11 de Julio, 2015
Llevaba 4 días intentando contactar con él. Pero sientí que soy invisible y que debía estar enfadado. Su madre no contestaba mis llamadas. E incluso fui a su casa, pero estaba vacía.
Fue culpa mía no insistir y dejarlo solo a pesar de que me gritara para estar solo. Fui ingenua al pensar que la soledad le dejarían pensar fríamente la situación.
Pensar mientras bagaba por la calle no fue lo más correcto, porque simpre causa inconvenientes. En el momento tropecé con alguien. Tuve que mirar de reojo para reconocerle.
Mi compañero de baile tenía la mirada más triste que alguna vez pude ver. Sus ojos estaban rojos e hinchados y su piel estaba más pálida de lo normal. Por sorpresa me abrazó desprevenida. Fue un abrazo fuerte y de consuelo.
Dejó salir algunos sollozos y se aferró más a mí. Quizás ni el escalofrío que recorrió por mi piel no me prepararía para tal noticia. Se separó de mi regazo y se limpió sin cuidado sus lágrimas. Para decirme que él estaba muerto.
«Hoy todo ha cambiado.
Mi cabeza apenas puede procesar lo que acaban de decirme.»
No puede estar muerto.
Un nudo en mi garganta nació para no dejarme. Mis piernas flaqueaban, mis lágrimas brotaban de mis ojos y mis manos se alzaban a mi boca para silenciar mis sollozos. Pero fue tarde. Caí en medio del asfalto mientras lloraba. Sé que mis lágrimas no lo ivan a revivir, pero no pude hacer más.
¿Por qué se fue?¿Por qué se suicidó?¿Por qué me ha dejado sola?¿Por qué después de hacer tantas promesas e imaginar un futuro juntos?
Todo se desvaneció y se convirtió en un gran vacío en mi ser. A penas pude pensar con claridad. Mi cabeza siguió enterrada en el suelo mientras seguía llorando tirada en el asfalto. Mientras él me levantaba y me abrazaba. De nada sirvió eso. Sé que él también estaba llorando. Pero no lo íbamos a revivir con nuestras lágrimas.
No podía ni hablar. Solo llorar y sollozar. Mi cabeza dolía, el cuerpo me empiezaba a temblarme y mi mirada perdió toda luz que pudo llegar a emitir en algún momento de mi vida. La oscuridad llenó todo mi ser inconscientemente.
Nada iba a ser como antes.
