La puñalada por la espalda

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7 de Noviembre de 1933

Mi nombre es Hermann Müller, nací el 7 de Julio de 1912 en un pueblo llamado Bergkleist en las afueras de Münich, Oberbayern.

Mi padre, Heinz Müller, fue un herrero toda su vida, y trabajaba en el molino que teníamos cerca de casa, en el campo. Mi madre, Anneliese Hausser, ama de casa, nos crió a mí y a mis dos hermanos con una mezcla balanceada de amor y autoridad.

Eramos mi hermano mayor, Paul, que era de otro padre, y mi hermana, que acogió el nombre de mi madre.

No recuerdo casi a mi hermano; él cumplió 18 años el mismo día que estalló la gran guerra en 1914, y dos meses después se alistó en el ejercito y se dirigió al frente oriental. Para 1916 su división volvió a occidente y se alineó en el frente de Francia.

Paul era un soldado bastante destacado y agraciado entre sus compañeros... Lideró lo que habría sido una ofensiva casi perfecta al norte del río Somme, donde las líneas Francesas eran débiles.
Esto pudo haber significado una victoria que habría cambiado el curso de la historia; pero el día que se ejecutó el plan y la división de Paul junto con las de apoyo comenzaron la incursión, tropas anglo-francesas los estaban esperando, y con un movimiento de garfio aniquilaron a 3 divisiones completas, en una serie de emboscadas y ataques donde los ejércitos germanos menos se lo esperaban.

Mi hermano murió el 2 de Noviembre de 1916, cuando yo tenía 4 años. Dentro del grupo de mando en el que se promulgó el plan, se identificaron posteriormente 3 judíos, quienes en colaboración con los miembros del partido izquierdista de aquél tiempo, sirvieron como espías y pasaban información al bando aliado...

Esta es la anécdota de mi familia, que comprueba la gravedad de la puñalada por la espalda a la patria alemana, por parte de la izquierda y los judíos.
Todo se debió a que, si el ejercito alemán conseguía una victoria contundente en el río Somme, sería más posible que en consiguiente la consiguiera en Verdún, lo que supondría una derrota abismal para los aliados, y desbarataría el plan maquiavélico y los intereses judíos para la Alemania de post-guerra.

Desde la muerte de mi hermano, el primogenito de mi madre, y su más grande adoración, a manos de la traición judía, en nuestro hogar nació un resentimiento, bastante justificado a mi parecer, hacia este tipo de "personas", que luego no hizo más que acrecentarse cuando fuimos testigos de cómo nuestra patria cayó a pedazos poco a poco durante la república de Weimar, dirigida por judíos, donde en algún momento teníamos que caminar dos veces al día a la ciudad de Münich para poder recibir un plato de sopa de la ayuda humanitaria.

Todo se veía tan podrido, tan deteriorado, y el ciudadano alemán parecía perder la esperanza. Sin embargo, en la cima de la montaña de miseria se podía ver a los comerciantes judíos regocijándose, bien gordos, y suciamente prósperos. Como si estuvieran por fin disfrutando el pastel que durante tanto tiempo prepararon. Su plan fue todo un éxito.

El tratado de Versalles firmado en 1919 fue la peor vergüenza y deshonra para el pueblo alemán. Además de ser arrebatadas nuestras tierras y recursos, también nos fueron arrebatados nuestro honor y dignidad. Sin contar el quitarnos toda nube de esperanzas al imponernos una deuda que jamás podríamos pagar, por una guerra que, contrario a lo que pintan, ellos provocaron.

Hoy es 7 de noviembre de 1933, y este diario fue un regalo de mi madre, en el que escribiría ahora que me alistaré en el ejercito. Trataré de limitar este diario a los relatos más importantes de mi vida en la milicia.

Tengo grandes aspiraciones como militar, espero seguir el camino de mi hermano, y llegar bastante lejos. Estoy seguro de que cuando lo haga, más de uno se interesará en leer lo que ahora es un insignificante diario de un recluta de la Reichswehr con grandes sueños.

Mann Im KriegWhere stories live. Discover now