Ella tiene unas delicadas y pequeñas manos, que al dormir, se entrelazan los dedos colocándoles exactamente entre dos nudillos. También es cierto que las uñas no eran especialmente bonitas porque se las mordía, pero su media luna en el dedo pulgar hacía que me volviera loca.
Cuando las pone de forma cóncava, las arrugas se estiran dejando dibujadas infinitas líneas que sigo con la mirada. Siento que esas líneas perfilan mi cuerpo, lo esculpen a su gusto, modificando mis tallas porque, a ella nunca le gustaron los estereotipos.
Pero volviendo al tema, en la mano derecha tenía un lunar en el dedo anular pegado a la articulación en la primera falange. También tenía otro en el nudillo siguiendo al dedo índice. Era de color marrón claro y bastante circular, al igual el otro. Parecía que se los habían tatuado de los perfectos que eran.
En la mano izquierda tenía un par de arañazos de su gato y en uno de ellos aún no había cicatrizado y se veían rojizas marcas.
Me fijé mejor, vi, sutilmente, una cicatriz de un análisis de sangre y en la otra mano tenía otra de cuando se cayó en unas rocas.
Me gustaba todo de ella, sobre todo su carita.
