Capitulo 1: No todo es color de rosas.

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Caminando con paso firme haciendo sonar sus tacones negros, avanzaba decidida ondeando su cola de cabello color café claro, yendo directa hacia el escritorio de una secretaria que mascaba escandalosamente un chicle y se limaba las uñas mientras hablaba por teléfono. El edificio estaba atestado de gente con traje, tanto hombre como mujeres caminando de aquí allá con asuntos importantes en mente.

Era el primer día de trabajo de Elena Alvarez y estaba dispuesta a dejar toda su piel (en el buen sentido de la palabra) por ser una de las mejores y destacadas del personal, aunque solo haya sido asignada para ser quien anotase los apuntes importantes de su jefe, un peculiar y destacado abogado de la ciudad. "Trabajo es trabajo, mijita", le había dicho su mamá, Penélope, para no desanimarla. Elena optó por aplicar para algunas plazas y justamente esa era la única que salió. 

Pero ese día no todo era color de rosas, parece que seguir el consejo de su abuelita de poner al San Antonio de cabeza no había servido del todo.

Primero: Al intentar hacerse el desayuno, la cafetera después de algunos golpecitos en la tapa no pensó que se dañaría (aunque era evidente que si), así qué no tuvo más remedio que pasar de camino al trabajo por el Starbucks que queda cerca de su departamento y pedir un café.

Segundo: El café que pidió, por alguna confusión de un empleado no era el que había pedido, pero estaba tan lleno el sitio que no tuvo más remedio que salir de ahí mismo antes de que la montaña de millennials adolescentes le cayeran encima.

Tercero: Estaba indignadísima de que alguien haya aparcado entre la zona de minusvalidos y una sitio medio vació en el cual su carro entraba perfectamente. Elena  esperaba encontrar una forma de quejarse ante una autoridad porque después de una revisión minuciosa del carro, no había ni una señal de que ese carro fuera para una persona con alguna discapacidad.

Y la lista podría hacerse más grande a lo largo del día pero tenía cosas más importantes que hacer.

Llegó ante el escritorio de la secretaria, retocándose un poco la chaqueta de su traje azul, el cual realzaba bastante su tez blanca, y acomodando sus lentes más de cerca. Miró atentamente a la secretaria.

-Disculpe, señorita. Alguien acaba de aparcar de muy mala forma entre una plaza vacía y el sitio de minusvalidos. Tuve que aparcar casi al lado del cubo de la basura.

La secretaria solo se limito a mirarla y ponerle los ojos en blanco. Dejó a un lado el teléfono y se dispuso a marcar a otro número.

-Digame su nombre, por favor.- Pregunto la secretaría con voz pesada.

-Elena Alvarez.- Contesto, aunque tuvo unos segundos para fijarse disimuladamente en el tremendo escote que traía la secretaria, esta se dio cuenta y Elena apartó rapidamente la mirada algo ruborizada.

La secretaria le dió unas indicaciones de que la estaban esperando en una de las oficinas.

Subió rápidamente por el ascensor, maldiciendo aún indignada,  la persona que había puesto el carro en medio de las dos plazas.

Al abrirse las puertas del ascensor no espero encontrarse con esa persona en especifico, pero ahí estaba alfrente de ella:

-¿Qué haces aquí?.- Dijeron los dos al unisono sorprendidos.

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