfictionUn día como cualquier otro . Un encuentro casual. Dos amigos que juraron no verse más, pero que el destino se encaprichó en volver a unir en un ambiente plagado de secretos. AN: La historia transcurre en una especie de AU en donde Ash sí creció! Ad...
