Uno

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Miré aburrido a mis compañeros de clase. Claro, eran tan ingenuos que creían que era la persona más bondadosa de todas las que ellos conocían. Una de las chicas ―a decir verdad, no recordaba su nombre a pesar de llevar tres meses de clases― se me acercó con una gran sonrisa, ansiosa.

― Jiminnie, quería pedirte opinión acerca de este conjunto. ―Me mostró en su teléfono móvil una fotografía―. Me lo compré hace poco y quería saber si a alguien con tan buen gusto como tú le agradaba. ―Mentiras. Simplemente quería que alguien la halagase. ¿Y cómo sentirse lo más satisfecha posible? Claro, hablando con el chico más popular de la clase: típico.

― Es precioso, definitivamente. No te hace falta nada para resaltar más. Estarás perfecta el día que lo vistas ―contesté fingiendo una brillante sonrisa.

Realmente, el conjunto era hortera, y aunque ella sea bonita, no había combinado las prendas para nada bien y, si las personas que veían aquel conjunto no eran igual que yo, quedaría en ridículo. Poco me importaba eso. Detesto que me llamen "Jiminnie", sobre todo viniendo de una persona desconocida.

― Ahora que lo dices, quería preguntarte si te gustaría salir a tomar algo mañana por la tarde...

Rápidamente, dije la excusa creíble preparada―. Lo siento, justo ese día iba a ayudar a mi hermano pequeño con sus estudios. Tiene un examen importante dentro de poco y no quisiera dejarle solo, me gustaría apoyarle como es debido. ―Puse el rostro más serio posible y, ¡qué sorpresa!, me creyó.

― Se nota que eres un buen hermano mayor, cómo envidio a ese pequeño. ―Guiñó un ojo, a lo que yo sonreí levemente―. No te preocupes, otro día será. ―Me acarició el brazo, y gracias a mi gran autocontrol no la aparté de un manotazo. Después de esto, se marchó a su asiento.

― "Otro problema menos."

No tengo hermano, por lo que no iba a ayudar a nadie a estudiar. Y, gracias a esto, tampoco saldría con esa chica mañana: tarde libre.
No es la primera vez que me sucedía esto, es más, ya estoy acostumbrado. Tampoco me importaba. Halagador, pero inalcanzable. Como siempre.

A medida que se acercaba la hora de empezar la primera hora de clase ―tengo la mala manía desde siempre de llegar antes que nadie, así que cualquiera podía abordarme― fue entrando gente, evidentemente. Sin embargo, entró una chica que no me sonaba de nada. El nombre era normal que no lo supiera, pero la cara...esto era extraño.

Tenía un semblante desafiante, mostrando que no se sentía intimidada por nada ni nadie.
Se sentó en uno de los pupitres libres, en segunda fila, dos filas por delante de mí. Finalmente, entró la profesora, y comenzó a hablar apresuradamente.

― Por si no se han percatado, tenemos una compañera nueva. No viene de otra escuela, sino de otra clase. ¿Yon, no le importa que comente el motivo por el que está aquí?

La mencionada respondió rápidamente―. Adelante.

― Tuvo problemas con varios de sus antiguos compañeros, cosa que todos los profesores y el director esperamos que no se repita. Después de todo, tuvo dos semanas de expulsión para recapacitar.

Wow, ¿el director? Entonces no habrá hecho una broma de mal gusto.

A partir de aquí, las cuatro horas de clase antes del descanso transcurrieron con normalidad.

[...]

Cuando sonó el timbre que nos dejaba libres temporalmente, esperé a que todos salieran para empezar a recoger mis materiales lentamente.
Sin embargo, no fue posible como todos los días.

La chica llamada Yon estaba quieta casi igual que una estatua, como si estuviera esperando a que yo hiciera algún movimiento sospechoso.

― ¿Necesitas algo? ―pregunté, rompiendo el silencio y con un tono lo más amable posible.

Tardó un poco en responder. A decir verdad, no supe por qué―. Sí. Tengo curiosidad sobre algo. ―Acto seguido, ocupó rápidamente el pupitre delante de mí. Giró la silla, orientándola ahora hacia mí en vez de a la pizarra.

― ¿No te da vergüenza?

La miré, desconcertado. Una pregunta como esa la diría alguien ofuscado o indignado. Ella, sin embargo, tenía una sonrisa, y me observaba divertida. Creo que la sonrisa más grande que había visto en mi vida.

― ¿De qué debería avergonzarme, según tú? ―le respondí con otra pregunta, sin borrar mi sonrisa.

― De estar tan seguro de tus habilidades de mentir, y yo, conociéndote de pocas horas, tener la certeza de lo obvio que eres. O eres un creído, o estás demasiado acostumbrado a estar rodeado de gente estúpida e ignorante.

Me había dejado a cuadros. Mi sonrisa fingida había desaparecido, y ella en ningún momento había dejado de sonreír.

Pensé que eso sería lo único, pero no, continuó hablando―. Si piensas que voy a creer alguna palabra que digas, estás muy equivocado. Soy experta en descubrir a los mentirosos, y tú no eres la excepción.

Y se marchó, dejando en la clase un aroma a lilas.

Lengua del revés [Park Jimin]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora