Oscuridad
Oscuridad
Aparqué el coche en el aparcamiento del hotel y me propuse repasar el plan.
Entramos al hotel, preguntamos por Amanda...
Unos golpes en la ventanilla me sacaron de mis pensamientos. El que supuse era un guardia de seguridad me hizo un gesto para que bajara la ventanilla, lo hice en seguida.
- Disculpe caballero, el lugar en el que se halla estacionado se encuentra reservado. - dijo con una cordialidad fingida.
- Lo sé, yo mismo lo reservé.
Él miró mi coche, un viejo ford fiesta rojo que parecía ir a desmoronarse en cualquier momento
- ¿Me permite entonces su identificación? - dijo denotando su duda respecto a mi reserva.
Saqué el carnet de conducir mirando cual era mi nombre esta vez, David Luque, y se lo entregué. El guardia miró mi carnet y una lista.
- Discúlpeme señor Luque. - dijo devolviéndome el carnet y levantando un sombrero invisible antes de alejarse hacia la puerta del hotel.
Salí del coche y seguí el mismo camino que el guardia, pasé por su lado, entre y vi una sala enteramente construida en mármol con columnas a los lados y al fondo un puesto de recepcionista de caoba, me acerqué a la recepción y toque un pequeño timbre, segundos después se acercaba una mujer vestida con un traje negro y una camisa blanca.
- Buenos días, ¿en que puedo ayudarle? - dijo sonriendo.
- Buenos días, había reservado una habitación.
- Su nombre por favor.
Me devané los sesos un segundo para recordarlo - David, David Luque. - dije al fin.
- Está bien, - se giró para coger una llave - su habitación es la 523, en la parte trasera del hotel, como pidió. - dijo cediéndome la llave.
- Por cierto, escogí este hotel para ver a una vieja amiga, ¿Amanda trabaja hoy?
- Si, ¿quiere que la envíe a su habitación?
- Sería excelente, envíela en unos minutos, dele cualquier excusa, me gustaría sorprenderla.
- Si señor, en seguida sube.
Me encaminé a mi habitación, una vez allí entré y dejé la puerta entreabierta. Observé una habitación con paredes blancas, algún que otro cuadro de flores y una cama con sabanas beige. Bajé las persianas y dejé apagadas las luces, de esta forma solo entraba un poco de luz por la puerta sin cerrar y esperé. No pasó mucho tiempo hasta que ella golpeó con suavidad la puerta.
- Pasa y cierra. - dije.
- ¿Quien eres? - dijo mientras cerraba la puerta y me daba la espalda.
- Seguro que me conoces.
- Debo suponer que eres Oscuridad.
- Al fin los medios hacen algo útil, ya todos saben de mi. ¿Sabes cuantas personas he tenido que matar? Y claro, había que dejar una marca, ¿que mejor que mi nuevo nombre con la sangre de mi víctima? - dije acercándome a su espalda.
- ¿Solo buscabas atención? Tienes un problema muy grave dentro de esa cabeza. - acaricié su hombro y su cuello con la yema de los dedos notando el agradable cosquilleo que esperaba.
- ¿Tú crees? - susurré en su oído.
Aunque aparentaba fuerza en sus palabras podía sentir el miedo en la adrenalina que recorría sus venas, era tan excitante...
Me relamí y solté un suave suspiro - ¿Cual es tu don? - dije con fuerza.
- Telequinesis - su voz no temblaba, era valiente y me encantaba.
- Veamos como lo haces. - dije con una sonrisa que mostraba mis colmillos.
Mi dedo índice se torno acero fino y alargado tomando una forma plana frente a su cuello. El corte fue limpio, su cabeza cayó al suelo justo antes de que su cuerpo se desplomase sobre mí, me aparté y lo dejé caer al suelo con un ruido sordo donde formo un pequeño charco de sangre. Una sonrisa macabra se mantenía en mi rostro mientras me acercaba a la cabeza y la abría en dos dejando una mitad de la nariz y un ojo en cada parte. Transformé mi mano en un recipiente en el que introduje las dos partes del cerebro y me arrodillé junto a la cama.
- Señor, hazme merecedor del don que voy a conseguir - recé en voz alta.
Ingerí el cerebro mordisco a mordisco y cuando lo acabé manché mis manos en la sangre del suelo y escribí mi nombre en la pared con ella:
oscuridad
Me alejé un par de pasos hacia la ventana y observé mi obra, tras eso continué mi camino a la ventana, la abrí y tras subir la persiana me subi al alfeizar y me deje caer un par de metros antes de comenzar a volar y perderme entre la nubes.
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Entre Fuego y Hielo
General FictionEn nuestro mundo hay personas con habilidades muy diferentes y otras con capacidades tan extrañas como puede ser cambiar de aspecto o introducirse en la mente de la gente, pero tambien hay gente con miedo a esa evolucion tan repentina que desea elim...
