Capitulo 1: Vida y muerte.

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-"Eres un maldito incompetente, pedazo de basura. Tienes que aceptarlo, jamas vas a encontrarme"-

-"James, salva.. por.. fav..."-

-"Cállate perra!, no vez que quiero explicarle algo a tu esposo"-

El tipo enmascarado le pego una patada a mi esposa, la cual se encontraba amarrada a una silla. En ese momento, las botellas de whisky que tenia al lado mio volaron por toda mi casa, algunas incluso rompiéndose, y las dos únicas cosas que se escuchaban eran la cinta de vídeo y mi voz maldiciendo todo lo que había ocurrido hace aproximadamente 1 mes.

-"James, tu sabes como son las cosas en este oficio, solo tienes 2 meses para descubrir quien soy..."-

Todo ocurrió una mañana con clima nublado. Ese día  salí bastante temprano de mi trabajo, por que la verdad es que no teníamos trabajo que hacer, ademas, estaba bastante cansado y de mal humor, así que, fui a la oficina de mi jefe a pedirle que me dejara salir mas temprano ese día.

-"Jefe, la verdad es que estoy muy agotado, y tampoco estoy de humor para quedarme aquí en la oficina sin hacer nada, ¿me podría dar permiso para retirarme mas temprano hoy?"- Le dije esas palabras a mi jefe con un tono bastante agotado, e incluso un poco triste.

-"Bueno, si lo planteas de esa manera, te podría dejar ir, con la condición de que si llega a pasar algo vas a venir de inmediato"-

-"Por supuesto que si, mantendré mi celular prendido todo el día. Muchas gracias"- El celular... se me había olvidado que lo apague al salir de casa. El haber discutido con mi pareja esa mañana me había traído distraído todo el día.

Mientras iba a mitad de camino, prendí mi celular, al momento en el que saque un cigarrillo. Al revisar la pantalla de mi celular, me doy cuenta de que tenia doce llamadas perdidas de mi pareja, e inmediatamente me vuelve a llamar. No hice caso a la llamada, y procedí a prender mi cigarrillo. Me volvió a vibrar el celular, de nuevo omitir la llamada. A la tercera llamada decidí contestar, pero me corto de inmediato. -"Por Dios, ¿no paras de molestar a caso?"- Dije al aire sarcásticamente. Ya iba en la cuarta llamada, a la cual conteste inmediatamente.

-"¿Alo Rebecca?, ¿puedes dejar de llamarme por favor?, no estoy de humor para tus pendejadas"- Realmente estaba bastante enojado con ella, Me molesta un montón cuando hace estas cosas de niños para llamar la atención.

-"Ja...Ja... James! ay..a...y...u..."- Se corta en seco la llamada.

Bote el cigarro sin siquiera pensarlo, y me puse a correr hacia mi casa. -"Que no le pase nada, por favor que no le pase nada"- Repetía una y otra y otra y otra vez esa frase en mi cabeza. Estaba yo al frente de mi casa, observando ese pequeño espectáculo sacado de un film de terror. La puerta principal abierta, las luces apagadas, rastros de sangre en la entrada. Entre rápidamente a la casa, totalmente desarmado, desesperado buscando a Rebecca.-"Rebecca! Amor, Dime algo!"- No estaba en la casa, tampoco estaba su cadáver, así que me sentí un poco mas aliviado.

Al entrar a la habitación matrimonial, me percate de que encima de la cama había una carta puesta encima de una manera bastante sutil.

-"¿Quieres respuestas? Ven a buscarlas"- Abajo de aquella frase, se encontraba anotada una coordenada hacia algún lugar no tan lejano de nuestro pueblo.

una vez adentro de mi automóvil, llame al departamentos de detectives en el que trabajo para que fueran a analizar nuestra casa a ver si podían encontrar alguna pista sobre el secuestrador de mi pareja.

Llegue al lugar, era un campo completamente despejado, con una estructura en el centro, algo parecido a un pilar, con una gran manta negra cubriéndolo. Mientras me acercaba a la manta, podía notar como de la nada, comienza a llover, y con cada acercamiento, la lluvia se hacia mas intensa. Los pasos que daba se volvían lentos, eternos. Me estaba acercando a la realidad, una realidad que yo no quería conocer, ni siquiera ver, ni sentir, ni nada. Llegue al lugar, tire la manta, y me quede observando, solo, callado, tranquilo, la figura de mi mujer, completamente desnuda, amarrada en las muñecas y en los pies, con un tono de piel bastante pálido.

Me puse de rodillas, mire al cielo, y comencé a llorar. No podía escuchar nada, de un momento a otro el mundo dejo de funcionar para mi. lo único que sentía en ese momento eran como las gotas de lluvia golpeaban mi cara.

Cronicas de un detective parte 1: James SmithWhere stories live. Discover now