Las luces y decoraciones de Navidad resplandecían iluminando con brillos de colores el centro de la ciudad, siendo junto con las farolas la única fuente de iluminación. El cielo estaba totalmente negro, como si fuera ya de madrugada, aunque solo eran unas tempranas seis y media.
«¡La Navidad es tan extremadamente comercial!», pensó un joven rubio, recorriendo sin rumbo las calles más transitadas de San Petesburgo. Guardaba sus manos en los bolsillos de su abrigo, cuya capucha cubría gran parte de su rostro. Solo se podía llegar a apreciar la blanca piel que rodeaba unos labios finos, agrietados y amoratados por el frío, de los que escapaban pequeñas nubes de vaho. Sin embargo, sus ojos turquesa, embellecidos por unas densas pestañas del mismo tono rubio que su cabello, estaban tapados por la parte de pelo de la capucha.
En su camino solo se cruzaba con parejas. Parejas de jóvenes, de mediana edad y de ancianos, y algunas con niños pequeños alborotando y corriendo. En cada portal no faltaban dos adolescentes abrazándose, compartiendo besos sin importarles en absoluto el frío. De alguna manera, esto irritaba en gran medida a Yuri, quien simplemente pasaba la Nochebuena como un día más. A fin de cuentas, aquella fiesta ni siquiera se celebraba en esas fechas hace un tiempo. Antes de su comercialización, el día que se festejaba era el 7 de enero, Papa Noel era conocido como Ded Moroz e incluso los villancicos eran sustituidos por cierta canción eslava llamada koliadki. No es que eso no se siguiera celebrando, sino que todas estas tradiciones parecían perder más y más valor cada año, lo que hacía al joven ruso temer la desaparición de lo que fueron unos grandes días de su infancia.
Mientras estos pensamientos invadían su mente, el joven vio a alguien detenerse frente a él. Hizo amago de apartarle, pero al apartar su flequillo y levantar la mirada, se cruzó con los ojos celestes de su más cercano amigo y compañero de profesión, Viktor Nikiforov.
—Felices vísperas, Yuri –le felicitó el adulto, con una leve sonrisa. Sus mejillas estaban coloradas por las temperaturas bajo cero, pero parecía soportarlo mejor que muchos otros.
—Feliz cumpleaños –respondió–. Aunque debería decírtelo más bien mañana, pero... No creo que nos veamos, ¿no?
Viktor pareció pensarlo unos segundos, y tras eso se encogió de hombros, dando a entender que la elección estaba en manos del menor.
—No he hecho planes, la verdad.
—¿Y qué haces por aquí? –Plisetsky buscó continuar con la conversación. Era posible que el otro estuviera de camino a una cita, o algo por el estilo, y descubrió que se sentía algo preocupado por la respuesta que recibiría.
—Nada especial. Me he contagiado un poco del espíritu navideño, y decidí salir a pasear, aunque... Tampoco es que pueda hacer otra cosa, sin nadie a mi lado. ¿Te aparecería hacer algo juntos?
Los ojos de Yuri parecieron iluminarse con la propuesta. Tal vez Viktor tuviera razón, y mereciera la pena festejar aquella noche. Asintió, y ambos se dirigieron al hogar del mayor.
Caminaban juntos, abriéndose paso entre la multitud. Cuando unos jóvenes pasaron a su lado empujándoles violentamente, Viktor tomó la mano del menor.
—Podrías perderte –se justificó. El otro resopló. Conocía esa calle desde siempre, y le fastidiaba que le tomasen como un niño pequeño. No obstante, tal vez por ser un día especial, decidió no rebatir al mayor en sus palabras, y simplemente aceptó que caminaran de la mano.
—¿Se te ocurre algo que podamos hacer? Estamos yendo hacia mi casa, pero tampoco es que haya gran cosa.
—Podríamos ver una peli. Y hacer algo para cenar, o pedir pizza... –enumeró el pequeño, contando con los dedos.
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Gingerbread; Vikturio
FanfictionLa historia de cómo una casita de jengibre se convirtió en una Nochebuena que siempre recordarían. 💜Vikturio💜
