Separe lentamente mis labios de los suyos. Adrien cogió aire, mientras yo respiraba con dificultad. Mire de reojo y vi que Scott ya no estaba. Espero que le haya dolido mucho. Volví a la vista a Adrien, que respiraba entrecortadamente.
–Creo que ya no tengo celos de que hables con tu amigo –murmuro, cogiendo más aire.
Que gracioso.. Le eche una mala mirada, y río. No creo que pueda llama ya “amigo” a Scott, me ha desilusionado mucho. Hace años que éramos amigos, pero parece que no han sido suficientes para conocerle. No volvería a ser su amiga ni a hablarle hasta que no me demostrara que no es un idiota o Annie me dijera que le ha pedido perdón.
–No te rías tanto –dije, tratando de no reír yo–. ¿Y dime a que ha venido el beso de antes?
Se echo a reír más fuerte y le pegue en el pecho.
–Es gracioso que me pidas explicaciones por algo que también has hecho tú.
En eso llevaba razón. Pero yo lo había hecho en un principio para molestar a Scott, aunque realmente también quería besarle, y volvería hacerlo sin cansarme.
–Sí, pero tú has sido el primero –repliqué.
Sonrió, tímidamente, agarrando mis manos.
–Entonces no lo volveré hacerlo –dio un beso en mi mano y empezó a caminar.
–¡Yo no he dicho eso! –grité, corriendo hasta su lado–. Solo quería saber porque lo habías hecho –le mire de reojo, y el hacía lo mismo.
Su sonrisa se alargo de oreja a oreja. Se veía tan hermoso cuando estaba tan feliz. Me alegraba saber que yo era el motivo de ello, y él el mío.
–Creo que sabes perfectamente el porqué.
Sí, supongo que sí. Pero me gustaría que lo afirmara para saber que no es mi imaginación. Aun no puedo creer que todo esté pasando, que sea cierto. Es como si en algún momento fuera a despertar de un sueño. Pero sabía que no lo era, sino Scott no sería un completo idiota. No pensaría en eso hoy, solo en Adrien. Habíamos quedado por la tarde, pero ahora que ya estaba aquí no quería esperar a la tarde para pasar más rato con él, con estar a su lado mi corazón iba tan rápido, tan emocionado, no podía controlar lo que sentía. Era una plenitud de felicidad que desearía sentir siempre.
–¿Quieres ir a desayunar? –preguntó de repente.
Caminamos unas calles hasta una cafetería. Nos sentamos en la terraza, mientras él se tomaba un café con leche, yo mordisqueaba un donut. Cada vez que me miraba me sonrojaba de inmediato. Debía parecer un tomate después de media hora bajo su mirada. Hablaba sin parar de cuando estudio en Princeton. Tenía tantas anécdotas que parecía no terminar nunca. Le escuche atentamente mientras se quejaba de cómo los profesores la tomaban con él. Decía que le tenían manía y por eso no conseguía aprobar. No creía eso, realmente siempre le gusto ser un rebelde en clase, estudiaba, sí, pero el comportamiento dejaba mucho que desear. Le gustaba hacerse el bromista con los profesores, y si podía hacer reír a toda la clase no perdía la oportunidad. Algunos profesores no se lo tomaban a mal en el instituto, pero la Universidad es diferente, hay que ser más maduro, y eso a él le cuesta.
Cuando al fin pareció que había terminado, sonó su teléfono. Se levanto, y se alejo unos metros para hablar. No deje de mirarle, daba vueltas mientras hablaba, nervioso. No quise pensar en que podría pasar, pero en mi mente solo aprecio una palabra. Droga. Así de nervioso se puso cuando supo que yo me había llevado su cocaína.
Sentí la vibración de mi móvil en el bolsillo. «¿Qué diablos le has dicho a Scott? ¿Annie?» escribió Jóel. Mierda. Que rápido había ido a contárselo. «Solo le he dicho la verdad.» contesté. En mi mente apareció la cara de sorpresa de Jóel y quise reír. «¿Segura?» me envió de vuelta. «Sí. Así que dile a tu amiguito que arregle esto o que se olvide de mí.» Metí el móvil de vuelta al bolsillo cuando Adrien se sentó de nuevo.
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True Love Sometimes Cries
Teen FictionKaya Monigan acaba de cumplir 17 y su vida sufrió un fuerte cambio por culpa de la enfermedad de su hermana pequeña. Pero no era el único que atravesaría. La vuelta de sus amigos de la infancia le hará recordar su amor por Adrien O'Donell. A pesar d...
