Capítulo 1. Un dragón dormido.

415 14 12
                                        

Storybrook, sótano de la Biblioteca.


Todo estaba oscuro, un denso humo morado había invadido ese extraño lugar deshabitado, allí se encontraban los restos de lo que en su día fue parte de un reino mágico... el cual hasta hace poco era custodiado por la más feroz de las criaturas, un dragón con un corazón tan oscuro como la misma noche, hasta que fue derrotado por la salvadora, Emma Swan, hija de Blancanieves y heredera al trono que aún su madrastra intentaba recuperar. Las cenizas eran lo único que quedaba de aquella bestia después de haber librado una dura batalla.

Tras desaparecer el humo morado, entre los restos de aquel lugar se encontraba un cetro, tenía un misterioso orbe de cristal que comenzó a brillar con un color rojo intenso como si de las mismas llamas del infierno se tratase, las cenizas de la bestia comenzaron a brillar poco a poco y un denso tornado comenzó a formarse levantándolas y concentrándolas todas, el suelo comenzó a temblar, algunas rocas se desprendían debido a la tremenda sacudida, pasados unos minutos se detuvo el temblor y el tornado unido a las cenizas se deshizo en humo negro, que dejó tras de sí la figura de una mujer que vestía un hermoso traje negro de cuero que dejaba ver gran parte de su pecho, tenía un hermoso pelo rubio que le llegaba casi hasta la cintura, unos brillantes ojos azules, su piel era pálida como el hielo y tenía una hermosa sonrisa.

La mujer, un poco confusa, hizo un leve giro de muñeca que atrajo el cetro hacia ella, lo observó fijamente y una serie de flashback empezaron a mostrarse en su mente, entre ellos vio a una mujer vestida con un elegante vestido negro, ambas estaban en una habitación oscura, ella tenía una cola en su pelo negro adornado con una corona real, sus ojos eran castaños y sus labios rojos como el carmín, su nombre era Regina, comenzaron a discutir y ésta le robó el cetro para intentar derrotarla pero un pequeño saco impactó contra ella liberando unos polvos que la dejaron dormida, una vez despierta se encontraba en el mismo lugar de ahora, dándose cuenta así que esa sería su celda, cautivada a pasar allí el resto de sus días convertida en una feroz criatura.

Intentó encontrar alguna salida, algún modo de salir al exterior para vengarse de la mujer que le hizo eso, pero no tuvo éxito, su tamaño le impedía pasar por la mayoría de túneles que parecían los restos de unas minas abandonadas y escupir fuego a través de ellos no servía de mucho, por lo cual, decidió esperar junto a un ataúd de cristal con la esperanza de que alguien llegase a aquel lugar. Pasaron 28 años y la bestia estaba cautiva en un sueño mágico que le permitía ver el exterior, seguía cada paso que daba Regina, cada acción que realizaba, observaba... simplemente observaba.

Llegó el día en que un chico llamado Henry, el cual era el hijo adoptivo de Regina, descubrió un libro que hablaba de las antiguas minas de Storybrook, el dragón despertó y voló hasta uno de los pasillos y comenzó a escupir fuego, golpeó con sus garras y cola las paredes, sabía perfectamente que ese chico era muy curioso, si conseguía que se adentrase en las minas y que llegase hasta ella sería la excusa perfecta para reencontrarse con la mujer que la condenó a aquella vida.

El pasillo comenzó a derrumbarse provocando un violento terremoto haciendo que varias rocas se desprendiesen, la bestia volvió a su lugar de reposo para volver a observar si su plan había funcionado, por suerte para ella, los temblores atrajeron a una multitud de habitantes de aquel pueblo extrañados y asustados, Regina, la cual ejercía de alcaldesa, les informó que eran unas minas abandonadas y que era peligroso entrar en ellas, que se habría derrumbado uno de los pasillos y eso causó el terremoto y que no se preocupasen ya que procederían dentro de poco a sellar la entrada. A los pocos días, el chico estaba cabreado con su madre porque nadie le creía, él estaba convencido de que allí abajo había alguien, por eso su madre pretendía cerrar la entrada, así que cogió su mochila con varias provisiones de comida, una linterna y se adentró en las minas.

"¿Hay alguien ahí?" esa pequeña vocecilla resonó por todos los pasillos de las minas haciendo que la bestia volviese a hacer lo mismo de antes, debía sellar la entrada para que nadie pudiese entrar a rescatar al chico y así obligar a la alcaldesa a bajar por él, sin embargo, otro habitante consiguió entrar en las minas, mientras tanto el dragón buscó otro túnel para intentar localizar al chico y así capturarlo.

Escuchó su voz varias veces pero el eco le jugaba malas pasadas, lo que hacía que se enfureciera cada vez más, por suerte, encontró un muro con grietas del cual salía un pequeño rayo de luz y escuchó la voz del chico. "Mira! En el fondo brilla algo!", el ataúd de cristal brillaba por la luz de la linterna que llevaba el chico, pero estaban a punto de subir a uno de los ascensores, así que el dragón solo pudo observarlo unos minutos mientras ascendía junto al hombre en el ascensor, de repente, una gran explosión hizo temblar todo de nuevo, la bestia se alejó y varias rocas se desprendieron del techo dejando enterrado el hueco por el que los observaba, ya sin esperanzas y algo agotada, no le quedó más remedio que volver a descansar junto a aquel ataúd.

Terminadas las visiones la mujer respiró profundamente mientras sus ojos se volvían de color verde, "Regina..." dijo mientras comenzaba a reír desapareciendo entre las sombras de aquél lugar.

El retorno de la bruja.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora