6:39 pm, aún es temprano. Con suerte, podré llegar a las 8 en punto. Es la segunda vez que el tren se retrasa 4 minutos, justo el día de mi desaparición. Ojalá pudiese retroceder en el tiempo, quizá así no volvería a cometer el mismo error de hace unas semanas.
Ya es noviembre y las tiendas vuelven a llenarse de la misma ropa de anteriores temporadas, parece que la gente sólo vive para gastar su dinero en gilipolleces que pierden el valor a los 2 días. Mis manos están rojas por el frío, no siento los pies, quisiera volver a casa y meterme en la cama. Creo que nunca ha existido una persona que odie tanto el frío como yo, es como si el invierno hubiese perdido la magia que veía de pequeña.
Miro el móvil: 4 llamadas perdidas de Edel; se me hace extraño que mi hermano y yo volvamos a hablar después de pasar 3 meses sin dirigirnos la palabra. No es una persona con la que tenga plena confianza, pero es el único con el que hablo y le estoy plenamente agradecida por soportarme cada día en casa. Creo que debería dejar de pensar en todo lo relacionado con mi casa, así evitaré sentarme más culpable de lo que me siento ahora.
Me acerco al borde y entrecierro mi ojos para ver si el tren llega; por suerte, ya está aproximándose. Llevo una mochila con un cargador, las llaves de casa, el almuerzo de esta mañana, un pijama, un neceser y unas cuantas prendas de ropa. No creo que esta haya sido la mejor decisión que haya tomado en años, pero al menos será el final de cualquier catástrofe. Empiezo a contar mentalmente los segundos que tardará el tren en llegar y son 14 segundos exactos: nunca he tenido tanto miedo hasta ahora, pero ya no puedo hacer otra cosa que subirme.
Las puertas se abren y subo las escaleras sin pararme a pensar en lo que estoy haciendo. Ya todo deja de tener sentido, mi vida no volverá a ser la misma después de esto. Nadie me echará de menos en la ciudad excepto Edel, no se merece esta mierda de hermana, se merece algo mejor. Él es el único que ha demostrado ser una buena persona, sin duda, siempre me voy a sentir orgullosa de él aunque no sea capaz de decírselo antes de irme por 2 meses de esta mierda de lugar.
Me siento en un lugar alejado de la gente y saco mis auriculares del bolsillo derecho de la falda, los introduzco en el móvil y me pongo uno de los auriculares para no despistarme cuando llegue a la parada donde en unos minutos tendré que bajarme. Deslizo mis delgados dedos por la pantalla y busco algo de música para escuchar por el largo trayecto de media hora. Hoy necesito escuchar algo triste, lo suficiente como para evitar reflexionar y admirar un paisaje hasta ahora desconocido para mí. Mientras tanto, apoyo el brazo en la ventana y descanso la cabeza en la mano. De vez en cuando cierro los ojos para descansar de este agobiado día, pero tengo esa jodida sensación de notar que alguien no para de observarme, así que lo ignoro y sigo mirando a través de la ventana.
¿En qué momento de mi vida hice este cambio? ¿Seguiré siendo la misma después de esta fuga inoportuna? ¿Qué pensarán todos cuando vuelva a aparecer en el barrio? ¿Acaso soy la única que sufre abusos y recibe amenazas a diario? No quiero pensar, quiero volver a ser la misma de antes, quiero una familia de verdad... Alzo la vista y veo que faltan 2 paradas para mi destino, así que enciendo el móvil y veo 3 mensajes nuevos de aquel número desconocido. Entro en Whatsapp y entro en el chat:
+ Te faltan 2 paradas.
+ Cuando bajes, no olvides de esperar 3 minutos exactos.
+ ¿De acuerdo?
- Sí.
+ Por cierto, me gusta tu puntualidad. Consérvala, si no quieres que las consecuencias sean peores ;)
Al fin llego a mi destino, las puertas se abren y salgo del tren algo tensa. El teléfono vibra, lo enciendo de nuevo y veo otros 3 nuevos mensajes del desconocido:
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One last call
Teen Fiction¿Se puede llegar a consentir un secuestro? O mejor aún, ¿existe la posibilidad de pactar con antelación un secuestro con alguien a quien desconoces? 17 años, ¿su único delito? Su falta de empatía. 19 años, ¿su único delito? Un secuestro pactado. ¿P...
