CSDI (Centro de Selección, Descarte e Implementación)
2042
El niño miro hacia el techo, las luces increíblemente brillantes, las paredes blancas y el conducto de ventilación.
Odiaba esa maldita habitación. Y se odiaba a si mismo porque había dejado que lo quebrara.
El aislamiento estaba logrando hacerle perder la cabeza.
El único contacto humano que había tenido en meses, habían sido manos enguantadas palpando su cuerpo y sujetando sus brazos mientras le clavaban agujas en la piel. Y aquellos ojos casi muertos inspeccionándolo, increíblemente negros por encima de la mascarilla blanca que cubría su nariz y su boca.
La comida consistía en porciones de alimentos proteínicos en cantidad suficiente solo para hacer que no muriese por inanición. Y las duchas diarias eran frías y breves.
No tenia cama, o mantas. Había olvidado como se sentía el calor.
Había olvidado como se sentía reír, o como olía el perfume de su madre, o como se sentía la mano de su padre en su hombro.
Había olvidado su nombre.
Creía que era debido a las luces.
Hubiera soportado el hambre, el dolor, la soledad y el frio. Lo hizo.
Pero la luz era demasiada.
Parecia provenir de todos lados, como si hubiese focos debajo de la pintura blanca de las paredes.
La sentía sobre el incluso cuando cerraba los ojos, como si alguien estuviese observándolo y riéndose de el. De sus patéticos intentos de golpear las puertas o alejarse de las agujas.
La oscuridad parecia un sueño imposible.
Por eso, cuando las puertas se abrieron ese día, y los mismos hombres de siempre entraron trayendo una camilla con ellos, el supo que moriría, y no le importo. Porque la muerte, en su cabeza, significaba oscuridad, y seria un alivio caer en ella.
Sonrió mientras lo levantaban del suelo y lo recostaban sobre la dura y plastificada superficie de la camilla. Y siguió haciéndolo mientras le ataban las muñecas y los tobillos con gruesas correas de cuero.
Vio como colocaban una vía intravenosa en la parte interna de ambos codos, antes de darse vuelta y comenzar a murmurar entre ellos.
Era la primera vez que el niño los oía hablar, aunque no estaba seguro de poder clasificar ese zumbido confuso como palabras.
Se miro las muñecas, tan delgadas que las correas de cuero apenas si lograban ejercer la presión necesaria para retenerlo, y espero a sentir algo mas. Dolor, manos preparando su cuerpo para las inyecciones, el pinchazo frio de un bisturí. Lo que fuera. Esto tenia que terminarse. Quería que terminase.
Pero no sintió nada.
Los médicos continuaron de espaldas a el, y cuando el niño desvió la mirada hacia ellos, los vio sostener en alto una planilla, a una altura suficiente para que todos pudiesen leerla.
Sentía los parpados pesados, y la vista tan cansada como el cuerpo, pero se esforzó hasta que sus ojos distinguieron los caracteres mas grandes de la pagina.
Paciente 133
Grazer, Ian
El niño sintió como se le encogía el estomago.
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LOST
RandomWill reducira el mundo a cenizas para salvar a la persona que completa su alma. A quien no pudo salvar antes, y a quien lo salvo de si mismo. A la persona que representa la humanidad detro de el. Lexa quiere venganza, justicia, por los miles de m...
