-¡Martina despierta! – chilla alguien desde detrás de la puerta. – Martina, vamos a llegar tarde. – insiste.
Noto un peso en la cama mientras intento subir la sábana para taparme la cara.
-¡Espabila! – me chilla Daniela en la oreja y con un movimiento de cadera la tiro al suelo. – Joder, ¿Cómo puedes dormir tan tranquila? Yo estoy de los nervios. – dice aún en el suelo.
-Es que tu eres una histérica. – le contesto mientras intento abrir un ojo. Sabe de sobras que a mi hay que despertarme poco a poco y con cariño, pero por ser un día tan especial se lo dejo pasar. - ¿Qué hora es? – le pregunto a la vez que voy incorporándome.
-Las ocho menos diez, creo.
Le clavo la mirada y le tiro una antorcha mentalmente.
-No me mires así, hay que ir a por Oliver. – resoplo poniéndome en pie. – Anoche cené con Pablo y no te vas a creer lo que me dijo. – le hago un gesto con la cabeza para que prosiga con su drama mientras me lavo los dientes. – Me dijo que debíamos dejarlo por mi bien, que yo no podría soportar su ausencia. Imagínate mi cara, después de todo lo que hemos pasado estas últimas semanas y ahora me viene con esta tontería. ¿Te lo puedes creer?
-Vaya cabrón, te dije que intentaría deshacerse de ti, igual que ha hecho con todas las demás. ¿Qué le dijiste? – le pregunto a mi amiga mirándole a través del espejo del baño.
-Nada, me levanté y le tiré el plato de espaguetis por encima. – dice con media sonrisa.
Me giro hacia ella con cara sorpresa, le pongo la mano delante para que choque los cinco y nos echamos a reír. Me quedo tranquila al verla sonreír, aunque Pablo es un cabrón ella llevaba colada por el muchos años y no fue hasta hace unos meses que él le puso los ojos encima.
-¡A desayunar! – nos avisa Nona desde abajo. Y de seguida se escucha a mi hermano bajando a trompicones por las escaleras. – Ten cuidado Gonzalo, un día de estos te caerás. – replica.
Bajamos y antes de sentarnos en la mesa le doy un beso a tía Nona y choco los cinco con mi hermano.
-Joder, que hambre. – dice Daniela.
-¡Esa boca! – decimos los tres a la vez. Daniela se queda con la cuchara en la boca y con cara de susto de la impresión y nos echamos a reír.
El desayuno transcurre animado, un par de chistes por mi parte, un par de bromas por parte de Gonzalo y mi amiga deja la mesa hecha una porquería por reírse con la boca llena de café.
-Chicas. – dice mi tía al rato con la voz entrecortada, carraspea y prosigue. – Hoy empieza una nueva etapa en vuestras vidas y estoy segurísima de que os va a ir maravillosamente a las dos. Estoy muy orgullosa de vosotras, mis angelitos. – dice cogiéndonos de las manos. – Quiero que sepáis que este siempre será vuestro hogar y que os amo con toda la fuerza de mi corazón. Si algún día necesitáis un empujón, Gonzalo y yo estaremos aquí para vosotras. ¿Verdad que sí, cariño? – dice mirando a mi hermano.
El se levanta y corre a abrazarme mientras se le escapa alguna lágrima.
-Te echare de menos tata. – dice.
-Y yo a ti Goni.
Después de abrazarnos, besarnos y recoger alguna lágrima rebelde, nos metemos en el coche de Daniela rumbo a casa de Oliver.
Iba a echar en falta a mi pequeña familia, mi tía y mi hermano. Después de la muerte de papá, la señora que nos dio la vida se marchó para no volver y, aunque tenemos un par de tíos por el sur que no vemos ni en pintura, nos ha ido bastante bien. Nona nos ha dado todo lo que ha podido y muchísimo más, por eso la queremos como si fuera nuestra madre, Daniela incluida. Mi amiga que la considero mi hermana y parte de mi alma ha corrido una suerte parecida a la nuestra respecto a la familia y por eso pasa más tiempo en nuestra casa que en la suya.
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Los zapatos de Martina
RomanceMartina está cansada de caminar con zapatos que no son de su talla. En ocasiones camina con los zapatos de su hermano, pero son tan pequeños que no le entra ni la mitad del pie. Ocasionalmente camina con los zapatos de su madre, pero ya están viejos...
