Campo de batalla

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Lunes, 2:09 a.m.
Recargué mi arma, todo lo rápido que pude. No había tiempo. Si queríamos ganar, debíamos avanzar. Corrí hacia el escondite más próximo. Un enorme pedrusco. Estaba a 15 metros. Muy cerca. Por el camino, visualicé los cuerpos de mis compañeros caídos, junto con otros muchos de las Bestias. Aún no tenían nombre, pero eso no tardaría en cambiar. Estaba a 10 metros. Esquivé el cuerpo de mi comandante, inerte en el suelo. 5 metros. Advertí movimiento detrás de un árbol cercano. Uno de ellos había sobrevivido. Se levantó. Estaba de espaldas a mi, no me había visto. Al igual que siempre veía a esos bichos, me quedé paralizado. El mas minimo movimiento podía significar que se diera la vuelta y advirtiera mi presencia. Apunté con la mira.
¡Bum!
Disparo.
Directo a la cabeza.
Los sesos volaron, tintando el suelo cercano de rojo sangre.
Y la Bestia se desplomó en el suelo.
Llegué al refugio de el pedrusco. Por fin pude pararme a mirar a mi alrededor. Lo que vi me dejó horrorizado. No quedaba nadie de nuestro escuadrón, yo era el único superviviente. Y, en cambio, quedaban 3 de ellos en la zona mas alejada a mi fuerte. Uno contra tres. Habría que probar. Corrí. Directamente en su dirección. Ya daba todo igual.

Corrupted CellsWhere stories live. Discover now