Infancia

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Era una tierra lejana en donde habitaban los dragones mas poderosos en alguna de las montañas mas altas que ése sitio ancestral se encontraban, no cualquiera podía ir a visitar esos rumbos, no todos lograban soportar el ambiente, por lo que habían dos alternativas, una era estar en condiciones para soportar la misma presión del sitio que ejercía sobre el cuerpo, o la segunda que era nacer en ése sitio, lo que llevaba a que de por si, nacería con la capacidad de poder resistir a las contras de esos terrenos, o ser una cría enfermiza por las condiciones, pero a fin de cuentas, la ley que gobernaba en la tierra de guerreros era tan estricta como algo cruda, pero eso no le quitaba lo duro, todos eran pendientes de esa frase, la cual era "si eres fuerte vivirás, si no, mueres", la que era enseñada desde una temprana edad, ningún infante tenia una niñez pintada de color de Rosa, de pequeños les hacían parte de su mentalidad la supervivencia del mas fuerte.

Entre esas rocosas, elevadas como calurosas zonas, la población vivía. a su manera, pero lo hacia, tal como las cosas mencionadas con anterioridad lo proponían, entre esas diversas familias había una en especial, en la donde estaba el campeón de ése lugar, siendo el mas fuerte, el que los protegía a todos si algo malo pasaba, aunque cada quien se cuidaba por si solo, pero en casos extremos que eso no fuera posible, él tomaba el lugar de defensor de esa aldea, de habitantes guerreros.

A pesar de todo, el hombre no tenia hijos, poseía una esposa, tan fuerte como él, pero aunque quisieran un heredero de su sabiduría en el combate, el gran Arceus no les enviaba a un hijo, a pesar del tiempo que pasara nada ocurría, sus hermanos y hermanas ya tenían desde ya un tiempo sus propias crías, la pareja buscaba respuestas para lograr conseguir algún embarazo de la mujer, sus instintos hasta llegaban a ser en vano.

Nunca optaron por la adopción, puesto que querían a una criatura de su propia sangre, tan grande era su desesperación, como frustración por la no llegada de ningún hijo, que una noche estrellada la esposa del campeón del pueblo, miro por su ventana, esperando al paso de una estrella fugaz, paso en vela casi toda la madrugada, esperando el avista miento de aquella luz en movimiento, hasta que por fin la pudo ver la muchacha de cabellos Esmeralda, cerro sus ojos, juntando las manos, pidiendo a Hirachi un deseo, el de poder traer al mundo un niño, el que tanto deseaba con su marido, tan grande era el deseo de su corazón por ello, que de sus ojos como el rubí caían cristalinas lagrimas, tanto la mujer como el cielo estrellado, lloraron esa noche.

Fue así como unos meses después el deseo de la chica fue escuchado, dándole un sano varón de ojos como la Plata, sus padres estaban orgullosos, como felices de haber recibido un niño luego de tanto tiempo, había sido el ultimo de la familia que había nacido, por lo que para su mala fortuna, seria el mas pequeño en si, y no iría a la par con sus demás primos, cuando fuera su turno de entrenar para convertirse en un guerrero como el resto de esa comunidad, siendo el hijo del mas fuerte del sector, tenia todo un peso sobre sus hombros, para darle dignidad a sus padres cuando fuese mayor, pero por su lado la madre de la criatura, no le importaban mucho los entrenamientos planeados a futuro, ella quería crear a su hijo, aunque el padre no quería que lo malcriara consintiendo lo, debía ser como todo el resto, y aun mejor además, por ser su primogénito, ante ése hecho había un pequeño conflicto entre la pareja de que enseñanza darle al menor que apenas cumplía sus primeros años de vida.

La decisión final del matrimonio fue ganada por el padre, aquel fuerte hombre del cual todos estaban orgullosos en la comunidad, el niño seria criado a su manera por el día, y la madre podría estar con él en la noche, aquello tenia muy triste a la mujer, ya que, ella antes tenia el mismo pensamiento de su marido de guiar a su hijo en el camino del guerrero antes de que éste naciera, pero, cuando lo vio, tan pequeño y frágil cuando llego al mundo, su instinto maternal la había cegado, queriendo darle amor y afecto, no queriendo que fuera lastimado alguna vez en su vida, sabiendo que con las costumbres de donde vivían eso seria inevitable, pero a pesar de eso una parte de su corazón lo hubiese querido así, pero prefirió no alargar la pelea con su esposo, lo amaba, a ambos, y no quería causar conflicto, al menos, tendría a su pequeño con sus reglas en algunas horas del día, para ser lo que deseaba, una madre, la cual, siempre estaría agradecida con las estrellas por entregarle a su retoño, siendo cumplido su deseo.

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