Este relato lo recolecté hace poco, entre fragmentos de periódicos, libros de historia, un par de películas infantiles y dos celulares perdidos en la selva.
¿Cuál selva? No recuerdo su nombre, tampoco si era selva; pero, estoy seguro que la conoces.
Gobernaba un león majestuoso y arrogante. Al rugir hacía callar hasta a las ranas y cotorras mensajeras.
Cada animal se inclinaba al verlo con temor a su fiereza; solo podía hablar aquel que se le otorgara el permiso real.
En una de sus caminatas, el león pasó frente a un pequeño pajarito:
-Hola señor león, un gusto saludarlo en esta bella mañana- Dijo sonriéndo.
-¡¿Qué?!- Dijo molesto el león.
-¿Qué que qué?- Respondió con curiosidad.
-¡Cómo osas hablarme sin mi permiso!-
El pajarillo lo vio extrañado:
-Si necesito permiso para hablarte, ¿cómo voy a pedirte permiso para hablarte?
Si no tengo permiso aún para hablarte, entonces necesitaría un permiso para pedirte permiso; pero tampoco podría pedirte ese permiso pues no puedo hablarte sin el permiso.-
¡El león rugió con vehemencia!
-Cállate e inclínate ante mí-
-¿Por qué debo inclinarme ante ti?-
-¡Pues soy el rey!-
-Oh, eso lo se gran rey, tu nombre se escucha más allá de las fronteras.-
-Entonces, ¿por qué no me tratas como tal?-
-Te trato con todo el respeto que un ser vivo merece, te trato como amigo, como al elefante, como a la culebra que me acecha o como a las hormigas trabajadoras.-
-¡Cállate e inclínate, o te comeré de un bocado pajarillo charlatán!-
-¿Por qué lo harías?-
-Soy el rey y hago lo que quiera, ¡puedo destruir todo si lo deseo!-
-Si destruyes todo, serás rey de nada, quedarás solo, con tu arrogancia inflada pero como un pobre león, hambriento, desprotegido y moribundo.-
Enfurecido el león se lanzó a morderlo. Rápidamente el pajarillo voló hacia la rama de un árbol.
-Que tengas un feliz día señor león, cuando se desinfle tu ego será un gusto llamarte rey y charlar nuevamente.-
-¡Te mataré, no eres nada!-
-En este momento solo soy un pajarillo que mira desde lo alto a una pobre bestia enferma por su ira y arrogancia. Cuando la enfermedad te consuma y no quede más que la tristeza, siempre me tendrás como amigo. Por hoy solo me voy a jugar.-
El rey de inmediato lanzó una proclama al reino, para que mataran al pajarillo charlatán.
Los feroces animales se lanzaron en su búsqueda. A pesar de que algunos eran grandes amigos del pajarillo, intentaron emboscarlo. Sin embargo, volvieron decepcionados.
Entre tantos animales, llegó el cocodrilo. Caminaba lenta y letalmente entre la corte del rey.
-El letal y determinado cocodrilo, ¡por fin veo en los ojos el honor!- Dijo el León regocijándose.- ¿Has matado al pajarillo?.-
El cocodrilo levantó su cara, con orgullo miró a los presentes y dijo:
-Como muchos de ustedes, el pajarillo era mi amigo. Una mañana abrí mis fauces y el entró en ellas, como siempre, para limpiar mis dientes. Que placentero es sentir su ayuda después de una buena comida.-
-¡Y entonces te lo tragaste de un mordisco!- Dijo el León entusiasmado.
El cocodrilo lo miró a los ojos como nunca se había atrevido a hacerlo, por primera vez se sentía digno y continuó:
-Al terminar su trabajo, le agradecí cortesmente y le dije: pajarillo el León me ha enviado a matarte; pero, eres un gran amigo, vuela, cuídate y no te fíes de nadie. Sonriente me respondió que estuviera tranquilo, ya los demás amigos le intentaron matar y tuvo que huir.
Entonces, ¿por qué te has fiado de mí?
A lo que contestó: no importa si alguien intenta hacerme daño, yo no dejaré la selva aunque el mundo se vuelva en mi contra, simplemente soy cuidadoso y me alejo cuando debo alejarme.-
El cocodrilo lanzó a todos los animales de la corte una fuerte mirada. Todos agacharon avergonzados sus cabezas y el dijo:
-Pajarillo merece más que todos los que estamos aquí; pero sabe que no lo necesita para ser feliz.-
Coco se alejó con imponencia... Mientras, el rey lanzaba blasfemias y maldiciones sobre él y todos los de la corte.
-¡Matadlo! a él y al pajarillo. ¡Matad a todos los cocodrilos! Deben aprender a obedecer al rey.-
Los animales se alejaron. El León había perdido sus cabales.
-¡Vuelvan insolentes! ¡Su rey se los ordena!-
Nadie miró hacia atrás mientras dejaban la sala real.
-¡No los necesito inútiles!- Continuaba gritando, no se sabe si con esperanza o para el creerse esa mentira.- Me iré a la montaña más alta. ¡Escucharán mi furia antes de despertar, en las noches recordaran mi poder al rugir!
Tal y como lo prometió, se fue a una cueva en lo alto de una montaña. Todas las mañanas, antes que el gallo despertara y antes de que la última ardilla cerrará sus ojos, los árboles temblaban ante el estrepitoso rugido del león.
El tiempo pasó y cada vez el rugido era menor, sin fuerzas ni tanto aire. Hasta que llegó el día que no se escuchó más.
Pajarillo se extrañó y decidió volar a la montaña, el viento era fuerte y helado; por lo que duró varios días en llegar. Se refugiaba entre las piedras y se alimentaba del escaso musgo que podía encontrar.
Al llegar a la cueva, vió la brazas de lo que pudiera haber sido una fogata.
-¿Señor León, se encuentra usted bien?-
Una voz débil y carraspeada, interrumpida por una fuerte tos seca respondió:
-Aléjate y déjame morir solo, ese es mi destino y castigo por mi arrogancia.-
Temblando de frío, se acercó al cuerpo casi esquelético, desgastado y con poco pelo causado por rascarse ante la urticaria que no podía resistir.
-Mirá lo que soy, lo que me convertí. Tu me lo dijiste pero hasta ahora entiendo el ser enfermo que era y soy.-
Pajarillo comenzó a encender de nuevo la fogata, buscar algo de agua y acomodar la cueva.
-Qué haces, no me humilles más y permíteme morir en este castigo por mis crímenes, no merezco tu lástima.-
-No se trata de lástima, no te tengo lástima.- Dijo el pajarillo sonriendo. - Antes ví una bestia inflada de ego, hoy veo un rey que aprendió de sus errores. Hoy veo un ser al que puedo ayudar, si me lo permite, claro está-
-No te negaré tu compañía pajarillo.- Respondió entre la tos- Ahora lo entiendo y me arrepiento a cada segundo de los actos que cometí.-
-Ok, pues ya te arrepentiste, ahora qué, ¿vas a morir por el arrepentimiento?-
-No hay nada que pueda hacer, el pasada ya es pasado.-
-Nadie puede cambiar el pasado.- Brincó en el lomo y comenzó a curar su comezón al león. -Pero puede crear su futuro al vivir un presente digno y recto. Morir, no solucionará nada. Vivir con una sonrisa y luz en el corazón, puede cambiar el mundo-
El león no tenía fuerzas para pensar más, solo se durmió al cuidado del pajarillo, quien lo acicalo, le alimentó y cuidó hasta el día en que de nuevo tenía las fuerzas y voluntad de volver a la selva.
Con el pajarillo en su cabeza, una sonrisa en su rostro, luz y humildad en su corazón bajaron de la montaña dispuestos a trabajar para hacer de la selva y sus residentes un lugar mejor.
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El pajarillo y el rey León
Short StoryEste relato lo recolecté hace poco, entre fragmentos de periódicos, libros de historia, un par de películas infantiles y dos celulares perdidos en la selva. ¿Cuál selva? No recuerdo su nombre, tampoco si era selva; pero, estoy seguro que la conoces...
