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Octavia

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No hace ni veinte minutos que entré a este maldito coche y ya me arrepiento. Siento que vamos a dos metros por hora. Me estoy agobiando, me estoy agobiando. Hace mucho calor. Siento que voy a vomitar. Analizo mis opciones:
Miro a la izquierda: una ventana cerrada que no me daría tiempo a abrir. (acabaría llena de vómito)
Miro a la derecha: ...
Demasiado tarde me he vomitado encima. Pienso en el lado bueno, nunca me gustó este vestido. Veo a mi madre por el espejo retrovisor. Balbucea unas palabras que no logro entender.

--Has vomitado?-- Pregunta como si no se oliese a mil kilómetros.

Me saca que quicio. No respondo. Aparca torpemente a un lado de la autopista, sin decir nada a nadie me bajo del coche y veo de reojo la mirada de desaprobación de mis padres. Lo único en lo que se han puesto de acuerdo mis padres en todo su matrimonio: lo aparentemente insufrible que soy.

Voy directa al maletero y cojo de mi maleta vieja y que apesta a esa dichosa marca de tabaco del que fuma mi padre, unos pantalones rotos negros. Vacilo un momento entre coger mi camiseta de ''The clash'' o ir solamente con el top lila que me llega sensualmente hasta las costillas. Veo los labios de mi padre diciéndome que me de prisa. No lo oigo pero es como si pudiera. Finalmente recuerdo que estoy con mis padres, que una vez en la residencia ya me pondré mona. Pillo la camiseta, los pantalones y un paquete de kleenex. Este día de mierda empieza bien, pienso.

Me quito el vestido, con la única ayuda de mis padres: sus bufidos de impaciencia. Me quedo en ropa interior, aunque solo sean unos segundos lo agradezco. Una leve brisa (aunque caliente) choca contra mi semidesnuda piel. Una vez llevo los pantalones oigo que un coche, conducido por un hombre de 40 y tantos seguramente, toca el claxon en honor, a lo que creo que son mis tetas. Genial. Mi hermana pequeña se ríe. Me acabo de vestir (ahora sí, como yo quería) y tiro el horrible vestido lleno de vómito al suelo de la autopista entre mi casa (la cual no veré hasta navidad) y la residencia de estudiantes del norte de California (la cual tendré que aguantar hasta navidad). Cierro la puerta de un portazo. Veo a mi madre echar lo que parecen mil kilos de perfume barato. Me pongo mis auriculares, y a lo largo de la segunda canción de Nirvana me quedo dormida.

High daysStories to obsess over. Discover now