Se escuchaba la melodía, las notas dulces, una música suave y dulce.
Al abrir las puertas, estaba él sentado enfrente de un piano negro, vestido de blanco y con los ojos cerrados.
Al abrirlos nuestros ojos se encontraron, y mis alegrías habían vuelto.
Nunca me había sentido tan feliz de volverlo a ver sentado en aquel piano.
