El miedo se apoderaba de ambas chicas que veían con miedo a aquella mole, quien demostrando aquella fuerza de mastodonte que poseía levantó a la más baja de ambas por el cuello de la camisa, la cual se deshilacho de alguna parte, pero ese era el menor de los problemas.
—Me dan grima par de subnormales— su asqueroso aliento dio en la cara de la chica que estaba a medio metro del piso, quien no evitó hacer una mueca por el olor fétido.
La de cabellos negros no se movía, no movió ni un músculo, no sabía si era miedo o sorpresa, pero de igual manera, alguna emoción parecida no la dejó moverse, viendo estupefacta como la pobre rubia iba a ser golpeada, y por fortuna o infortunio, su cerebro logró mandar la señal a sus cuerdas vocales y a sus labios para formular palabras que sonaron con más coraje del que en realidad tenía.
—¡Sueltala maldito gorila con down!— y ese poco valor se desvaneció cuando los fríos e irritados ojos de aquel tipo que tenía en el aire a la rubia se posaron sobre ella.
—Callate marica, y pensar que eres solamente otro desperdicio de buen cuerpo— la boca de la de cabellos negros se abrió, quería decir algo, pero el golpe que recibió la rubia la dejó quieta, hay dos tipos de impotencia, una cuando te hacen mierda a ti y no puedes hacer nada y la otra que suele molestar más, que es cuando le hacen cualquier cosa a alguien a quien quieres y sólo puedes quedarte viendo como si eso no estuviera mal.
La pelinegra sintió la segunda.
Y pudo haber pasado a peores, porque las probabilidades de que esa bestia las mandara al hospital eran altas, pero como si se tratara de un milagro o un cuento de hadas, alguien apareció, alguien que tenía más valor que cualquiera de los espectadores.
—Eh tu, si tu, mole descerebrada, ¿Porque no te metes con alguien que sea mínimo la mitad de lo que tú eres? Maricón—
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De letras y divagues
ParanormalAquí irá lo que salga de mis no depresivos pensamientos.
