Capítulo 1

36 3 1
                                        



Era una apacible tarde de abril, los rayos del sol se filtraban tímidamente a través de una cortina, adornada por bellos encajes, figuras de rosas y mariposas de diversos tamaños, una leve brisa con movimientos fútiles la hacía mecer, había un gran salón de color lila, con piso de mármol cuidadosamente acabado y un brillo especial, que reflejaba el contraste de un hermoso piano de cola Steinway.

Entro en aquel salón una figura humana, se trataba de Elizabeth que era una mujer de aproximadamente dieciséis años, tenía puesto un vestido impero de color azul celeste, que le cubría hasta un poco más abajo de las rodillas, realzaba su belleza con delicados encajes de figuras de rosas, que hacían juego con sus zapatos nude, su piel era blanca, su cabello castaño claro a la altura de los hombros y sus ojos verdes.

Se sentó frente aquel bello instrumento musical, trato de interpretar una pieza musical, pero no estaba perfectamente afinado, hizo un pequeño movimiento, comenzó a afinar el piano en la tonalidad La, realizo algunas pruebas pasando sus delicadas mano sobre una de las ochenta y ocho teclas que lo conformaban, hasta que satisfactoriamente obtuvo un resultado óptimo.

Volvió a ubicarse frente del piano de cola, tomo asiento y comenzó a interpretar una pieza musical, que tenía una rica escala de matices agudos y bajos, de pronto una disonancia abruptamente paro la interpretación.

Elizabeth rompió en llanto, delicadas lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas, alcanzaron a caer algunas sobre las teclas del piano, por lo cual paso un paño que tenía para apartarlas de allí.

Aquel piano de cola Steinway, había sido un regalo de su madre cuando contaba con tal solo ocho años, era su tesoro más valioso y nunca dejaría que nada malo le ocurriera, sin embargo su tristeza no radicaba en que algo hubiera ocurrido aquel instrumento musical.

Su madre llevaba seis meses postrada entre los lechos de su cama, inmersa en diversos medicamentos para tratar de contrarrestar su enfermedad, los médicos no daban algún tipo de esperanza alentadora, solo era cuestión de evitar que sintiera demasiado dolor y esperar el fatídico desenlace.

Su padre a raíz de esa situación cambio el estado de ánimo ya no sonreía como solía hacerlo, comenzó a ingerir alcohol más a menudo, descuido su empresa, permanecía al lado de su esposa día y noche, sosteniendo sus frágiles y pálidas manos, le hablaba pero nunca encontraba respuestas.

Elizabeth tomo su paño se limpió las lágrimas, se incorporó y salió de aquel gran salón, en dirección a la habitación de sus padres, cruzo por un pasillo extenso y amplio, que tenía las mismas características del lugar donde anteriormente se encontraba, en la pared se ubicaban bellas pinturas de paisajes.

Luego ascendió por una escalera que tenía como particularidad que sus escalones eran de color negro, una baranda del mismo color que servía de apoyo, se encontró con un pasillo más en el cual había fotografías de sus antepasados.

Ingreso al cuarto donde se hallaba usualmente su padre en compañía de su madre, observo la misma escena de todos los días no sucedía algo diferente, su madre seguía postrada en la cama.

- Hola padre- dijo Elizabeth.

- Mi querida hija, ven siéntate a mi lado- añadió su padre.

El padre de Elizabeth se llamaba Julián, tenía cuarenta años, poseía el cabello de color negro con un corte aceptable, ojos verdes con ojeras bastante pronunciadas, tenía barba en ese momento llevaba tiempo sin afeitarse, su piel era blanca.

Elizabeth alcanzo una silla anglosajona de roble de color negro, que tenía dibujadas bellas formas, la ubico cerca de la cama de su madre.

Allí yacía su querida madre Isabel, postrada inexpresiva, cumplió treinta y seis años sin darse cuenta por culpa de su enfermedad, anteriormente era una mujer bella, con un largo cabello de color castaño, radiante, piel blanca y ojos cafés claros, siempre sonreía y dispuesta a escuchar a su familia.

El músico de la muerteStories to obsess over. Discover now