La malabarista

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Existio una vez una malabarista que viajaba en un circo. La malabarista más hermosa del mundo. Cuando el maestro de ceremonias anunciaba su acto, el mundo guardaba silencio loco. Salía con un traje azul lleno de lentejuelas que la hacían parecer que brillaba más que las estrellas.

Siempre salía en un monociclo, haciendo girar los bolos. Su rostro era una gran sonrisa que llegaba a corazones de niños y adultos por igual.

Giraba y giraba, bailando sobre si, los aplausos inflamaban su corazón, aún así no conseguían esos aplausos llenarlo.

Un día llegó un león viejo al circo, que no servía de mucho por qué además de estar sumamente desnutrido, no tenía dientes... El domador no veía riesgo en meter la cabeza en sus fauces, no brindaba espectaculo alguno. Así que el león siempre estaba añorando los aplausos y reflectores que alcanzaban a verse bajo el toldo.

La malabarista brillante de llamaba Shanti, su piel era como el chocolate y siempre al salir del escenario miraba de lejos al león que triste bostezaba en su jaula.

El león le devolvía la mirada y se enamoró del cabello de Shanti, giraba cada riso en torno al sol y coronaba cada rasgo de su belleza, aceleraba su corazón a tal grado que al verla intentaba rugir para llamar su atención, pero estaba ya su garganta tan seca que solo escupía un áspero sonido parecido al de una terrible tos seca.

—Pobre león, enamorado de la malabarista sonriente. —decía el elefante con una pata atada a la estaca del suelo.

—El amor es solo para los humanos, minino. —le decía el pequeño elefantito.

Un día Shanti ensayaba a las afueras de la jaula del león, entre piruetas y malabares, termino frente al rostro de gran felino.

—No eres peligroso, minino mío.

Con una carcajada en su corazón fue abriendo la jaula lentamente, así como el león con elegancia fue saliendo sin quitar los ojos de Shanti.

—Te llamaré Mishka.

Al recibir su nombre el león, los ojos brillaron en un abrazo con la vida. Hizo una reverencia ante la morena dorada para dar a entender que reconocía el nombre como suyo. Acaricio su pelo que distaba mucho ya de una melena y lanzando una carcajada al cielo decidió empezar a entrenarlo y regresarle el brillo a tan poco temible fiera.

—Vaya que pareces un gatito de trapo.

Tocó su nariz y le sonrió con sus fauces sin dientes a la mujer.

En la mente de Shanti brillaba la idea de presentar el mejor acto de su vida, de la cartita de Mishka.

El león acataba las enseñanzas de Shanti con habilidad humana, ella brincaba y giraba los bolos, usaba una gran pelota para Mishka y también su monociclo.

Finalmente el día llegó.

Shanti hizo un corbatín especial a su león que brillaba tanto como en esta ocasión traje negro de lentejuelas.

Las luces se apagaron. El maestro presentó a la brillante Shanti y el fabuloso León Mishka.

Se abrió el telón y con elegancia salieron a escena.

Shanti dió una reverencia con su amplia sonrisa al tiempo que el león se agachaba imitando el ademán.

Rodearon la arena del circo para saludar a todos los asistentes y comenzaron a lanzarse los bolos.

Shanti empezó a rodear a Mishka en su monociclo, el se sentaba en sus cuartos traseros realizando malabares con su nariz, las luces brillaban sobre los ojos de ambos, en ellos se reflejan la malabarista y su león sin perder el contacto visual.

Giraban los bolos, los reflectores, nacían cortinas de humo. Todos aplaudían... Shanti sonreía al león más que al público mismo, sus largas piernas pedaleando sin parar. Mishka sentía el júbilo en su corazón, corazón acelerado que subía a su garganta en forma de un gran rugido.

Sus fauces se abrieron inconsciente, dejando escapar el grito de vida, el rugido que lleno los corazones de los presentes de estupor. Al grado que las vibraciones en su garganta reventaron los reflectores quedando a oscuras todo el lugar a excepción del pequeño lugar donde figuraban Shanti y Mishka.

El miedo se expandió sin llegar al pánico, el tiempo se detuvo mientras la danza entre la malabarista y el León seguía.

Mishka se desvaneció, quedó en el suelo cual tapete persa.

Shanti, bajo de su monociclo preocupada que fuera la última función de su amigo. Buscando al león que con su rugido hiciera vibrar cada fibra de su corazón.

Regreso la luz en el circo y apagaron las máquinas de humo.

—¿Mishka? Amigo mío.

Shanti tocaba la piel del león que se antojaba ya sin vida. Buscando el corazón de su amigo añorando sentir vida en el. Tocaba las pieles del león, sintiendo al taco un bulto extraño que ya ni siquiera parecía un felino.

—¡Una mano! — Shanti retrocedió.

De la piel que se movía extrañamente se desenvolvía... ¡Un joven!

La mirada del león, las doradas pupilas de Mishka. Un león que no era león.

Era Mishka envuelto en pieles. Sonrió amplia a Shanti el joven de piel dorada.

—Al reconocer mi nombre, despertaste mi corazón, me llamaste con amor y despertaste mi mente. Al presentarme a ti acto,me reconociste como tú igual, como un ser vivo. Me diste humanidad en cada cosa que me enseñaste, me inspíraste a Vivir de nuevo.

Su piel brillaba como chocolate dorado, llevaba el corbatín negro de lentejuelas, vestía la piel del león que fue y su cabello se extendía en rastas hirsutas que semejaban la gran melena de León joven que un día fue.

—Gracias divina Shanti. Por liberarme de este hechizo.

La abrazo y el público estalló aclamando, gritando. Brillaban ante el público, se tomaron de la mano y con una gran reverencia dieron las gracias.

*****

Shanti y Mishka, son felices dueños de su vida viajando por el mundo en su circo mágico. Amando a sus seres, guiando los a la libertad del ser humano que brilla en sus ojos. Dando su espectáculo al final como los humanos hechizados del circo Luz de la vida.

La malabarista y el LeónStories to obsess over. Discover now