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—Dime Beka, ¿te gustó?
Apenas le había dado un mordisco y sinceramente ya quería devolverlo, pero lo último que quería era decirle la verdad sobre su comida. Había visto la emoción en el rostro del Plisetsky al preguntarle.
Ahora entendía el porque del comentario de Nikolai Plisetsky al escuchar que Yuri cocinara para él.
«Colocó su mano en el hombro del kazajo —Otabek, espero que cuando vuelva sigas vivo —le hablo seriamente, le había extrañado el comentario. —Suerte muchacho...
Después de ello el Plisetsky mayor salió dejándolos solos, pero no sin antes de intentar convencer al menor de ayudarle a preparar los Pirozkhi, sin embargo se negó», tragó con esfuerzo la comida.
—T-te quedo bien Yuri —forzó su sonrisa.
—¿De verdad? —preguntó emocionado.
Asintió.
El Kazajo era algo quisquilloso al tratarse de comida, sin embargo Yuri era la excepción a esa regla.
Suspiró «Solo por ti, Yura», pensó antes de seguir comiendo.
—Te traeré algo de tomar para acompañar el Pirozkhi —avisó.
Lo vio desaparecer al entrar a la cocina. El Altin se recargo con ambos brazos en la mesa con la cabeza gacha, comenzó a toser por el mal sabor de boca, escuchó que alguien se aproximaba haciendo un esfuerzo para tomar su posición anterior.
—¿Éstas bien?, me pareció escuchar que tosias
—No es nada Yuri —negó haciendo un ademán con su mano mientras con la otra se tapaba la boca —Es que comí un poco más y me hizo atragantar —comenzó a enredar más la verdad.
El horrible sabor estaba en su paladar, en su vida había probado algo así.
—Debes tener cuidado —dejó el té sobre la mesa —Aquí tienes. Con esto te sentirás mejor —sonrió.
—Gracias Yura —agradeció tomando la taza de té.
Cuanta razón tenía, se sintió mucho mejor al beberla.
—Beka —llamó —¿Tienes hambre?
—Si, poco
No lo pensó dos veces creyendo que podían salir solos a comer algo más.
—¡Qué bueno que prepare más! —exclamó trayendo más pirozkhis de la cocina.
Otabek comenzó a sudar frío —¿Y-y tu comerás?
—No, estoy lleno. Mi abuelo me hizo comer mucho antes que le dijera que cocinaria para ti
—¡Qué mal! Después de todo te quedaron b-bien —mintió nuevamente dando otro mordisco y ahogando las muecas que luchaban por salir.
—No es por alardear pero quizás sea por mi genética
—¿Por tu genética?
—Así es —afirmó —, aunque es raro, usualmente cuando un Plisetsky cocina por primera vez es un desastre a pesar de la ayuda, quizás yo sea la excepción —se encogió de hombros —Es más mi abuelo le tomo una foto a mi mamá cuando cocinó por primera vez. Espera ahora lo traigo —. Se levantó en busca del recuerdo.
De la nada, el moreno comenzó a sentir un fuerte dolor. Abrazó su estómago en un intento de amortiguarlo, sin embargo...
Se desmayó.
—Mira aquí esta —agitó la foto en su mano, se detuvo al ver al kazajo desplomado encima de los Pirozkhis —¿Otabek?
Al parecer la maldición Plisetsky seguía funcionando.
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