Resultó ser que Marcus era igual de divertido que el resto de los chicos. En ninguna de las fiestas anteriores había podido compartir con él algún momento por lo cual lo desconocía en esa faceta suya.
Estábamos sentados en el patio que daba a la alberca y él me estaba contando sobre un viaje que había realizado hace pocos meses a Canadá.
— ¿Hiciste eso, realmente? — Pregunté estupefacta.
—En realidad fue Phil el primero en bajarse los pantalones, yo lo seguí— Comenzamos a reír y mi estómago comenzó a doler. Hacía mucho tiempo no me reía de esa manera. Marcus era genial.
Desde donde estábamos podíamos escuchar la música que provenía desde adentro de la casa. Hacía un poco de frío por lo que los chicos prefirieron quedarse dentro. No me di cuenta cuando mis piernas comenzaron a temblar. De no ser porque había llevado mi chaqueta ahora mismo me estaría congelando.
— ¿Tienes frío? — Dijo colocando su mano por encima de mi rodilla. Su contacto fue cálido y suave.
—Un poco— Respondí. Estaba muy a gusto con su mano en mi pierna. Con la punta de sus dedos comenzó a trazar líneas hacía arriba de manera casual. Habíamos dejado de hablar, realmente no hacían falta las palabras. Conocía el lenguaje corporal masculino y sabía muy bien lo que estaba intentando decirme.
— ¿Oye, que te parece si vamos a mi casa y seguimos la fiesta allí, solos? — Dijo con su potente voz sin dejar de acariciar mi pierna. Cuando estaba a punto de responder la puerta que estaba detrás nuestro se abrió estrepitosamente dejando paso a Jane y Finn, aparecieron riendo y bastante pegados. Finn la estaba abrazando de la cintura y ella se sostenía de la cadera de él.
Los ojos de Finn vagaron desde la mano de Marcus, hasta mi rostro. La sonrisa que antes estaba en su rostro lo había abandonado por completo.
—Ohh chicos. Por lo que veo se están divirtiendo— Dijo Jane con la voz algo extraña. Arrastraba las palabras y parecía como si le costara formular la oración. Obviamente estaba más que ebria.
—Lo hacemos— Respondió Marcus bastante feliz. Finn no hablaba, solamente se dedicaba a mirar a Marcus con el ceño fruncido. — ¿Y qué dices, muñeca? ¿Vamos a casa? — Añadió Marcus volviendo su vista hacia mí.
—Ohh Finn, mira. ¡Se la va a tirar!— Chillo de manera estruendosa Jane sin dejar de reír. Joder, detestaba a los borrachos. La boca de Finn se curvó en una sonrisa ladeada, pero no se veía como las sonrisas típicas de él, se veía distinta.
—Pues no es muy diferente de lo que vamos a hacer tú y yo— Le dijo al oído aunque pude escuchar perfectamente y estoy segura de que Marcus también. Llevó su mano al trasero de Jane y le dio un apretón.
Las puntas de mis dedos comenzaron a picar y tuve la incesante necesidad de hacer algo con mis manos. Tal vez ahorcar a Finn o a Jane. Lo que estaba viendo era repugnante.
—Vamos, ahora— Le dije firme levantándome del sillón y tomando la mano de Marcus para salir de allí.
Estúpido Finnegan Harries.
Estaba con un rubio guapo y que prácticamente me estaba ofreciendo sexo. No iba a desperdiciar la oportunidad y Finn no iba a arruinar mi noche. Al diablo con él. Esa noche iba a disfrutar de la buena compañía masculina.
—Shai necesito que me vengas a buscar— Dije cuando contestó, hablando bajito y mirando hacia la cama donde se encontraba Marcus dormido. Desnudo.
— ¿Dónde estás? — Preguntó ella con voz adormilada. Probablemente la había despertado. Eran las diez de la mañana.
—En casa de Marcus— Respondí buscando mis zapatillas para intentar colocármelas. Oí la risa de Shai desde el otro lado del auricular.
—Veo que no te fue nada mal— Comentó riendo —Caspar me dirá donde queda, no te preocupes, en veinte minutos estoy ahí.
Esa era mi amiga. La mejor.
Colgué y guardé mi teléfono en el bolsillo de mi chaqueta. La noche había sido interesante y a decir verdad excitante. Marcus era un adonis, un Dios del sexo, un rubio con ideas increíbles a la hora de encontrarte en la habitación. Me lo había hecho contra la pared, en el escritorio y por último en la cama. No se podía negar, el muchacho sabía lo que hacía y también que era bueno en ello. Pero simplemente, no lo sé, no se sintió del todo bien. Quiero decir, que sí, se sintió BIEN pero el sentimiento de que no estaba haciendo lo correcto no se podía quitar de mi cabeza.
Comenzó a removerse en la cama y la poca sábana que cubría su parte baja se corrió dejando a la vista sus atributos. Me reí de solo recordar algunas cosas de la noche anterior pero aparté la vista rápidamente.
Decidí que mejor lo despertaba para que me abriera la puerta y poder despedirme de él. No iba a huir de allí sin siquiera avisarle. Me senté en el borde de la cama y comencé a moverlo suavemente.
—Marcus, despierta —Abrió sus ojos y se vieron espectaculares. Era demasiado guapo.
—Darcy ¿Qué pasa? ¿Qué hora es? — Dijo al tiempo que soltaba un bostezo y apoyaba el peso de su cuerpo en sus codos.
—Las diez. Shai viene por mí, necesito que abras la puerta— Le contesté.
— ¿Tan temprano te irás? Tenía pensado que podríamos desayunar juntos— Hizo un pequeño mohín con sus labios.
—Tengo que irme. No volví a casa y mi hermana debe de estar preocupada— Y no mentía. Aneth me había dejado tres mensajes y cinco llamadas. Solo había respondido a uno donde le decía que estaba todo bien.
—Promete que nos volveremos a ver— Dijo tomando un mechón de mi cabello y jugando con él. Ese gesto me hizo reír, me recordó a mi hermano mayor. Él siempre hacía eso cuando yo era una niña.
—De acuerdo, pero ya, vístete a menos que quieras que Shai te vea así— Señalé su cuerpo desnudo y una sonora carcajada salió desde lo más profundo de su garganta.
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Battlefield
Romance¿Por qué el amor siempre se siente como un campo de batalla? Darcy collins está a punto de conocer el borde del abismo. Pero tal vez no esté sola, tal vez hayan dos personas importantes en su vida que la ayudar a no caerse. Aunque esas mismas dos...
