Alessandra

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Alessandra, recuerdo la primera vez que te ví, ese fue el primer día de clases del segundo año, pero yo era nueva en tu grupo, yo era una forastera.

Me acuerdo bien, por qué moría de miedo, esas chicas siempre fueron malas y me molestaron desde el día uno.

Apenas llevaba tres minutos en el salón y ya estaban hablando de mi como si tuviera tres cabezas, tuve que irme hasta atrás para no oir las más, pero fue entonces dónde te ví, eras la única chica en la parte de atrás, y parecías lejana a la importancia que le daban a los nuevos.Te veías tan tranquila acostada en la mesa de tu asiento, relajada, te envidie tanto en ese momento.

Tiempo después empezó la clase, así que al final me senté a tu lado, pues parecía ser que mi presencia no te importaba y yo era una cobarde que ya no quería oir más comentarios hirientes de esas bobas chicas que estaban al frente del salón.

El profesor habló preguntando por los nuevos, parecía que les había dado clases el año pasado y por eso sólo los nuevos sé presentarían, sólo nosotros, los nuevos.
El profesor fijo su mirada en mi para que fuera la primera en pasar, en ese instante casi muero de un infarto, de reojo pude ver que levantaste la mirada para poder ver quién sería el primero en ser sacrificado, entonces me viste y reíste, seguro fue por mi patética cara de horror.
Cómo pude logré pararme, todos pusieron sus miradas en mi, este era mi fin, no había nada peor para mí que estos momentos donde parecía que mi cuerpo sufría un colapso, pude ver cómo las chicas de hace un rato se susurraban cosas mientras pequeñas risas se escapaban de sus bocas.

Yo puedo, me arme de valor de algún modo.-M-mi nom-nombre es in-grid-Fallé, todos me miraban mientras intentaban contener sus risas, había tartamudeado tanto que seguramente no se me entendió nada. Me senté y fue bandera blanca para todos, pues empezaron a soltar sus risas, incluso pensé que tú debías estar riendo, pero cuando te miré ví que en vez de reírte te encontrabas escribiendo en una libreta.
Me miraste, sonreiste, y sin previo aviso te levantaste de tu asiento.

-¡Son unos insensatos! Se nota que les falta educación, por eso no los toleró- me defendiste, tú me ayudaste, entonces te sentaste de nuevo, me miraste, mientras yo seguía estupefacta. -Alessandra, mi nombre es Alessandra- nunca entendí por qué la razón de esa rara presentación, pero tampoco la cuestione, sin más sonreiste. Y en ese momentos me di cuenta que te respetaban, después de tus palabras frías y definidas las risas cesaron, el profe olvidó las presentaciones, y salió del salón.

-Gracias- susurré, tu solo me miraste y yo pude ver que en tu libreta, decía lo mismo que habías dicho, pero habían más palabras en ella de las que habían salido de tus labios.
Y lo supe, a ti no te gustaba mucho la gente y tú actitud relajada era más bien sensatez, era algo que no se veía muy seguido en una chica de secundaria pero tú poseías esa cualidad desde el primer día.

Descuida jamás olvidaré que ese día dejaste tu actitud arrogante para defender a una miedosa como yo. Por qué desde ese día te volviste mi primera amistad verdadera y no solo eso te encargaste de hacer que las personas dejarán de molestarme, me enseñaste a tener una voz, por mi hiciste una excepción con tu intolerancia hacia las personas.

Alessandra, si de algo estoy segura de ti, es que eres todo un enigma. Niegas ser una buena persona, pero inconscientemente haces actos tan buenos y sin esperar nada a cambió.
Eres tan divertida, aunque a veces no mides el daño de tus palabras, sé que muy en el fondo te esfuerzas por ser un poco más humana.



Amando la vidaWhere stories live. Discover now