Dereth salió de las habitaciones reales y empezó a caminar sin rumbo fijo por los largos corredores del castillo. Había planeado volver a su despacho tras hablar con su padre, para terminar de revisar la correspondencia y seguir redactando el informe con sus descubrimientos sobre La Morgue, pero si lo hacía tendría que hablar con sus dos secretarios, y en esos momentos no tenía ganas de ver a nadie. Necesitaba tiempo para reflexionar y asimilar todo lo que había oído. Quizá entonces pudiera salir de su asombro.
Primer punto: su padre se moría.
No, eso no pensaba permitirlo, por mucho que clamase que era un anciano y que estaba cansado. Daba igual, si había una posibilidad, la encontraría; y si no la había, intentaría crearla. Esa misma noche, a la luz de las velas, iba a hechizar el espejo de su dormitorio para hablar con su tío Ennyo, el hermano mayor de su madre, actual duque de Puerto Encantado y el Arcano Mayor de su Universidad Mágica. Él sabría a qué sanador debían recurrir o qué deberían hacer.
El rey se equivocaba por completo. La magia lo volvía todo posible, por lo tanto, lo imposible no existía. Ese era su principio básico y no tenía sentido dejar de luchar. Pero su padre nunca había confiado en hechizos de ningún tipo, ni le gustaba la idea de relacionarse con la magia, eso era todo. Había nacido y vivido siempre en Isla Real, donde preferían no utilizarla, solo lo hacían cuando no quedaba más remedio. Daba igual. Dereth sí descendía de las gentes de Puerto Encantado y se encargaría de salvarle sin decirle nada.
Más tranquilo respecto a ese asunto, su mente se centró en la segunda noticia del día. ¡Tenía otra hermana pequeña! Jaedyth Lass'Caut... Trató de imaginarla, sin mayor éxito. ¿Cómo sería una criatura mixta, humana y hada? ¿Tendría alas? ¿Pelo dorado o plateado? ¿Y los ojos, cómo serían sus ojos? ¿Mediría metro treinta, en el mejor de los casos, como decían que era la talla más alta de aquellas criaturas? Debería habérselo preguntado a su padre, pero en el momento no se le ocurrió.
Lo cierto era que no sabía mucho de las hadas, excepto lo que había aprendido de niño: que también eran conocidas como elfos y que vivían en armonía con la naturaleza en el Mundo Verde, lo que se consideraba la zona más mágica de todo Eeryoon. De aspecto eran delicadas. Algunas resultaban diminutas; sus ojos y cabellos solían ser de oro y plata, a veces combinados, siempre muy luminosos. La mayor parte tenía alas, si no se equivocaba. Quizá todos... ¿Las tendría su hermana? Sería curioso...
Casi sin darse cuenta, llegó al patio exterior este y se detuvo frente a las grandes puertas que conectaban Piedra de Reyes con la ciudad, por el barrio de los Plateros. Dereth consultó la hora en la torre del reloj, una reliquia de la parte más antigua del castillo. Por eso era de piedra gris oscuro y planta octogonal, a diferencia del resto, que eran de granito blanco, y cilíndricas, con tejados cónicos de un intenso azul real.
Las siete, casi en punto. Todavía quedaba un buen rato para la cena. Un paseo le vendría bien. Ya que estaba allí, podía ir hasta la platería de Roqqanon y comprarle a Arlettha una pulsera. Y a Jaedyth otra igual. Sería un bonito detalle, que cada una de sus hermanas tuviera la suya, eso las ayudaría a sentirse más unidas.
El problema sería hacérsela llegar, claro...
—¡Alteza! —oyó que le llamaban. Se volvió, miró hacia lo alto y vio que Aldric de Windmill estaba en una de las pasarelas que unían la muralla exterior con uno de los edificios de barracones militares. Le hizo un gesto, como para clavarle en el sitio—. ¡Alteza, esperad un momento, por favor!
«Maldición». Dereth no quería hablar con él. No era buen momento, y por muchas razones, la principal que, si el joven Aldric le preguntaba por su padre, el capitán de Windmill, no iba a saber qué decir. Dereth titubeó pero, claro, qué podía hacer, ya no podía simular no haberle visto... Asintió, indicando que le daría tiempo a bajar. Aldric echó a correr hacia la muralla y entró por la puerta de una de sus torres menores, buscando la escalera más cercana.
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En el palacio de la Reina de las Hadas (Princesa de Doreldei #1 - Serie Eeryoon)
FantasíaAldric de Windmill, es el hijo de un hombre caído en desgracia. A pesar de los terribles crímenes que se atribuyen a su padre, el rey ha decidido darle una oportunidad de redención, y le ha convertido en escudero de un importante caballero. Cuando...
