Arte

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- ¿Qué rayos estás haciendo ahora? - largué un suspiro. A penas abrí mis ojos me topé con las piernas de mi hermana. Miré hacia arriba y ella estaba viéndome con una ceja elevada.
- Ya te dije que cada día a esta hora me gusta meditar. Me relaja. - Lara rodó sus ojos y se dirigió hacia la cocina, sin decir ni una palabra - deberías intentarlo - comenté al notar lo tensa que ella estaba.
- Y tú deberías intentar dejar de ser tan - hizo una pausa - ...mística - agregó haciendo comillas con sus dedos. Fruncí el ceño, me puse de pie y apagué el incienso de lavanda que había encendido quince minutos antes.
- Tus vibras negativas bloquean mis chakras - bromee. Una pequeña sonrisa se formó en el rostro de Lara.
- Tú bloqueas mis chakras desde que naciste. - reí - Ahora ayúdame a ordenar las compras - asentí con mi cabeza y enseguida ambas comenzamos a organizar todos los alimentos y productos en sus respectivos estantes y alacenas.
- ¿Cómo te fue hoy con tus pacientes? - pregunté a penas terminamos de ordenar y nos tumbamos sobre el sofá de la sala para ver una película.
- Igual que cada día... nada nuevo
- ¿Cómo soportas horas y horas escuchando sobre los problemas que tienen las personas? Con razón estás tan tensa y estresada todo el tiempo - Lara me arrojó un almohadón.
- Oye - se quejó - Me gusta escuchar a las personas y poder ayudarlas, supongo que son las dos razones principales por las cuales algunos escogemos ser psicólogos - sonreí.
- Eres una muy buena persona, Lara. Yo no podría hacerlo. A penas puedo con mis propios problemas, imagínate si tuviese que cargar con los de otros - ella rió.
- No todos estamos hechos para este tipo de trabajos, hermanita - largué un suspiro.
- Supongo que no... - respondí. Ambas nos quedamos en silencio durante unos cuantos minutos, reflexionando dentro de nuestras cabezas, observando con atención un punto fijo de la pantalla del televisor.
- Como sea, - comentó Lara por fin - pon una película y olvidémonos del día de hoy
- A sus órdenes, general - bromeé y comencé a buscar algún filme con un título y una descripción interesantes.
Al final no encontré nada, así que opté por seleccionar una película de Disney, y unas horas después, ambas nos quedamos profundamente dormidas.

Al día siguiente, mi mejor amiga -Luana-, me dijo que tenía una noticia para darme y me obligó a ir hasta su casa para contármela.
- Habla - le ordené a penas abrió la puerta. Luana sonrió, me tomo del brazo y me empujó hacia adentro de la casa.
- ¿Recuerdas que te dije que en dos semanas el taller de arte donde asisto expondrán nuestras obras en la galería de arte de la ciudad? - asentí con mi cabeza - Bien, pues resulta que habrá dos secciones; una de pintura y dibujo, y otra de fotografía
- ¿Y para qué me llamaste?
- Te llamé porque le enseñé algunas de tus fotografías a mi profesor de arte y me dijo que estaría encantado de invitarte a que expongas una de tus fotos en la galería - enseguida sentí como si mi corazón hubiese dejado de latir.
- Pero yo no asisto al taller - Luana se encogió de hombros.
- ¡Eso no importa! Es una invitación - enseguida largué un grito de emoción y comencé a saltar en frente de Luana. Ella reía.
- ¡No lo puedo creer! - exclamé - Todo el mundo asistirá a esa galería, quizás alguien me ofrezca trabajo como fotógrafa en una agencia de modelos o algo así - Luana volvió a encogerse de hombros - ¡Gracias, gracias, gracias! - me lancé sobre ella y la envolví en un fuerte abrazo.
- Pero hay una condición - agregó a penas la solté - La fotografía debe ser un desnudo, es el tema de las exposiciones
- ¿Un desnudo? No hay problema - sonreí - ¿Quieres ser mi modelo? - Luana negó con su cabeza.
- Ni loca. No tengo el cuerpo para eso. Pregúntale a Lara, ella sí que parece una modelo
- Pero odia las fotos - hice pucheros. - Pegaré papeles por la ciudad diciendo que busco una modelo para fotos de desnudos... Quizás alguien se ofrezca a hacerlo
- Esa es una increíble idea. Si quieres puedo hacerlos en mi computadora esta noche y puedo enviártelos mañana en la mañana
- Eso sería grandioso. Gracias Lua, de verdad - ella hizo un gesto con su mano, restándole importancia al asunto.
- No es nada, tonta. No debes agradecerme nada. Agradécete a ti misma, tienes mucho talento - reí.
- Gracias, Maika. Eres la mejor - comenté acariciando mi propio brazo. Luana lanzó una carcajada y enseguida me invitó a quedarme para hacerle compañía mientras terminaba las pinturas que le habían encargado los dueños de un nuevo café que abriría pronto en la ciudad. Ella era una gran artista, manejaba el pincel como nunca nadie había visto hacerlo. Sus obras eran delicadas y trabajaba siempre con unos colores que provocaban que sus pinturas se vean cálidas y delicadas. Sin duda, sus trabajos eran excelentes.

Maika Where stories live. Discover now