Prólogo

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Todo olía a sexo.

Ella se levantaba sin hacer ruido, con el cuerpo aún tibio y el aire espeso, cargado de una cercanía que no terminaba de romperse. Las sábanas, desordenadas, parecían guardar la memoria de sus movimientos, como si se negaran a soltarlos.

Todo estaba húmedo, vivo, reciente.
Como si la noche aún respirara entre sus piernas.

La luz caía sobre su piel sin pedir permiso, lenta, recorriéndola, dejando al descubierto lo suficiente para que el resto lo hiciera la imaginación.

La desnudez no era solo del cuerpo.

Encendía un cigarrillo, y el humo se mezclaba con ese olor íntimo que quedaba suspendido.

 En la habitación exisitia algo profundo, casi animal, imposible de nombrar sin traicionarlo.

Yo la miraba, todavía atrapado en el eco de sus manos, en la forma en que había estado rozándome los pensamientos. 

Nunca pregunté.

Cuando se iba, no se llevaba el silencio, dejaba algo más denso, más difícil de ignorar.

Y entonces escribía.
No para entenderla,
sino porque había partes de mí que ella despertaba,
y no sabía cómo volver a dormir.

***

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Cuídate, no violes las normas.

Me he enamorado de una puta #Wattysawards2019Stories to obsess over. Discover now