—Debemos terminar esto. —soltó de repente, y lo observé confundida.
—¿A qué te refieres? —pregunté, tratando de ocultar mi nerviosismo.
Sabía a lo que se refería, entendía perfectamente, pero quería no hacerlo, no lo aceptaba. Este no podía ser el final.
—No podemos seguir así, no soy lo que buscas —dijo esto último, y mi corazón comenzó a acelerarse.
No, simplemente no. El era todo lo que quería, no había otra cosa que quisiera más.
—No —negué repetidas veces como si fuera un robot que imita —Te equivocas, eres todo lo que quiero.
Su mirada se apaciguo, pero volvió a tomar su misma intensidad, decidida.
—De verdad lo intenté, te juro que lo hice, pero mientras más lo hacía, más me daba cuenta de esto, no podemos estar juntos —murmuró esto último, pero lo había oído claramente. Mi pecho dolía, ardía como el mismo infierno.
Esto no podía estar pasando, estábamos bien, sólo fue una estúpida discusión, todo iba a estar bien, o eso quería creer.
—No hagas esto, por favor —susurre y las lágrimas amenazaron con derramarse por mis mejillas —Sí es por lo que te dije ese día, lo lamento, sabes que puedo ser muy impulsiva a veces y digo puras idioteces.
Hablé tan rápido que no me percaté de que su mano estaba en mi mejilla, acariciandola lentamente, como si temiera que me rompiera en ese mismo instante, y no se equivocaba. Me rompería ahí mismo.
—No eres tú, el problema nunca fuiste tú —dijo en voz a penas audible, y sonrió tristemente.
—¿Entonces por qué quieres terminar esto? —pregunté, y traté de encontrar con mis ojos vidriosos los suyos, pero me esquivaron.
—Es lo mejor para ambos —respondió y se separó abruptamente de mí, como si tenerme cerca le ocasionara algún dolor.
—¡¿Y tú qué sabes de lo que es mejor para mí?! —mi voz alterada resono por toda la habitación, tomandolo por sorpresa al igual que a mí.
—¡No lo entiendes, sólo te hago daño! —exclamó y destellos de tristeza brillaban en sus ojos chocolate.
Sí eso creía el, estaba tan equivocado.
—Te equivocas —dije y reí sin gracia, secando bruscamente algunas lágrimas que habían descendido por mis mejillas.
—De todas formas —carraspeo —No podemos seguir con esto.
Escuchar eso fue como si me hubieran echado un balde de agua helada, y prefería por mucho la gélida agua.
—¿Por qué? —inquiero con tono desafiante —Dime por qué malditas seas no podemos estar juntos.
—Es lo mejor para ambos, o al menos para ti y con eso me basta —contestó, sin despegar sus ojos de los míos.
—Basta, simplemente basta —solté cansada y suspire —Eso lo puedo decidir yo misma.
—Sólo terminemos esto, por favor —pidió en tono de súplica esto último.
—¿Es lo qué quieres? —interrogue, sintiendo un dolor inconfundible en el lado izquierdo de mi caja torácica —¿Quieres que terminemos todo esto?
—No, claro que no quiero esto —admitió, clavando sus penetrante mirada en mí, decidida —Pero así va a ser.
En ese mismo instante, la poca esperanza que pudiera haber guardado se evaporó con esas últimas palabras, el había tomado una decisión y dolía como el infierno saber que no era quedarse conmigo, si no dejarme sola, como prometió jamás hacerlo.
—Ya no me quieres —declare con mi voz apagada, vacía como me sentía en ese momento —¿Es eso?
Al escuchar aquello se acercó hasta quedar a escasos centímetros que pudieran separarnos, y tomó mí rostro entre sus manos, ese simple gesto fue suficiente para que un enjambre de abejas fuera liberado en mi estómago, y un zoológico bailara en el, no podía ser normal que pudiera causarme eso.
—Diablos, no, claro que no. Te quiero, te quiero demasiado —dijo en un susurro sobre mis labios.
—No hagas esto, por favor —pedí, y con mis manos tomé las suyas que reposaban en mis mejillas.
—Ya, sólo dejemos esto aquí, no lo hagas más complicado de lo que ya es —musitó.
—¿Eso hago? ¿Complico las cosas? —cuestione incrédula, rogando en mi mente por una respuesta negativa.
Asintió, y no es por dramatizar el asunto, pero juraría haber escuchado un crash en mi pecho, justo donde debería estar el corazón. Un nudo en mi garganta impedía que articulara palabra alguna, pero aún así, no podía quedarme callada, no podía simplemente decir que no lo intente.
—No mentí —mi voz había sonado ronca, por lo que carraspee, y seguí: —No mentí cuando dije que te amaba
—Estabas borracha —alegó y clavo su vista en algún punto fijo del suelo, evitando mi mirada—No querías decir eso...
Sonreí con nostalgia, realmente recordaba cómo y cuándo le había dicho esas simples palabras pero tan especiales para mí, puede que haya bebido de más esa noche, pero sabía perfectamente lo que hacía, el hecho de haber estado algo ebria sólo me dio el valor que me faltaba, y quizá un poco más, ya que se lo había dicho tres veces.
—No lo estaba, pensaba con claridad cuando te lo dije —contesté segura.
—Te mereces a alguien mejor que yo, Kay —suspiro pesadamente, y tomó sus cabellos con frustración.
—No lo entiendes —murmure —No quiero a alguien más, no quiero a nadie mejor.
—Ves esto —señaló primero su cuerpo y luego el mío —¿Estarías dispuesta a sufrir por mí a pesar de todo?
Lo observé, pero ya no dije nada. Me guarde muy en el fondo de todos los escombros de mi corazón la respuesta a eso:
Estaría dispuesta a todo por ti.
El clavo su mirada en mis labios, creí que iba a besarme, pero cerró sus ojos fuertemente, y besó mi frente.
Y sin decir más, se fue, dejándome sola y oficialmente, con el corazón roto.
YOU ARE READING
Siempre, Kay
Short StoryNuestro final, el inicio de todo. Con cariño, Kay Campbell. No se aceptan adaptaciones-copias parciales o totales.
