Fragmento Único

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Sobre un escritorio de madera caoba se encontraban aquellos objetos simbólicos de la simplicidad que los caracterizaban esencialmente, objetos que lo llamaban con una insistencia que parecía no tener un final escrito. Aquellos objetos que, a pesar de ser tan sencillos, podían desencadenar un gran cambio en el futuro, donde las grandes expectativas, las emociones jamás vividas y un sinfín de oportunidades nuevas tomarían el papel de protagonista.

“Haz de nosotros, una obra de arte, Son Gokū” susurraban en la infinidad de su mente, casi como si los objetos fueran personificados sólo para brindarle ese mensaje al saiyajin que se encontraba sentado frente al escritorio.

Gokū, por su parte, los observaba con cautela, temiendo que algo o alguien llegase a interrumpir aquél momento tan importante para él, porque muy dentro de su corazón, sabía que debía hacerlo sí o sí. No por nada había despertado esta mañana con una terrible sensación que no lo había dejado tranquilo durante toda la jornada. Y lo peor de todo, es que él sabía exactamente la razón de esa peculiar molestia.

Una nueva amenaza aparecería para acabar con la paz que reinaba en la Tierra.

Y ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces en las que el planeta había estado en peligro, porque si no fuera por poco, parecería que la Tierra era un buen lugar para desencadenar un sinfín de batallas y con todo tipo de luchadores.

O eso creía él.

Una fresca y relajante brisa se coló entre la habitación del saiyajin logrando interrumpirlo de sus pensamientos. Esa intromisión tan instantánea lo despertó de sus intranquilas cavilaciones que lo traían con la cabeza hecha un desastre. Y gracias a eso, pudo disminuir un poco aquella sensación tan nefasta que traía consigo desde que había despertado en la mañana. Sinceramente, necesitaba un descanso, ya que su mente no había dejado de darle vueltas al asunto que lo tenía ocupado desde primera hora.

—Esto no me está gustando nada... –susurró.

Por unos cortos segundos, Gokū borró todo pensamiento, toda reflexión acerca del destino de la Tierra para dejar su mente totalmente en blanco. Se había desconectado del mundo para dejarse llevar por esa simple y suave caricia que rozaba con suavidad los pómulos morenos de su rostro. Cerró sus ojos, queriendo sentir aquél tierno roce como si pudiera calmar esas tan intranquilas sensaciones que lo carcomían por dentro.

Pero en el fondo, sabía que eso jamás iba a ocurrir.

Tarde o temprano tenía que hacerlo, porque sabía -y era consciente- que luego terminaría por arrepentirse.

Suspiró con pesadez.

—Muy bien. Aquí vamos.

Con su mente cargada de una determinación inquebrantable, Gokū tomó el lápiz entre sus delgados y ágiles dedos para comenzar con esa tan esperada escritura.

*****

Lunes 20 de Agosto.
Montaña Paoz.

Querida Pan.

Recuerdo aquél día como si hubiera sido ayer. Tengo esos segundos, esos momentos plasmados en mi cabeza. Es como si el tiempo hubiese detenido su curso, para luego continuar con su camino de manera diferente.

Porque por el simple hecho de haberte escuchado llorar por primera vez, fue suficiente para mí.

Si supieras, si tan sólo conocieras la manera en la que me sentí ese día cuando te escuché, cuando te vi por primera vez, te hubieras reído de mí mientras me decías "¿Por qué exageras tanto, abuelito?". Y no, pequeña. No se trata de eso. Se trata de este vínculo, de este lazo que formamos la primera vez que nos vimos. Algo tan hermoso, tan puro, tan cálido y familiar. Y yo no sé, pero algo en mí cambió desde el día en el que naciste. Ya no era ese Goku que sólo se preocupaba de entrenar, entrenar y entrenar, sino que se trataba de alguien mucho más maduro. Un Goku que pasaba más tiempo en casa, en donde disfrutaba más de su familia, de Milk y de Goten, donde también aprendió a conocer mucho más a tu papá. Y créeme cuando te digo esto Pan...

He cometido tantos errores a lo largo de mi vida, y uno de ellos es el de no haberme preocupado un poco más de Gohan. Y aunque él diga que soy un buen padre, no lo soy.

Claro que no lo soy. No estuve cuando el más me necesitó. No disfrutó de su infancia por mis malditas ganas de que él fuera igual que yo, un guerrero que debía proteger a la Tierra cuando ya no estuviera en este mundo. Gohan jamás debió pelear contra Cell, y aunque confió plenamente en la decisión que yo había tomado, él jamás debió luchar contra ese androide, porque era sólo un niño.

Un pequeño niño que le suplicaba con la mirada a su padre la ayuda que tanto necesitó.

Si tan sólo supieras, Pan.

He cometido tantas faltas, tantos errores de los que ni siquiera me siento orgulloso. Y me avergüenzo, me avergüenzo tanto también de no poder haber estado con Milk durante su embarazo, cuando Goten abrió sus ojos por primera vez, o cuando le preguntaba a Milk sobre mí y por qué no estaba en casa...

Quisiera remediar tantas cosas, pequeña. Y gracias a ti podré hacerlo realidad, porque tu llegada a mi vida marcó un antes y un después. Me hiciste ver la situación desde la otra vereda. Porque fuiste tú aquella luz que llegó para iluminar mi camino, para decirme que estaba caminando por el sendero equivocado. Tú, con tu sonrisa y tus preciosos ojos que se achicaban cada vez que me veían, me convirtieron en una persona más cálida, más cariñosa.

Más humana.

¿Y sabes una cosa? Aquella inocencia que refleja tu rostro y esa esencia pura de humanidad, logró cautivarme en tan sólo unos segundos. Y créeme, no soy el único que se siente de la misma manera. Mr. Satán, Piccolo y tu papá, están igual de embobados que yo. Y sé que ellos vieron la misma luz que yo vi en ti...

Porque así como ellos te aman, yo te amo a ti.

Y de la misma forma como nosotros te amamos, tú tienes que amar a tu familia, a tus hijos, a todos. Asímismo, tienes que cuidar mucho a tu familia también, ¿sí? No te obsesiones tanto con los entrenamientos para que no cometas el mismo error que cometí yo. No seas como el idiota de tu abuelito.

¿Sabes algo? Yo no sé que habría pasado si no hubieras llegado a mi vida, y no quiero ni pensarlo tampoco.

Por esa misma razón, quiero aprovechar cada momento que pueda pasar con mi familia, quiero sentir cada milésima de segundo como si fuera el último de mis días solamente para verte crecer y poder disfrutarte un minuto más. Porque eres la alegría de mis días, la luz que me iluminó cuando más necesité de alguien y siempre te estaré agradecido de eso.

Mi pequeña Pan...

Puede que sientas miedo alguna vez, quizás te sientas triste o presientas que la vida se te escapa de las manos, pero nunca debes darte por vencida, porque aunque pasen años, siglos o milenios, yo siempre estaré cuidándote desde allá arriba...

Porque siempre serás la niña de mis ojos.

Te amo y te amaré siempre, pequeña.

Se despide,
tu abuelito, Son Gokū.

Querida Pan © ➵ Son GokūStories to obsess over. Discover now