Ella miraba la luz de la luna, con una mano reposando en el umbral de la ventana, y la otra abrazada fuertemente a sus delgadas piernas.
Sonreía dulcemente, con sus alargados cabellos púrpuras cubriendo sus mejillas, y una sonrisa ladeada, que se reflejaba en el cristal apañado.
Irradiaba una calma sobre natural, capaz de tranquilizar a cualquier individuo que estuviese a las cercanías.
Y un joven peli blanco quien residía a su lado no seria la excepción, pues inclusive en la completa penumbra, cuando no podía ver mas allá de su nariz, la fragancia atrapante de la Kirishima era suficiente para apaciguarlo.
"Perfecta" era el único termino con el que la describía, y aun con lo que el adjetivo conllevaba, le parecia que aun le era insuficiente, por lo que solía repetirlo bastante: Durante las noches, cuando la cabeza de la peli morada reposaba firmemente sobre su corazón latiente, durante el desayuno, cuando degustaban los platillos que tan celosamente preparaba para ella, eh inclusive, entre sueños.
Y aun así, no le complacía, las palabras jamas serian capaces de describir lo mucho que la amaba, lo mucho que representaba para él.
Solo pensaba en ella, desde que el ocaso se asomaba por encima de su pequeña casa, hasta que este se escondía por el lado contrario.
Se preguntaba si ella lo veía de la misma forma, si es que acaso sus sentimientos podían ser completamente recíprocos.
Pensamientos insanos le sofocaban a cada instante.
Pero cuando la besaba, cuando sus cuerpos desnudos se conectaban, sabia que todo estaría bien, mientras la tuviese cerca.
Porque ella le había dado algo que nadie mas en ese mundo enfermo había sido ni por asomo capaz de darle.
Un lugar al que pertenecer, un hogar al cual volver.
Podría perder sus extremidades, órganos, eh incluso sus recuerdos. Él sabia que nada de ello importaría siempre y cuando fuese capaz de regresar, regresar a ella.
Las estaciones morían una tras otra, pero su amor florecía con la caida de todas ellas.
Lo único que el impotente Ken era capaz de hacer a cambio, era postrar aquel incondicional afecto a través de sus pinturas eh ilustraciones.
Quizá no era capaz de darle riquezas, ni de bajarle las estrellas, pero siempre era capaz de ilustrarlo, y en el fondo, ese cálido sentimiento en su pecho, le dejaba saber que era suficiente. Pintar no era solo una expresión, era su pasión.
Y vaya que lo hacia a menudo.
El café humeante en las tardes ventosas de invierno, las flores que encontraban su auge en la primavera, y los campos verdes que parecían interminables durante el verano.
En cada ocasión, se aseguraba de que su inspiración lo acompañase, con la ligera cabeza de la joven reposando en su hombro, a veces, solían llegar a tal extremo de dormir plácidamente mientras la pintura se secaba lentamente en la acuarela frente a ellos.
Pese a que dichas piezas de arte le eran suficiente para mantenerse, jamas estaba satisfecho, sabia que su mas grande obra estaba lejos de finalizar.
El le había hecho una promesa inquebrantable bajo el cielo estrellado en aquella noche de septiembre. Mientras el canto de las luciérnagas sonaba a las afueras del lago.
"Prometo ilustrar un mundo perfecto, contigo en el medio"
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Smokin' Dreams (Touken AU)
Fanfiction"Prometo ilustrar un mundo perfecto, contigo en el medio"
