Capítulo 1 | Un día cualquiera... ¿o no?

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Regresé directo a casa desde la escuela, miré dentro de la nevera y saqué un refractario con fresas que había dejado olvidado días atrás.

Podría hacerme una ensalada con esto... por aquí debo tener lechuga...
¡O-oh! Mis ojos se desviaron hasta la alacena, de donde se veía a través de la puerta mal cerrada, un frasco de deliciosa Nutella.

¡No, Camila! ¿Dónde está tu determinación por empezar a comer mejor?, ¿acaso no te cansas de siempre dejar todo para luego?

Cerré los ojos, inhalando y exhalando. La vida no era fácil.

Ya arriba, abrí mi vieja laptop. Había sido una buena compra en el mercado de pulgas, salvo por el "pequeño inconveniente" de que siempre se apagaba en momentos importantes. Pero, ¿qué le íbamos a hacer? Era la única que podía pagarse alguien como yo.

Mis padres habían muerto años atrás, y ahora vivía sola en un pequeño departamento al norte de la Ciudad. Pagaba mis gastos trabajando como editora en una pequeña revista que de vez en cuando leían un poco más de un puñado de personas, así que reducía gastos lo más que podía.

Abrí Facebook y miré las notificaciones. Varias publicaciones nuevas en los grupos que seguía, algunos likes, ningún mensaje y ninguna solicitud.

Enterré una fresa en el fondo del bote de Nutella, mientras abría Instagram.
Sí, como pueden ver, sucumbí ante el chocolate.

Ahí había más actividad, al menos, de las personas a las que seguía. La mayoría eran desconocidos. Escritores, músicos, y páginas de todo tipo. Aquí no tenía a nadie conocido, al menos, nadie que pudiera conocerme. Mi perfil era privado y jamás había subido una foto mía. Tomaba de todo lo que pudiera imaginar, y mi foto de perfil era el de la protagonista de mi serie favorita.

Me gustaba mi anonimato. Por eso, había abierto la cuenta con mi seudónimo de escritora. "Cam Parker".

Ya sé, no me quemé las pestañas para pensar en el nombre. De hecho, lo saqué de una página en Internet donde automáticamente te daba tu nombre random. Salió así a la primera cuando tecleé mi nombre incompleto y en el sexo escogí ambiguo. Me gustó, me hizo pensar en Peter Parker, escondiendo su identidad de super héroe mientras manejaba un perfil bajo. ¡Justo eso hago yo! Y me gusta, así nadie mete las narices donde no debe.

Apenas había visto unas cuantas cosas, cuando me saltó una sugerencia de seguimiento. Era el perfil de James D. un joven apuesto y de sonrisa perfecta. Hice click en seguida, olvidando que tenía los dedos  llenos de chocolate.

¡Mierda! Si hay algo que odio en la vida, es sentir mi teclado pegajoso o sucio.

Me levanté y dejé mi intento de almuerzo encima de un mueble y entré al baño para asearme las manos.
Al regresar, tomé el líquido para limpieza y la toallita que venía con este, y limpié a conciencia hasta que todo estuvo reluciente.

Ahora sí, estaba lista para saciar mi curiosidad.

James D.
Fotógrafo, viajero y espíritu libre.

Buena descripción, pero te faltó algo tipo: cara de ángel, sonrisa de concurso ¡y cuerpo de tentación!

Bastaba ver en sus muchas fotos, una que resaltaba de las demás. Un autorretrato donde estaba sentado en medio de un lugar desértico, con unos jeans dibujando perfectamente su redondo trasero y un suéter ligero que remarcaba su ancha y bien trabajada espalda. Y esa sonrisa... ¡esa maldita sonrisa...!

¡Oh, me ha hecho daño verme de corrido 13 reasons why! Ya perdí la cuenta de las veces que la he repetido desde que salió. Aunque , para ser sincera, me quedo con la primera temporada. Solo esa. En fin, ni yo soy Hannah Baker ni él es Justin Foley. Mi espíritu de escritora me hace recordar momentos claves, y esa frase quedaba perfecta aquí.

Sus fotos eran espectaculares, tenían una cosa inexplicable que te hacía querer guardarlas todas, para ponerlas de fondo de pantalla.

Espera, no confundas. Hablo de las fotos que tomó, de su trabajo, los paisajes y demás. No de sus lindos ojos claros con el sol reflejado en ellos. Ejem... aclarado el punto, sigamos.

¡Wow, más de 100 mil seguidores! Una nada despreciable cantidad, contra mi 10% de los suyos.

Pero bueno, ¡era lo más normal! Su trabajo era impecable, tenía tomas desde muchas partes del mundo, por lo que sus paisajes eran diversos y para todos los gustos. Y de vez en cuando, subía alguna foto suya en algún café de París o en una montaña en Perú, que subía los likes como espuma.

Sus fotos estaban llenas de comentarios positivos de sus colegas, felicitaciones de sus amigos, y obviamente, de chicas elogiándolo. Algunas eran más discretas y hacían referencia a las tomas. Otras, no disimulaban que sus panties se habían incendiado y necesitaban un cambio urgente.

También noté que él trataba de responder la mayor cantidad de ellos, siendo siempre agradable y sorteando muy bien a las chicas atrevidas.

Vi una foto que me llamó la atención en especial. En ella, se miraba un río en calma, y junto a la orilla había una fogata con algunos artículos para camping. ¡Me encantó! De inmediato cerré los ojos y me transporté a ese lugar, con una pequeña lámpara solar, mi laptop y una taza de café negro en un pocillo humeante. ¡Estaba lista para escribir una gran historia!

Di like y me entusiasmé tanto, que comenté: "¡Hermosa foto! Realmente me transportaste con los ojos cerrados a ese lugar, podía oler el café recién hecho, junto al sonido del río bajando hasta chocar contra las rocas junto a mi silla. Este sería el lugar perfecto para escribir una gran historia." ~enviar~

Iba a seguir viendo más, pero mi celular sonó y tuve que atender. Miré la pantalla y era Elizabeth, mi Jefa en la revista.

— Hola Eli, ¿cómo estás?—

—Muy bien, Camila. Disculpa que te moleste a esta hora, pero tengo un encargo para ti.—

—¿Un encargo?—

—Sí. Necesito un artículo nuevo para el próximo tiraje, ya sé que me diste dos por adelantado, pero el editor quiere algo más fresco.—

—¿Más fresco?, ¿acaso estamos en el mercado comprando pescado?—

—¡Jajaja, tú siempre con tu humor raro! —

En eso tiene razón, tengo un humor peculiar.

—Te explico. Como sabes, la portada va con este chico de moda.— Sí, el que no canta, brama, y además no sabe bailar, pensé.— Entonces queremos que sea un  especial, y tu artículo tiene que ir ad hoc con el tema, ¿me explico?—

—Sí, me queda claro. Pero de antemano te digo que no hablaré de él, buscaré algo que tenga que ver, pero no más.—

—Y me parece perfecto. Necesito un adelanto para el lunes, nos vemos aquí en la revista,
¿vale?—

—Vale, nos vemos entonces.—

Colgué y suspiré resignada. Ese era el precio por trabajar en una revista y no ser una escritora independiente. Al menos ayudaba a pagar las cuentas mientras terminaba la Universidad.

—¡Ahora toca ver sobre qué puedo hablar, que no sea directamente de ese puberto vanidoso!— me quejé en voz alta, solía hablar conmigo misma a falta de compañía.

Cerré la laptop, dejé el celular a un lado y me metí al baño. Tal vez una buena ducha me despejara la mente y me iluminara con una buena idea. O tal vez, resbalara con el piso mojado, cayéndome de nuca y librándome de la ridícula encomienda de mi editor.

Continuará...

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